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Don Mario en la Academia por Carlos Guillermo Cárdenas D.

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Carlos Guillermo Cárdenas D.


La Academia de Mérida vistió de nuevo traje solemne para rendir homenaje a un esclarecido merideño de raíces italianas Don Mario Spinetti Berti, que descolló como profesor, investigador, escritor, político, académico, embajador y chef.  Le correspondió pronunciar el discurso de orden a otro meritorio merideño el doctor Álvaro Sandia Briceño.

Qué hermoso y florido discurso del doctor Sandia. Qué pieza oratoria tan rica y documentada sobre la vida de ese gran merideño. Qué homenaje tan justo y certero le rindió la Academia de Mérida.

La figura de Don Mario es única en la vida de la Universidad de Los Andes y en la ciudad.  Apenas niño de 8 años llegó a estas tierras con sólo el idioma italiano. Descolló con excelencia como estudiante a todos los niveles. Su vida desde temprano estuvo en el estudio y en la investigación.  Fue su sello de distinción de otros italoparlantes que poblaron los andes venezolanos.  La inclinación por la docencia y la enseñanza le permitió desde sus estudios de secundaria enseñar a sus contemporáneos posteriores. Enseñó el maravilloso mundo de la química de los seres vivientes. El metabolismo de los nutrientes del caldo primitivo de la génesis de la vida. A la institución universitaria le dedicó las mejores letras. Sus textos viajaron por el mundo hispanoparlante. En aquellos tiempos de los 50s, 60s y 70s se consideró un éxito editorial.

Don Álvaro con la pluma excelsa que le es propia, narra la vida y obra de Don Mario con pasajes y remembranzas en lenguaje hermosísimo de merideño de talento y sapiencia. De verdad, el discurso manejó el idioma de castilla con elegancia y propiedad. Nos paseó con donaire y gracia por diferentes facetas vitales del homenajeado. Álvaro es un académico de elevadas credenciales.

La narrativa del discurso para quienes fuimos discípulos de Don Mario constituyó un refrescamiento del profesor distinguido cuando desde el podio del aula, enseñaba las reacciones de la química aplicada a las células y órganos vivientes.  Qué clases prodigiosas de aquellos años de nuestros estudios médicos. Profesores con vocación y con dedicación a los alumnos. Entre ellos, Don Mario Spinetti descolló con luz propia.

Cuando cursaba el 4º año de la carrera de medicina, fui designado preparador de la cátedra de semiología y clínica propedéutica. Don Mario que ejercía el decanato de la Facultad de Medicina nos entusiasmó para asumir esa responsabilidad. Y luego al terminar los estudios de medicina, ingresé por concurso de oposición como instructor de la Cátedra de Clínica Médica también bajo su decanato. Siempre fue un ejemplo y una guía para quienes, aún imberbes, comenzábamos los primeros pasos de nuestra vida académica.

Cuando los tiempos presentes parecen desvanecer la excelencia académica, oradores de la calidad del acto homenaje nos recuerdan la ciudad de  libros,  de universidad y de cultura, de profesores e investigadores.

16 de septiembre de 2021






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