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“El escapulario del Carmen” por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona


Cada 16 de julio la Iglesia se alegra al celebrar la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo, de honda tradición cristiana entre las comunidades cristianas, así como de devoción y vida de fe en cada uno de sus cofrades que se consagran a su santo escapulario.


Escapulario viene del latín “scapulae” que significa “hombros” y originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros, usado por los monjes en el trabajo. Recordar entonces que es un “vestirse de servidores”, toda una imitación de la “humilde esclava del Señor”, en medio de tanto servilismo, egoísmo y deshumanización, portar el escapulario debe ser un sello de compromiso por hacer de nuestras vidas ofrenda de amor y generosidad para cada hermano a nuestro lado.


Los carmelitas lo asumieron como muestra de dedicación especial a la Virgen, buscando imitar su entrega a Cristo y al prójimo. Al vestir el escapulario, y durante toda la vida, el devoto debe apreciar su profundo y rico significado, como pertenencia a una Orden (regla) a la del Carmen, con obligación de vivir según su rica espiritualidad y su propio carisma. Quien viste el escapulario busca siempre tener presente a la Santísima Virgen y tratar de imitar sus virtudes, su fe firme, su esperanza cierta frente a toda tribulación y su caridad constante. No olvidemos que Ella, María, obró, según sus palabras: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,37).


Su origen se remonta a 1251 cuando la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, se apareció a San Simón Stock, General de los Carmelitas, con el escapulario de la Orden en sus manos, y le dijo: "Tú y todos los Carmelitas tendrán el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno"; toda una promesa de salvación eterna. Tiene la categoría de un sacramental: "Un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia"; es de color marrón, al verso la imagen de Nuestra Madre del Carmen, al reverso el escudo carmelitano, con los símbolos de una montaña, cuya cima se proyecta hacia el cielo, en referencia al Monte Carmelo, lugar de origen de esta manifestación mariana, además de una corona de oro que representa el Reino de Dios. Los fines espirituales del Santo Escapulario son: El amor y la protección maternal de la Virgen María. La pertenencia a la Virgen María y el suave yugo de Cristo que ella nos ayuda a llevar con paciencia y fe.


Por tanto, el escapulario es la verdadera síntesis de la espiritualidad cristiana, al estilo de Marta y María, vivir el servicio sin descuidar la oración, o la norma benedictina, “ora et labora”, reza y trabaja, tal como enseña Santo Domingo de Guzmán. “contemplar y dar lo contemplado”


El Escapulario del Carmen además de la promesa de salvación para quienes mueran con él, lleva también consigo el llamado privilegio sabatino, que consiste en que la Santísima Virgen sacará del purgatorio cuanto antes, especialmente el sábado después de su muerte, a quienes hayan muerto con el Escapulario y durante su vida hayan guardado pureza según su estado y orado cada día con fe.


En 1950 recordaba Pío XII: "Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la patria celestial por su intersección, según el llamado privilegio sabatino, que la tradición nos ha trasmitido" La misma Madre nos transmitió este mensaje: "Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte y a cuantos, religiosos, terciarios y cofrades, hallaré en el Purgatorio los liberaré y los llevaré al monte santo de vida eterna".


No olvidemos que la devoción a la Virgen María se remonta al origen mismo de la evangelización de nuestros pueblos, tal como lo decía el gran Papa Juan Pablo II, en una de sus homilías: “El Evangelio ha sido anunciado, presentando a la Virgen María como su realización más alta, desde los orígenes de su aparición en Guadalupe, María constituye el gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía al Padre que nos invita a entrar en comunión. María fue también la voz que impulsó a la unión entre los hombres y los pueblos”.


Que la presencia de María nos inspire a caminar “alegras en la esperanza” y “firmes en la fe”, para crear juntos comunidades cristianas más unidas, fraternas y de comunión.


Mérida, 18 de julio de 2021






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