Mérida, Enero Viernes 27, 2023, 11:05 am

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Indonesia y la participación laboral femenina por Sadcidi Zerpa de Hurtado

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Sadcidi Zerpa de Hurtado


Casarse y tener hijos son dos factores clave de la baja participación femenina en el mercado laboral. Muchas investigaciones también sugieren que la maternidad y las tareas domésticas llevan a las mujeres a abandonar la mano de obra después de contraer matrimonio. De esta manera, los roles de género limitan la distribución de las tareas domésticas, perpetuando un mayor poder de negociación para que los hombres trabajen y las mujeres se queden en casa; situación que se refleja en una oferta de trabajo femenina relativamente más elástica.

Esto significa que la decisión de las mujeres de trabajar es muy sensible a los cambios en los salarios y otros beneficios laborales. En otras palabras, para una mujer, los beneficios por permanecer en el mercado laboral deben ser mayores a los costos que debe asumir —incluida la carga fiscal—.

En este sentido, las mujeres de Indonesia enfrentan elevados costos para incorporarse en el mercado laboral, situación que las lleva a la disyuntiva de tener que elegir entre el trabajo o la familia. Por un lado, tienen una representación en el mercado desproporcionadamente inferior a su proporción en la población general del país. Y, por otro lado, tienen un sistema tributario sesgado en contra de las mujeres.

Antes de la pandemia del COVID-19, la participación de la mano de obra femenina en Indonesia se mantuvo entorno al 50% durante los últimos 20 años, muy por debajo del 80% de participación de los hombres. Incluso se redujo del 55,5% en 2019 al 50,72% en 2020, cuando la pandemia inició. Esto ha generado, como en muchos otros países del mundo, que las mujeres indonesias estén infrarrepresentadas en el sector formal, ya que constituyen el 14% del total de 131 millones de trabajadores. Lo que impacta en la desigualdad laboral, en las oportunidades de acceso a determinados cargos directivos, de liderazgo y responsabilidad, dificulta la conciliación entre la vida laboral y la vida familiar, reduce las oportunidades de formación, entre otros.

Además, la falta de una perspectiva de género en la política fiscal agrava los problemas antes destacados debido a los sesgos explícitos e implícitos del sistema tributario. A diferencia de la mayoría de los países, el sistema fiscal de Indonesia tiene impuesto sobre la renta de los hogares. Este considera a la familia como una unidad tributaria con el marido como cabeza de familia por defecto. Así planteado, el sistema contiene un sesgo explícito, ya que trata de forma inequívoca a los hombres y a las mujeres de forma diferente. De esta manera, se crea un sesgo implícito al imponer tasas efectivas de tributación más altas a los generadores de ingresos secundarios, en la mayoría de los casos las esposas. En otras palabras, que no trabajen las mujeres para no pagar más del impuesto sobre la renta de los hogares.

La discriminación fiscal así planteada se produce cuando se asocia oficialmente a los géneros, como en la asignación de exenciones y deducciones, las preferencias fiscales, los tipos impositivos y la responsabilidad de declarar los impuestos. Indonesia debería tratar de abandonar la tributación por unidad familiar y adoptar el enfoque más equitativo de la tributación individual de la renta, que ayudará a equilibrar la disparidad de género en la participación en el mercado laboral.

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