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“Clara de Asís, una respuesta a nuestra necesidad” por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona


Nunca se imaginó Santa Clara que aquel lunes santo de 1211, con apenas 18 años de edad, iniciaba un camino novedoso de seguimiento cristiano, como lo llamó San Juan Pablo II: “Una llamada a vivir según la perfección del santo Evangelio, con una referencia decidida a Cristo, único y auténtico programa de vida”.


Su mensaje es hoy más actual que nunca, para un mundo caracterizado por la “superficialidad”, perdido de su propia identidad, que ha dejado de experimentar su origen de hombres y mujeres hechos a imagen y semejanza del Padre Dios, fuente de amor y comunión, para convertirnos en depredadores sin límites en una sociedad de consumo. Ante esa desafiante realidad, Clara nos presenta una propuesta alternativa a la insatisfacción, como bien lo señaló el Papa Peregrino, toda una pedagogía de la santidad que, nutriéndose de la incesante oración, lleva a convertirse en contempladores del Rostro de Dios, abriendo de par en par el corazón al Espíritu del Señor que transforma a toda la persona, la mente, el corazón y las acciones, según las exigencias del Evangelio. Todo un desafío para nuestra humanidad y su realidad pandemia.


En Clara de Asís encontramos una sólida coherencia entre los valores humanos y cristianos, una invitación perenne a no dejar apagar en nosotros el deseo de contemplar, de ir más allá, de no quedarnos en la orilla, o en el “por encima” de las cosas; a su vez es un modelo de rigor evangélico, ella mejor que nadie entendió que el camino para llegar a la perfección es los que se esfuerzan y asumen con valentía las cruces de la vida. (Salm 31,24). Es el reto de la realidad que nos rodea, en donde se requiere el seguimiento de la fe sin componendas o concesiones al espíritu del mundo, pues exige renuncia y sacrificio, tal como ella misma lo expresó: “El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre”.


Estamos ante la imperiosa necesidad de un renovado compromiso de santidad, siguiendo el camino de santa Clara, con una “opción exclusiva por Cristo crucificado”, es el camino de la total pobreza, de vaciarse del mundo para llenar el corazón de su amor, para sentir como ella en carne propia que “si sufres con Cristo, reinarás con él; si con él lloras, con él gozarás; si mueres con él en la cruz de la tribulación, poseerás las moradas eternas en el esplendor de los santos y tu nombre, inscrito en el libro de la vida, será glorioso entre los hombres”.


Otro de los grandes tesoros que encontramos en este grandioso carisma es el de la “hermana pobreza”, ser totalmente pobre significa para Clara y Francisco desprenderse de toda posesión, de todo bien. Ellos no viven esta pobreza para, mediante su ejemplo, allanar los antagonismos entre ricos y pobres; tampoco como fruto de una renuncia cansina que hace de la necesidad virtud. No. Ellos quieren ser pobres porque Cristo, el Señor, fue pobre en la tierra. La pobreza es para ellos una parte esencial del seguimiento de Cristo. Es la pobreza que nos lleva a desprender el corazón de las cosas materiales para entregarse con mayor libertad al servicio de amar en todas las creaturas. Por tanto, no es de extrañar que Clara viviera apasionada de “no tener nada por amor de Cristo, no desear nada, no quedar desilusionado ante pérdida alguna”, esto es ser totalmente pobre.


Por último, no podemos dejar de mirar su vida de contemplación, ante todo, como apertura del corazón al misterio que nos envuelve, para dejarnos poseer por él. En este sentido contemplar es para Santa Clara vivencia del Evangelio, es decir vaciarse de todo lo superfluo para que el que lo es Todo, nos llene a rebosar.


Estamos urgidos de este espíritu franciscano que nos permita abrir de par en par los ojos del corazón para poder leer y descubrir la presencia del Señor en los pliegues de las personas y de las cosas. Debemos abrir los oídos del alma para escuchar los gritos silenciosos del Señor en su Palabra, en los sacramentos, en la Iglesia, y en los acontecimientos de la historia. En una sociedad de ruidos, contemplemos en el silencio, sigamos el método de santa Clara de MIRAR, salir de uno mismo para descubrir el Cristo pobre del pesebre en cada hermano que sufre, para CONSIDERAR, la persona en su totalidad, descubrir su humildad y así poder CONTEMPLAR desde el corazón que sabe amar.


 


Mérida, 15 de agosto de 2021






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