Mérida, Febrero Lunes 06, 2023, 06:07 pm

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Leídos y reseñados por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA


Llevo más de tres décadas como crítico literario, y para ello me valgo de la denominada reseña crítica, es decir, un texto en el que analizo, con mirada incisiva y nada complaciente, todos aquellos libros que caen en mis manos. No he querido adentrarme totalmente en los denominados estudios literarios (aunque he escrito varios y los he publicado en revistas literarias), esos se los dejo a los profesores de literatura, quienes tienen la obligación de redactarlos para responder a un canon académico, y orientar a los jóvenes quienes deseen licenciarse en literatura, o desarrollar sus trabajos de maestría y sus tesis doctorales.


Mi labor está orientada básicamente a la promoción del hecho literario desde mi propia visión como lector empedernido y también como escritor. En este sentido, no está de más afirmar que he invertido años de años leyendo y compartiendo con mis lectores de las columnas de la prensa a centenares de obras y a sus hacedores; es decir, todo ese inmenso bagaje intelectual que forma parte fundamental de mi vida y de mi propia obra literaria.

Quienes tengan la curiosidad de seguir mi trayectoria como crítico y reseñista, se podrán percatar de que hay en todo esto un hilo conductor, ya que cada vez que escribo un texto crítico, lo hago pensando en que termine como parte de un libro, que estará en las manos de los lectores y los textos trascenderán así lo efímero de la página de la prensa que pronto se olvida. En otras palabras, todo procede de un libro y termina en un libro. Creo no inventar el agua tibia cuando afirmo que uno de los más elevados anhelos de todo escritor, es que su obra entre en un libro: máxima jerarquía del etéreo hecho literario.

Por supuesto, no he reseñado todos los libros que he leído a lo largo de mi existencia, y cuya data muchas veces se pierde en la neblina de los tiempos (tendría que revisar con paciencia los ejemplares más viejos de mis anaqueles, para saber su génesis). Accedí primero a la prensa regional y luego a la nacional, y a partir de entonces me planteé conversar con mis lectores en torno a mis lecturas, que es en sí la actividad intelectual que más me fascina ya que amo a los libros.
 
En este mismo sentido debo confesar también, que he leído montones de libros que de manera deliberada no he querido reseñar ni referirme a ellos en la prensa tradicional o en las redes sociales. Y para explicarlo debo partir de ciertas categorías. Si bien el crítico pierde la capacidad para el disfrute “ingenuo” del libro, como suelo expresarlo, a veces cuando cae un libro en mis manos me digo a mí mismo que no lo reseñaré, que solo deseo disfrutarlo, perderme en sus intersticios y laberintos hasta llegar exánime de gozo o de tensión hasta el final. Es una lectura si se quiere solipsista, rayana en el egoísmo a ultranza y en una defensa del “Yo” como entidad metafísica. Es una lectura solo para mí, que no deseo compartir con nadie, y que busco atesorar en mi interior para un disfrute casi orgiástico.
 
Visto a la ligera, toda esta actividad crítica pareciera fácil y divertida, pero créanme que a veces no lo es, ya que requiere de una disciplina monástica que nos impele a leer y a tomar notas cuando otros se hallan pasándolo de lo más sabroso con la familia y los amigos. Y muchas veces su resultado no es muy halagador para nosotros, sobre todo cuando toca nervios e intereses, y los autores se molestan (a veces los seguidores de éstos), porque dices lo que piensas y no lo que ellos hubieran deseado que dijeras acerca de su obra.
 
Y si a esto se aúna que al volverte crítico literario pierdes la capacidad de leer por puro deleite, ya que todo lo pasas por el tamiz y la criba de la razón y de la teoría literaria (a veces de la gramática castellana), pues ya podrán suponer todo lo que esto significa, y sopesar el enorme esfuerzo intelectual que los lectores consumen en pocas cuartillas, y sanseacabó.
 
Solo reseño aquellos libros que considero que valen la pena el esfuerzo y que les dejarán algo a mis lectores. Siendo joven aún leía verdaderos bodrios o libros pérfidos, y lo hacía para darme el gusto de afirmarlo en mis reseñas, lo que a todas luces era una especie de venganza contra el infame autor, o como una forma de regodeo intelectual. La madurez me dice que no vale la pena tal desgaste neuronal, que las personas quieren leer cosas edificantes, que los hagan crecer, que los eleve por encima de sus propias circunstancias vitales.
 
Creo, como lo afirma Vargas Llosa, que la literatura crea mundos paralelos, universos que complementan las deficiencias de nuestro propio camino. Es decir, reseño aquellos libros que acerquen a mis lectores al mismo disfrute que yo he alcanzado, que los hará vivir grandes experiencias, y que ellos sientan entonces que mis columnas críticas son una manera de conexión entre ellos y el universo literario que los espera exultante.
 
Por supuesto, a pesar de que reseño libros extraordinarios (buena literatura), si hallo en ellos pifias y errores no me muerdo la lengua, y lo digo con verbo punzante y muchas veces irónico, para que quienes vayan por ellos en las librerías o en la Web, sepan a qué atenerse, con qué se van a encontrar, qué les aguarda más allá de cada página y de ese mundo autárquico que es en definitiva cada libro.
 
rigilo99@gmail.com




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