Mérida, Febrero Lunes 06, 2023, 06:41 pm

Inicio

Opinión



Las sorpresas del Premio Nobel por Ricardo Gil Otaiza

Diario Frontera, Frontera Digital,  Ricardo Gil Otaiza, Opinión, ,Las sorpresas del Premio Nobel por Ricardo Gil Otaiza
Las sorpresas del Premio Nobel por Ricardo Gil Otaiza


Hace ya muchos años que dejé de seguir con afán la concesión del Premio Nobel de Literatura, y esto sucedió por múltiples factores, algunos de ellos ajenos a la Academia sueca. No obstante, los diversos escándalos (de tráfico de influencias y hasta sexual) en los que se ha visto envuelta tal concesión en sus diversas vertientes, han ayudado a mi actual desenfado, ya que llega un momento en el que algo se rompe dentro de ti (tal vez la inocencia), al corroborar que el máximo galardón universal no escapa ni a las pasiones ni a los vicios de otras aristas de la existencia, y en donde lo político-ideológico tienen un peso mayúsculo. En otras palabras: la vulgarización del galardón.


Este año creo que me animé un poco más, y me atreví, como acostumbraba décadas atrás, a asomar mis narices en la “secreta” lista de los nominados. Para mi sorpresa, sigue siendo la eterna y amarilla lista de siempre, con el agregado de algunos recientes, bien por la muerte de los autores (por ejemplo la del estadounidense Philip Roth, quien fue un eterno candidato), o porque sencillamente los apostadores se fastidiaron de hacerlo. Es decir, hallé los mismos nombres de quienes, desde hace muchos años, se encuentran “a la espera” de que los encumbrados académicos suecos dirijan sus “exquisitas” miradas y atenciones a sus obras y a sus figuras.





 
Obviamente, el narrador japonés Haruki Murakami es infaltable en esta apuesta o quiniela que cada año salta a los medios de alcance global. Si bien su obra es muy comercial y de fuerte pegada en las masas, tanto en su país de origen como en muchos contextos occidentales, la Academia ha sido hasta ahora reacia a complacer a los millares de seguidores (no me atrevería a llamarlos lectores, porque muchos lo aclaman por su resonancia mediática y no porque lo hayan leído) que apuestan a su nombre. Creo, por las declaraciones que he leído por ahí, que el propio Murakami ya se lo toma con la serenidad debida, así también como parte del “karma” que debe pagar por su bien ganado prestigio de fabulador. Y en esto nos recuerda un poco al propio Jorge Luis Borges, quien con su reconocida ironía solía hacer chistes crueles de la ya larga tradición en su vida de no ganar el Nobel cada año.



Pareciera que la Academia Sueca jugará al gato y al ratón, a la ortodoxia o a la heterodoxia, indistintamente, y creo, por su ya larga tradición centenaria en la entrega de los galardones, que le gusta generar falsas expectativas. Cuando en todo el orbe se apuesta a un autor de prestigio, con una obra consolidada y traducida a muchas lenguas, la Academia da un zarpazo con un autor conocido tras las puertas de su casa (o por un letrista estadounidense como Bob Dylan). Cuando muchos veíamos grandes posibilidades al autor español Javier Marías, todo un maestro contemporáneo de la novelística, dueño de una obra monumental, o al controvertido novelista francés Michel Houellebecq, con una díscola pero sólida obra, que se niega a entrar en paz en el canon universal, los suecos optan por premiar al novelista tanzano Abdulrazak Gurnah, residenciado desde hace años en Inglaterra, desconocido en casi todo el orbe, y cuyo editor jamás pensó que podría alcanzar un premio de tal magnitud.


A todas luces, la concesión del Premio Nobel de Literatura no responde per se a la calidad de la obra de un autor, de lo contrario lo hubieran obtenido en su momento grandes escritores. Cuando busco en la Internet una lista de autores que por diversas causas no recibieron el galardón, halló fulgurantes nombres (no los mencionaré a todos) como el ruso León Tolstói, varias veces nominado, el checo Franz Kafka, la británica Virginia Woolf, los argentinos Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, el irlandés James Joyce, el venezolano Rómulo Gallegos, el israelí Amos Oz, el noruego Henrik Ibsen, el francés Émile Zola, los estadounidenses Mark Twain y Henry James, el ruso Antón Chéjov, el francés Marcel Proust, el portugués Fernando Pessoa, el ruso Vladimir Nabokov, el británico George Orwell, el argentino Adolfo Bioy Casares, y el mexicano Juan Rulfo, entre muchos otros.
 
Paradójicamente, las figuras de los autores arriba citados siguen vivas entre los lectores, y sus obras han pasado a convertirse en clásicos universales de la literatura, mientras que muchos escritores que sí los obtuvieron, se han desdibujado en el tiempo, y no precisamente por los años transcurridos (ya que han sido olvidados varios de los premiados más o menos recientes), sino porque los criterios esbozados para su selección no fueron precisamente los idóneos, sino que respondieron a sobrevenidas razones que hoy no tienen vigencia. En este grupo entra el propio autor francés Jean-Paul Sartre, quien habiéndolo obtenido, lo rechazó por considerar que al recibirlo su filosofía perdería la razón de ser. En su caso, ni la Academia que lo seleccionó ni el propio autor que lo rechazó para salvar su legado, acertaron, ya que su densa obra ha sido prácticamente olvidada. En la actualidad en su país se busca con afán revivir su legado, acercarlo a los autores contemporáneos, pero hasta la fecha tal proeza no ha sido posible. Quedan lectores de culto (como yo), que hacen abstracción de sus dislates y de su agria personalidad para acercarse a su obra.

 
rigilo99@gmail.com





Contenido Relacionado