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"Romería de la Candelaria, camino de esperanza” por Padre Edduar Molina Escalona

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"Romería de la Candelaria, camino de esperanza” por Padre Edduar Molina Escalona


Muchos antes de la llegada de los europeos a nuestra América, nuestros pueblos indígenas mantenían en su tradición la adoración a los fenómenos naturales que ellos no se podían explicar. Cada uno de ellos implicaba un “ponerse en camino” para rendir sacrificios, ofrendas y tiempos de especial veneración a sus deidades, lo que nos habla de un pasado en comunión con un ser trascendental y en encuentro con su pueblo. 

 

Con la llegada de los españoles se abrió un camino de fe cristiana, que fue marcando el sentimiento popular en diversidad de expresiones, manifestaciones y formas celebrativas, todas ellas en un espacio vital determinado por su significado religioso y relevancia en la tradición de la Iglesia. Tal es el caso de los lugares de “apariciones” o “manifestaciones” marianas, o del culto a un santo o centros de la misericordia y de la gracia divina. La visita a estos espacios, se realiza bajo una motivación distinta al mercado turístico, pasando del interés meramente cultural el aliciente de la fe, bajo la denominación de “romería” como una invitación a vivir en clave de paso de este mundo a la Casa del Padre, ligeros de equipaje, con la promesa de vida en abundancia.

 

Los términos romería y romero provienen de la voz latina "romarius", los que peregrinaban a Roma a visitar la tumba de los apóstoles. La evolución del término romería y rogativa son muy similares en su contenido, como viaje y celebración a una ermita o santuario, bajo un carácter más religioso, ritual y penitencial.

 

Nuestras comunidades de Santiago de la Punta y Pablo VI guardan como su más preciado tesoro la “romería a nuestra Madre de Candelaria” de honda devoción de más de un siglo. La romería siempre implica un movimiento cuyo destino es un lugar sagrado o el visitar con una reliquia o una imagen venerada por la piedad popular, así el desplazamiento sería el primero de sus rasgos definitorios, de este modo a lo largo del mes de enero se tiene la bajada de la Madre de la Luz, el Día de Reyes, y ese mismo día inicia su recorrido por las comunidades del sur de la ciudad serrana. Muchos de sus devotos acuden en busca de protección, ayuda, favores y también para rendirle pleitesía, en muestra de fidelidad y fervor a la Madre del Cielo.

 

Después de dos años de pandemia hemos aprendido a “reinventarnos” maneras nuevas de vivir nuestra fe; bien lo señaló San Juan Pablo II, el mundo necesita una Iglesia que vaya a “remar mar adentro” afrontando una nueva evangelización: “nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”.

 

Cada noche, en cada sector de la Parroquia, la comunidad se esmera en dar lo mejor, la preparación y ornato de primera calidad, con la participación de niños y jóvenes la Madre es esperada para renovar la fe, animar la esperanza y promover la solidaridad y el encuentro de todos.

 

Se destaca en la comunidad su sentimiento de cohesión y solidaridad, de hermandad con sus vecinos, entre todos se adorna, se organiza la liturgia, los versos de los niños, los cantos y el derroche de creatividad, además de aflorar el sentimiento de pertenencia al entorno, se superan las diferencias ideológicas pues “la Virgen nos une a todos”, en fin, las romerías podríamos afirmar son expresiones de la identidad colectiva que expresan a través de las relaciones sociales la más genuina experiencia de fe en el Dios-con-nosotros.

 

En la Víspera de la Candelaria y fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, el día primero de febrero, se prepara la comunidad para la llegada de la peregrina de La Punta a su pueblo de la Parroquia, con la serenata y el rosario iluminado, damos por concluida la romería y se la alegra la comunidad al recibir los vasallos de la Candelaria, expresión de oración y trabajo en canto y baile, como alabanza y gratitud a la intercesora de tantos favores.

 

Que este peregrinar nos ayude a crecer en esa búsqueda de sentido y plenitud que tanto buscamos y en verdad necesitamos: la presencia de Dios amor en nuestras vidas. Como nos lo diría San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”.

 

Mérida, 17 de enero de 2022





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