Mérida, Enero Sábado 28, 2023, 06:43 am

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¡Venezuela! por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.


Todo parece indicar que los triunfos y las dificultades de los países latinoamericanos dependen de sus recursos naturales, la idiosincrasia de su población, así como de los pensamientos e ideas devenidas de preceptos ideológicos. América Latina es diversa y heterogénea, concentra recursos y una sociedad propensa a justificar sus éxitos en las capacidades naturales de sus pobladores, mientras se escuda en las acciones de terceros -países, personas, empresas, entre otros-, como la causa de sus problemas e inconvenientes al momento de intentar avanzar en una senda de crecimiento y desarrollo económico que mejore la realidad regional.

Ya lo dijo Carlos Rangel (1976) en su obra “Del buen salvaje al buen revolucionario”, existe una predilección por la ideología en detrimento del esfuerzo práctico que permite lograr objetivos puntuales. En otras palabras, en América Latina y en Venezuela, es muy costoso demostrar consistencia entre discurso y acciones, porque existe una infinidad de posibilidades que surgen del buen uso del discurso oral y escrito para justificar acciones; cuando en realidad no importan los resultados. Así, la pobreza y el subdesarrollo siguen siendo el profundo mal de los países latinoamericanos, como consecuencia de la multiplicidad de planes no claros para lograr libertad.

Por ejemplo, mirar y reflexionar acerca de los resultados obtenidos por países dirigidos por gobiernos de izquierda o derecha, así como por gobiernos democráticos o dictaduras, da una idea de la historia latinoamericana que invalida cada modelo de desarrollo económico implementado en la región. En este sentido, ahora más que nunca es necesario entender que los cambios en las sociedades solo son posibles desde el cambio de sus individuos; para lo cual se necesita educación, trabajo, comportamiento socialmente responsable, entre otros.

Y en Venezuela, es muy evidente la realidad compleja en la que se encuentra hoy el país. Son evidentes las diferentes dimensiones del colapso venezolano -económico, político, institucional y social-, todo como resultado de instituciones desarticuladas y politizadas, miedo y desconfianza ciudadana, acciones autoritarias e intimidatorias desde los organismos públicos y sus representantes, ingobernabilidad en algunas zonas del país, crisis humanitaria, así como altos niveles de desigualdad y pobreza. Aspectos que se acrecientan por la alta propensión de la población a ideologizar todo lo que se lleva a cabo en el país.

En este orden, la incertidumbre se cierne sobre el futuro inmediato de la sociedad venezolana. Ahora, los grandes desafíos no son solo la reforma estructural de la economía o el comienzo de una transición para la vuelta de la democracia, sino también es necesario la reconfiguración de la sociedad venezolana. Parece ser que el desafío sorprende, sin embargo, les aseguro que una sociedad con individuos conscientes de su destino, de su realidad, se recupera perdiendo la capacidad para impedir nuevas formas de alcanzar los objetivos y superar las dificultades; es decir, dando espacio a la imaginación, a la inventiva, y demostrando disposición al cambio.

Una idiosincrasia cargada de pensamientos e ideas comprometidas con la razón transformadora de la realidad particular, y comunitaria, habla de un hidalgo justo con nulo espíritu de miedo, pero con amplio sentido de justicia para el reconocimiento de su papel en la realidad económica, política, social e institucional del país. La tragedia no es carecer de metas por lograr, la tragedia es minimizar el papel que como individuos tenemos en la realidad que vivimos y enfrentamos, es no creer en la posibilidad real de triunfar.

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