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Creatividad fragmentada por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI



Suelo sentir contrariedad cuando se utilizan términos médicos, especialmente términos referentes a patologías mentales, en contextos que a mi juicio, son del todo inapropiados. Me parece que ello denota ignorancia y por supuesto la maldad atinente al hecho de ser ignorante. Sin embargo, hace ya muchos años, leí (o escuché) del genio escritor italiano Alberto Moravia, la explicación de por qué un escritor era por antonomasia “un esquizofrénico”. Dado que Moravia es un hombre a quien admiro y respeto, y considerando las razones esgrimidas por él, considero necesarios algunos párrafos para solidarizarme con este concepto.

Diagnósticos y vocaciones


Creo que de muchacho me hicieron el diagnóstico de “esquizofrénico”. Mi madre me llevó de psiquiatra en psiquiatra buscando el juicio médico definitivo, y yo terminé por familiarizarme con esa vocación a la cual me hice proclive a amar muchos años después. Del diagnóstico inicial sólo quedaron anécdotas de quien tuvo una adolescencia un tanto enrevesada. Sin embargo, al asociar el diagnóstico con el acto de escribir, no puedo sino confirmar que hay algunas similitudes. Entre otras, que el escritor está fragmentado en su esencia como individuo.


Atrapados con salida


Por una parte está vinculado con la brutal realidad del día a día, pero por otra, necesariamente está confinado al mundo paralelo y fantasioso de quien se plantea lo cotidiano como potencial escenario para ser transgredido y poder ser convertido en literatura. Al narrar, permanentemente estamos trastocando la realidad por múltiples razones. Una de estas razones es que al “percibir” algo, ya de por sí lo estamos modificando. No percibimos lo que captan nuestros órganos de los sentidos, sino lo que interpretamos luego de que los órganos de los sentidos han hecho su trabajo. No vemos lo que en realidad existe o pudiese existir. Vemos lo que podemos ver o lo que queremos ver. De allí que el acto de percibir es reinterpretado y por consiguiente modificado.


Intensamente


Como consecuencia de lo expresado anteriormente, desde el inicio, aquello que queremos traducir en literatura ya viene trastocado. Por otra parte, y de manera simultánea, está el acto creativo, el cual hace que de manera imprescindible tengamos que reinventar las cosas para poder escribir sobre ellas. Hasta la más fiel de las crónicas tiene múltiples aristas relacionadas con la inventiva y la imaginación. El caso más dramático es el del estudio de la historia. A mi juicio, la historia y la escritura de los hechos históricos está tan condicionada por la subjetividad humana, que la historiografía puede llegar a ser considerada un género literario.


 


Escribiendo que algo va quedando


Se escribe en un ámbito de soledad que llega en ocasiones a ser un confinamiento, quedando atrapados en los márgenes de una ficción-realidad- reinterpretación-creación que nos torna alucinados y delirantes en el sentido más justo del término. Se crean realidades-mentiras que son actos literarios. Se erigen mundos reales-ficticios que terminan por ser más convincentes que las cosas que nos rodean. Cuánta lágrima puede rodar ante un texto que nos conmueve, mientras la negación de lo cotidiano propende a dominar nuestra razón. Escribir y ser escritor está más que unido a una condición especial en la cual nos podemos vincular con el mundo o creamos un mundo que se vincula con nosotros o simplemente fundamos mundos que nos apartan de lo que otros ven o dejan de ver. Ser escritor es estar marcado por una condición propia al acto creador… cercano a lo raro… a la locura, pues.


                


@perezlopresti






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