Mérida, Febrero Lunes 06, 2023, 06:05 pm

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LAS FÓRMULAS EXITOSAS CASI NUNCA SE ENCUENTRAN EN LOS EXTREMOS por Luis Loaiza Rincón

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LUIS LOAIZA RINCÓN


En casi todas partes del mundo se tiene claro que es tan detestable el individualismo extremo que vacía de sensibilidad social al ser humano como el comunismo que liquida todo resquicio de privacidad. Equidistante de ambos extremos se han construido los múltiples equilibrios que hacen posible el funcionamiento de las formas de gobierno contemporáneas, casi todas articuladas a la democracia, el pluralismo político y el respeto de la ley como garantes de la igualdad.

La democracia es un desafío permanente que debe satisfacer tanto las demandas de los asalariados como la de los dueños del capital. Equilibrios imperfectos y siempre necesitados de atención y cuidado son los que hacen la diferencia entre el bienestar y el conflicto permanente.

Veamos por un momento una de las perspectiva ideológicas involucradas en este asunto y analicemos qué pasaría cuando en una determinada sociedad se destruyen esos equilibrios democráticos tan necesarios para la existencia de la paz y el progreso.

El término “socialismo” nació en Francia y se utilizó por oposición al individualismo liberal. Con el término “socialista” se calificó a las personas o a los proyectos políticos que abogaban por una reorganización económica y social mediante la supresión del orden fundado en el lucro individual y competitivo, el cual tendría que sustituirse por uno nuevo establecido y gobernado por los "productores", capaz de asegurar la solidaridad, la cooperación y la paz en el ámbito internacional.

Los socialistas destacan el aspecto social, cooperativo y comunal de las relaciones humanas y algunas de sus recomendaciones han sido incorporadas a las prácticas del Estado social contemporáneo como las relacionadas con la redistribución, las limitaciones impuestas a la propiedad, el intervencionismo estatal, la corrección de desigualdades, entre otras.

El socialismo como sistema de organizaciones sindicales y como movimiento político de la clase obrera es una creación inglesa, como crítica de la sociedad capitalista y como construcción filosófica de un nuevo orden es una creación en gran parte francesa, en el sentido de que los franceses son los primeros filósofos que instauraron una crítica demoledora de las instituciones sociales (teoría de la explotación, condena de la propiedad privada, etc.) e invocaron una reorganización de la sociedad sobre bases más o menos colectivistas.

Los primeros socialistas franceses del siglo XVIII despreciaban las instituciones sociales de su tiempo, procuraban que se volviese a la primitiva igualdad entre los hombres, defendían la supresión de la propiedad privada y su reemplazo por la propiedad colectiva de los medios de producción y que se adoptara la dictadura del proletariado como forma de someter a las otras clases y asegurarse en plenitud el poder, todo esto mucho antes de que Marx formulara sus tesis.

Para algunos socialistas era fundamental exaltar la fraternidad humana que, como incentivo y motor de la actividad social, debería reemplazar el afán de lucro. Pero en general, los socialistas anteriores a Marx consideraban que la propiedad debía ser socializada, que el derecho de herencia debía suprimirse, que las sociedades no progresan sin conflicto y que en una sociedad industrial la lucha se plantea entre las clases productoras explotadas y las clases improductivas que son de hecho las que explotan. Los socialistas consideran que el Estado controlado por la clase productora cambia su esencia, deja de ser un medio de dominio y pierde todo su carácter coercitivo.

Con Marx todas esas ideas adquieren consistencia superior. Según él, pese a la perfectibilidad del hombre, el capitalismo impedía que realizara sus potencialidades humanas, despojándolo hasta de sus necesidades animales: el aire fresco, el alimento, el sexo, etc. Para Marx el sistema industrial capitalista había reducido al hombre a un “animal laborans”, una bestia limitada a las más estrictas necesidades corporales.

La deshumanización era consecuencia directa de la alienación que, como proceso, comenzaba con la separación de los hombres con respecto a sus medios de producción y subsistencia. El obrero se relaciona con el producto de su trabajo como con un objeto extraño y cuanto más se desgasta el obrero tanto más poderoso se hace el mundo objetivo extraño que crea contra sí mismo, y a medida que él mismo -su mundo interno- se vuelve más pobre, menos le pertenece como algo propio.

Por tanto, se hace necesario abolir la alienación para elevar a los hombres a una condición verdaderamente humana y esto sólo es posible a través de un proceso que conduzca al comunismo, gracias al cual los hombres alcanzarían mayor libertad y humanidad eliminando la propiedad privada y socializando los medios de producción.

Para el marxismo, la política en su conjunto es considerada como el reflejo de unas fuerzas más profundas y básicas dentro de la sociedad: las económicas. Por eso la política marxista es siempre política de clase, su objetivo consiste en articular y expresar el carácter irreconciliable del conflicto básico en el seno de la sociedad, entre los poseedores y los desposeídos. Así pues, el político marxista-leninista debería siempre promover las cuestiones que exponían, revelaban y agudizaban este antagonismo. Su estilo político debería ser siempre de enfrentamiento en vez de adaptación, de exaltación del conflicto más que de consenso, de oposición militante más que de compromiso. Al fin y al cabo, su objetivo consistía en preparar al proletariado desde el punto de vista organizativo, psicológica y políticamente, para el momento en que dejara de existir la política democrática y comenzara el asalto armado revolucionario. Además ninguna forma de estado burgués podía servir para acabar con la dominación burguesa.

Ya sabemos bien qué pasó allí donde estas ideas se impusieron y cómo la realidad se encargó de enterrar las promesas de alcanzar mayor libertad y más humanidad. Entendamos que las fórmulas exitosas casi nunca se encuentran en los extremos.






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