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EL PRECURSOR DE MAQUIAVELO por Luis Loaiza Rincón

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Luis Loaiza Rincón


Gracias a la secularización de la política, el Estado dejó de ser confesional, se emancipó de cualquier tutela religiosa y se convirtió en un Estado laico.

 La modernidad fortaleció este proceso de muchas formas: Sustituyendo el teocentrismo por el antropocentrismo, promoviendo el materialismo y haciendo de la ciencia y de la razón medios para alcanzar el conocimiento que naturaliza la realidad sin intervención divina, tal como se expone en la teoría de la evolución natural de Darwin, en las teorías científicas sobre el inicio del mundo y en los descubrimientos astronómicos y metafísicos del siglo XXI.

 No obstante, quizás uno de los pensadores más influyentes en este proceso no fue un hijo de la modernidad sino de la Grecia clásica. Los escritos de Aristóteles, que animaron las enseñanzas escolásticas a partir del siglo XIV, tenían muy claro que la sociedad civil es en sí perfecta y autárquica y no requiere la santificación de ningún órgano sobrenatural.

 A partir de entonces se fue consolidando la idea según la cual la autoridad espiritual debía carecer de fuerza coactiva porque no era más que una instrucción ética fundada en el derecho a enseñar; que era necesaria una reforma a fondo de la Iglesia que incluyera la transferencia de la jurisdicción eclesiástica a los tribunales y la secularización de la educación.

 También se empezó a considerar que las propiedades en manos del clero fueran sólo un medio para desarrollar su tarea espiritual, pero que el control legal de esas propiedades debía residir en la autoridad secular; que jurídicamente el derecho de un papa a deponer a un rey no era mayor que el de un rey a deponer a un papa y que ambos podían ser legítimamente depuestos, pero sólo por la autoridad propiamente constituida que los elige y que la autoridad espiritual reside en la Iglesia misma, en cuanto cuerpo.

 Así llegamos a Marsilio de Padua (1275-1343), el primer teórico del "Estado Laico", que fue médico, filósofo, profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de París y rector de la misma entre los años 1312 y 1313, con cuyas obras se inaugura la idea de la subordinación del poder religioso al Estado.

 La base filosófica de la teoría de Marsilio de Padua deriva de Aristóteles quien reivindica que la comunidad autárquica es capaz de subvenir sus necesidades físicas y morales. A Marsilio le interesaba, sobre todo, acabar con el imperialismo papal que pretendía controlar, directa o indirectamente, la acción de los gobiernos seculares. En el "Defensor Pacis" (1324), al tiempo de diferenciar entre razón y revelación, desarrolla una teoría del gobierno secular basada directamente en la práctica y las concepciones de las ciudades-estados italianas.

 Adelantándose por mucho a otro gran italiano, Nicolás Maquiavelo (1469-1527), Marsilio afirmó la autonomía de la política frente al fenómeno religioso, la importancia de la soberanía popular, la supremacía del poder legislativo sobre el resto de los poderes, la distinción entre ley humana y ley divina y la concepción de que el fin de la comunidad política es la de garantizar la convivencia y el "buen vivir".

 Marsilio consideraba que el orden político debía ser competente para regular todos los aspectos de la vida social y que el equilibrio y bienestar del cuerpo social y político se generaban por la voluntad común de todos los ciudadanos que, en función del bien superior de la “civitas”, se imponía sobre todas las voluntades particulares. “La totalidad de los miembros de la sociedad ostenta el poder de ordenar las partes del cuerpo civil para el bien del conjunto, aunque de hecho sea sólo su parte principal (pars principans) la que habitualmente lo ejerza por delegación o representación”.

 Setecientos años después, muchas de estas ideas nos parecen “normales”, constituyen el estándar del mundo occidental y aparentemente no generan demasiadas controversias. Sin embargo, el integrismo religioso sigue negando la concepción laica de la vida y la enfrenta con las armas del fanatismo y el terror. Algunos hasta piensan que se trata de un choque cultural o de civilizaciones. A quienes no nos extrañan esas ideas, nos cuesta comprender que todavía tengan tan feroces enemigos.





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