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¿Y ahora qué? por Antonio José Monagas

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Antonio José Monagas



¿Y ahora qué?Es la pregunta que a muchos inquieta. Su respuesta, involucra tantas variables como ámbitos políticos, económicos, sociales o culturales, configuran las realidades. Sobre todo, a consecuencia del nuevo año que, de facto, comenzó a correr. Y apurado.


 


La interrogante de entrada, constituye un problema acogido debajo del concepto de “incertidumbre”. Ante la pregunta ¿y ahora qué?, queda al descubierto la incertidumbre acechando todo cuanto puede. Su razón etimológica, implica el desconocimiento que se tiene sobre el futuro toda vez que se abalanza sobre lo que viene para un nuevo trazo de tiempo.


 


En lo específico, no es posible conocer la probabilidad de ocurrencias de eventos que pueden presentarse en el tiempo inmediato o siguiente. Aunque pudieran esbozarse conjeturas. Pero sin que las mismas comprometan la previsibilidad exacta de los hechos a ocurrir.


 


La teoría de planificación, intenta resolver esos problemas. Sin embargo, aclara que deben distinguirse problemas bien estructurados, de problemas no-bien estructurados. Luego de superar esa diferencia, propone algunas soluciones. Pero siempre, desde distintas perspectivas situacionales. Lo contrario sería caer en el oficio del timador que juega a ser un vulgar “pronosticador de coyunturas”.


 


Lidiar con la incertidumbre aunque esté mal definida, es lo que más puede acercar una conjetura a una postura algo próxima a una realidad posible. Aún así, es un atrevimiento que podría resultar oneroso. O ser costoso en algún o en todo sentido.  Sin embargo, la política no escarmienta ni tampoco escatima esfuerzos al momento de apostar a responder preguntas como la que esta disertación busca analizar. ¿Y ahora qué? 


 


La política es tan osada, que se lanza a “lo loco” a una carrera. Sólo para convencer a quienes se prestan a entrar o caer en su juego. Lo hace con el mayor descaro que las circunstancias permiten. Sin medir consecuencia alguna. Más aún, con una actitud presumida. Al margen de la desvergüenza ante la pretensión asumida. Quizás, fue la razón que llevó al actor y cómico estadounidense, Groucho Marx, a decir que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios más equivocados”


 


¿Y ahora qué?Es la pregunta que muchos venezolanos, a sabiendas de las amenazas, peligros y problemas en ciernes, se hacen. Sin que nadie pueda responderla. Sin embargo, nadie duda de que la política es osada. Más, cuando a decir del léxico ordinario, la desinformación es el mejor caldo de cultivo para fecundar realidades. O sea, para preñarlas de presunciones, exageraciones, ambigüedades o tribulaciones. Y que después se acojan a cualquier desparpajo emitido. 


 


Tal vez, así puede sopesar, calibrar  o pulsar el ambiente político imperante. Y por tanto, sembrar la trampa calculada. Incluso, tantear la ingenuidad de ilusos prosélitos, para que luego se arrastren hasta la orilla del despeñadero. A riesgo de sucumbir por la caída.


 


Lo arriba referido, no es óbice para suponer que, en efecto, la vida política, social y económica en Venezuela, no será igual en este nuevo lapso. Podría menguar más aún. Arreciar. O quizás, mejorar. Aunque como pregona el saber popular: “Todo depende del color cristal con que se mire”.


 


En todo caso, no es inmoderado decir que la Consulta Popular, efectuada en diciembre de 2020, entendida como “medio de protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía(…)” abrió un compás de deducciones con una fuerza narrativa capaz de despejar caminos conducentes a forjar decisiones fundamentales en lo que concierne al ordenamiento jurídico nacional. (Y ojalá sea así, a pesar que los tiros van por otro lado)


 


Respecto de lo que es posible inferir de eso, luce indiscutible negar importancia al hecho cuantitativo que significó tan reconocido acaecimiento político. Tanto como por su  condición jurídica, dado el carácter vinculante que la Constitución le otorga a ese tipo de eventos. Aunque cabe decir que desde el punto de vista cuantitativo, dicho evento superó las expectativas. Asimismo, hizo ver el calado de la sociedad democrática que impugna la actual situación político-económica que tiene atascado el desarrollo nacional. 


 


Aunque resulta algo forzado cotejar estos resultados con la situación que el régimen estableció al imponer elecciones parlamentarias el 6-D, ese evento sirve para inferir lo que pudiera dar algunas respuestas a la pregunta que intitula esta disertación:¿Y ahora qué?Por demás, muchas respuestas han sido cuestionadas. Así como poco o nada creíbles.


 


Y es que si bien se sabe que la idea que animó la ejecución de tan fraudulento evento comicial, fue la reconquista de los escaños de la Asamblea Nacional por el oficialismo, su realidad permite nuevamente reconocer el talante represivo que caracteriza al régimen cuando quiere tomar para sí cualquier instancia pública que considere necesaria y conveniente a sus intereses.


 


¿Y ahora qué? A decir de por dónde viene o han ido las tendencias, es posible que algunas conjeturas se atasquen en los predios de la incertidumbre. Habida cuenta, el régimen no ha dejado de funcionar sin olvidar que su gestión política la ha apuntalado detonando dignidades y principios. Siempre, a punta de arreglos de toda calaña y cuantía.  


 


Y aunque en el fondo de la pregunta ¿Y ahora qué? rondan secuelas de la incertidumbre, el desconocimiento de situaciones conexas o de información veraz, sus posibles respuestas no dejarán de inquietar. Particularmente, a venezolanos que mantengan, entre sus prioridades, el propósito de prestar la posible colaboración a la tarea de hacer que Venezuela recupere la democracia sobre la que traza sus hipótesis la teoría política. Tanto como del país con el cual sueñan tantos venezolanos que bien merecen vivir bajo las libertades por las que precursores y libertadores, lucharon y regaron su sangre. 


 


Así que ante la falta de certeza sobre las realidades próximas, o de eventos que habrán de cabalgar sobre un conocimiento cierto en torno a los tiempos que pesan en el futuro inmediato de Venezuela, siempre seguirá deambulando la interrogante ¿Y ahora qué?






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