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“Comunión, participación y misión” por Padre Edduar Molina Escalona

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“Comunión, participación y misión” por Padre Edduar Molina Escalona


Con el mes misionero en la Iglesia, el Papa Francisco ha aperturado el gran “sínodo de la sinodalidad”, una propuesta que responde a la necesidad de nuestro tiempo: Caminar juntos en la misma dirección, buscando el encuentro, los puntos en común, escuchando atentamente al Espíritu para discernir lo que mejor nos conviene en la construcción de un mundo nuevo en el que brille la justicia, la paz y el amor.

 

Este camino sinodal se abrió en Roma los días 9 y 10 de octubre, en las Iglesias particulares el 17 de octubre y en Mérida con el Domund. Toda una tarea de consultas se abre en este momento en todas las Iglesias locales del mundo, “mirándonos hacia dentro”, permitirá toda una auténtica experiencia de escucha y diálogo que nos deje como fruto una síntesis de las consultas, por medio de las herramientas de trabajo que proporciona la Secretaría del Sínodo y que deben ser entregada hasta el 15 de agosto de 2022.

 

La meta es una verdadera Iglesia con “espíritu sinodal”, bajo la inspiración de tres palabras claves: Comunión, participación y misión, como bien nos señala el Papa Francisco.

 

La comunión, en este contexto eclesiológico, indica la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia, Pueblo de Dios, que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión, cuando todos sus miembros caminan juntos, se reúnen en asamblea y participan activamente en su misión evangelizadora. También la naturaleza de la Iglesia es la Koinonía; de ella surge la misión de ser signo de la íntima unión de la familia humana con Dios y para que los sínodos sean fructíferos deben estar impregnados de la experiencia de la comunidad, de la participación de todos sus miembros, que conforman el cuerpo místico de Cristo.

 

Dentro de la comunión surge otra palabra: “El encuentro”, como dice el Papa estamos llamados a ser expertos en el arte del encuentro. No en organizar eventos o en hacer una reflexión teórica de los problemas sino, ante todo, en tomarnos tiempo para estar con el Señor y favorecer el encuentro entre nosotros. Un tiempo para dar espacio a la oración, a la adoración.

 

La segunda palabra clave es la “participación”, como mecanismo para una auténtica praxis sinodal en la Iglesia; es el llamado a cultivar el camino que promueve la implicación real de todos y cada uno y que nos lleva a un verdadero compromiso eclesial irrenunciable: hacer de todos los bautizados “discípulos y misioneros”.

 

La participación también debe llevarnos a “la escucha”, si nos dejamos llevar por El Espíritu nos dispondrá a la escucha de las preguntas, de los afanes, de las esperanzas de cada Iglesia, de cada pueblo y nación. Y también a la escucha del mundo, de los desafíos y los cambios que nos pone delante. Para ello recomienda Francisco “no insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas. Las certezas tantas veces nos cierran. Escuchémonos”.

 

Por último, la misión que es la naturaleza misma de la Iglesia. Ésta “ha recibido «la misión» de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino” como nos lo recuerda el Vaticano II (Lumen Gentium, 5).

 

La misión, en tiempos de sinodalidad, nos abre a discernimiento que ilumina y orienta este caminar juntos, para que sea en verdad un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu., que nos haga mirar a los nuevos espacios de misión, las periferias de nuestra existencia humana, permitiendo que podamos liberarnos de lo que es mundano, abrirnos de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos.

 

Vivamos a plenitud este nuevo Pentecostés, en medio de una pandemia y acontecimientos que estremecen la realidad mundial y venezolana, podamos dirigir nuestros pasos a una Iglesia en comunión, participación y misión.

 

Mérida, 31 de octubre de 2021





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