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“Tres vacunas contra el coronavirus” por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona



La Palabra de Dios es remedio seguro ante cualquier necesidad y situación humana que nos toca afrontar. Volvemos a retomar las consideraciones hechas por el Centro de Orientación Familiar de la Diócesis de Palencia España, con su programa de ayuda psicológica, "mirar con otros ojos". En esta oportunidad quisiera retomar tres imágenes bíblicas que nos ayudan como vacuna segura contra el coronavirus.


 


La primera es bien conocida como "Pfizer, Moderna, Oxford y Pentecostés" (Juan 20,19-23), como la llama el psicólogo Pablo Canilla, nos refiere al libro de los Hechos de los Apóstoles, durante los primeros años del cristianismo aquellos hombres movidos por el miedo, la ansiedad y la angustia, vivían de puertas cerradas por miedo a los judíos. Pudiéramos hacer "una composición de lugar”, como lo enseña San Ignacio de Loyola, adentrar nuestros sentidos y contemplar con nuestros propios ojos aquella hora de tanta angustia y frustración.


 


También muchos de nosotros, al vernos sometidos por el confinamiento de la pandemia, hemos experimentado intensos niveles de ansiedad y malestar, desarrollando, en la medida que se prolonga la situación, el llamado "síndrome de la cabaña”. La cabaña es una metáfora del hogar entendido como lugar de seguridad y confort, mientras que el exterior se convierte en un espacio plagado de miedos e inseguridades.


 


Invade la prudencia o el miedo de encontrarnos con otras personas, el temor a contagiarnos o a contagiar a otros, el fastidio de retomar actividades cotidianas, la incertidumbre ante el futuro laboral y económico, el miedo de enfrentarnos a los conflictos personales. Ante esta cruda realidad se esfuerzan por desarrollar vacunas que puedan combatir la pandemia.


Hoy los cristianos contamos con una potente vacuna: Pentecostés. En el día de Pentecostés, los discípulos estaban como nosotros encerrados en casa y llenos de miedo. La presencia de Jesús resucitado, la paz que les trasmite y el aliento de su Espíritu, les anima y les infunde la seguridad y el valor suficientes para salir.


 


Al igual que ellos estamos urgidos de recibir una buena dosis de Espíritu Santo que nos haga inmunes al desaliento, a la desesperanza, a la cobardía, a la comodidad. Necesitamos un buen empujón del Espíritu Santo que nos saque del ensimismamiento y nos sitúe en el corazón del mundo. Y lo mejor es que contamos todos con la seguridad de su efectividad, casi todos los hombres y mujeres que han hecho uso de esta vacuna quedan inmunes a la pandemia del miedo y la derrota y se ven llenos de vida en abundancia, como un José Gregorio Hernández, que pasó por el mundo haciendo el bien.


 


La otra vacuna la encontramos en el libro de Josué en su capítulo de seis, la ha titulado el psicólogo Miguel Ruíz: "Derribando resistencias como en Jericó", se refiere a aquel relato de aquella ciudad sitiada por unas murallas, nadie podía entrar ni salir. La única forma de derribarlas fue gracias a la iniciativa tomada por Dios, al pedir a sus sacerdotes que tocaron trompetas a su alrededor durante siete días: “(…) cuando oigas el sonido de la trompa, todo el ejército lanzará el alarido de guerra; se desplomarán las murallas de la ciudad, y cada uno la asaltará desde su puesto". Nos refiere.


 


Las cosas más importantes de la vida, como las murallas de Jericó, se alcanzan y se afrontan no empujando y poniendo empeño directo en ellas, sino más bien, dando vueltas a su alrededor; es decir, ocupándose de otras cosas que aparentemente no tienen nada que ver con el problema puntual y que invitan a entrar en un espacio más grande, diferente, lleno de esperanza.


 


Algunos han encontrado en estos meses murallas más altas que las que se levantaban alrededor de Jericó. Aunque si hacemos caso a los arqueólogos, dichas murallas son más bien simbólicas porque cuando llegaron los israelitas a Jericó esas murallas ya no existían. Quizá también nuestras murallas son imaginarias: Son esas resistencias personales hechas a base de miedo a asumir riesgos a un nuevo estilo de vida que nos impone la pandemia, miedo a romper nidos, falsas seguridades y hacer las cosas de diferente forma, pereza para aprender a utilizar nuevas tecnologías, inseguridad, falta de autoestima, entre otras tantas murallas que sólo existen en nuestra mente.


 


Llama la atención del texto que es todo el pueblo de Israel el que, organizado en distintas tareas, da vueltas alrededor del problema hasta que las murallas desaparecen. También nosotros, como Iglesia, necesitamos hablar, escucharnos, discernir, reunirnos, aprender unos de otros, confiar en los expertos en diferentes campos, para ayudarnos unos a otros a vencer estas resistencias.


 


Por último, la vacuna llamada por la psicóloga Judith González "Calmar tempestades”, a partir del evangelio de Mateo (8, 23-26), da cuentas de la experiencia de los discípulos ante una gran tempestad subidos en la barca, en medio de las olas que los estremecía llenos de estupor. Mientras Jesús dormía (...) "se acercaron y lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Él les dice: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma (...)"


 


Durante largo tiempo, hemos estado sometidos a las inclemencias de diferentes tormentas: La avalancha de la situación país, el temporal de noticias falsas o manipuladas, el tsunami de enfrentamientos políticos, el alud de mensajes tergiversados y recibidos a través de las redes sociales y sistemas de mensajería instantánea, entre otras tantas tormentas de los últimos tiempos.


 


Mucha gente, por estar tan híper conectada a la tormenta informativa y no protegerse adecuadamente con el paraguas de la desconexión, se han sentido irritables, han tenido dificultades con el sueño, han desarrollado desconfianza hacia todo lo público y a todos los medios de comunicación, sintiéndose abrumados y desconcertados.


 


Igual que Jesús aparece en la escena transmitiendo serenidad a sus discípulos en medio de la tempestad, cuando parece que todo se tambalea y la barca de la vida zozobra y está a punto de volcar, también nosotros necesitamos serenarnos ante el diluvio de informaciones recibidas a diario.


 


En vez de recibir de forma acrítica y pasiva las noticias que llegan a través de los distintos medios, podemos, desde la serenidad y el sentido crítico que Jesús nos propone, escoger aquellos que ofrezcan una información contrastada y utilizarlos en su justa medida evitando un uso obsesivo y angustioso.


 


Nuestra propuesta es ponernos las lentes de la Palabra de Dios para contemplar la realidad de la salud psicológica en tiempos de pandemia con otra mirada.


 


Experimentar la ansiedad de forma positiva como una señal que nos transmite una información valiosa que nos remite al misterio de la vida.


 


Zambullirnos en nuestra interioridad para renovar y recrear la vida y salir al encuentro del hermano.


 


Vacunarnos del entusiasmo y la energía que nos transmite el Espíritu Santo.


Dialogar y trabajar en equipo para vencer resistencias.


 


Protegernos de las tormentas informativas bajo el paraguas de la serenidad que nos propone Jesús en el Evangelio. 


 


Quiera Dios tengamos toda la oportunidad de vacunarnos con esta antigua y novedosa medicina que ha venido para que tengamos vida en abundancia y tiene un nombre que significa salvación: Jesucristo Resucitado.


 


Mérida, 24 de enero de 2021.






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