Mérida, Enero Lunes 30, 2023, 12:45 am

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Vientos ideológicos por Edgar Márquez C.

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EDGAR MÁRQUEZ


La lucha por el poder político, temporal y humano, derivó hacia una confrontación nada racional, si la vemos desde el punto de vista doctrinario y principista, pero muy acorde con los tiempos de mínima cultura política y despego de la solidaridad hecha causa común de los pobladores.

A lo largo de los cuarenta años de la etapa democrática, con alternabilidad de grupos con fines electorales, fuimos observando elementos, situaciones y descubriendo intereses, que nos condujeron a la disolución de la estructura de los partidos como entes de participación, orientación y desarrollo de las campañas políticas, en todos los niveles territoriales.

A la supremacía, por tiempos contados en años, de Acción Democrática y Copei, se fueron uniendo errores y vicios que dieron al trate con las estructuras de los partidos y hasta con su utilidad, poniendo de lado varias cosas importantes: la doctrina o cuerpo de base para el pensamiento social y político (porque ambos aún la tienen escrita, más no pensada y menos practicada), el programa de gobierno o desarrollo práctico de las ideas políticas, la moral del dirigente y militante, y la connivencia con irregularidades administrativas.

Hubo unos momentos en que podía confundirse el dirigente de uno u otro sector, en que las campañas fueron torneos de oferta ilusionaría y en los que la militancia fue despreciada en sus pequeños aportes de dinero (dos bolívares aportaba papá en Copei, cada mes) para vivir a la sombra del poder, en todos los sectores territoriales.

Despojados de la ideología por obra del descuido, desinterés e irresponsabilidad, los viejos partidos no buscaron la actualización (aggiornamiento han dicho varios pontífices) y dejaron que otros vendedores de baratijas políticas ofrecieran fórmulas que se traducían no solo en el antipartidismo, sino, lo peor, en la antipolítica.

Fue así como el bipartidismo, que nunca fue bien enfrentado por corrientes renovadoras (debido al necesario esfuerzo imitador de Betancourt y Caldera), las cuales buscaron más bien la vía acomodaticia de la publicidad desde Caracas y del marketing, se debilitó ante el nuevo país que iba surgiendo o creciendo, y llegamos a un momento ideal para el populismo, la demagogia y el engaño, todo asistido por los viejos resentimientos y la conspiración desde las propias instancias democráticas.

Fue así como de las ideologías, superadas por el desconocimiento de la población, salieron apenas vientos ideológicos que en el ahora se han convertido en auténticas tempestades, no solo en Venezuela, sino también en otros países del vecindario americano.

Son solo vientos que emergen de diferentes direcciones y que, en lo concreto, contribuyen a las confusiones, dejando intactas las prácticas populistas y demagógicas, con las cuales se asume que cada país es un escenario para tener clientela fácil, descuidada culturalmente y, por lo tanto, espacio fértil para entremezclar lo negador de la libertad con el descuido en los servicios públicos, pero con dádivas que buscan y lograr aquietar la comprensión de los hechos y el compromiso de cada persona ante la sociedad, ante sus propios hermanos.

Los vientos se anuncian y conocen por sus trayectorias, pero no se pueden combatir o evitar, y tienen la particularidad de ser más fuertes en determinados (sin saberse) territorios, con mayores o menores daños.

 Lo que sí nos resulta posible, humanamente, ante ellos, es prepararnos con defensas, tanto materiales como intelectuales (para lo político) y entendernos los colectivos de ciudadanos para asumir el cuidado y la protección ante todos, tanto los ideológicos como los naturales.





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