Mérida, Mayo Domingo 26, 2024, 11:53 am

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Desangre ya inaguantable por Giovanni Cegarra

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GIOVANNI CEGARRA


Como lo reza la estrofa de la canción “solo dos favores quisiera pedirle a Dios”, es el diario clamor de nuestros productores agrícolas venezolanos andinos merideños, cuando salen con sus cosechas hacia los centros de consumo nacional, regional, local, deben afrontan y confrontar, el desangre ya inaguantable, que padecen en las innumerables alcabalas móviles, dizque prohibidas, que se encuentran a lo largo de las vías nacionales, en las que funcionarios de los cuerpos de seguridad, hacen de las suyas, a su libre albedrío.

 

Los dos favores que le piden los productores agrícolas a Dios, es no conseguirse con una alcabala móvil y no los desangren, los que usan el uniforme cuyo slogan “honor es nuestra divisa”, que hace buen rato, deshonraron, esos que con su cara buen lavada, les quitan gran parte de lo que transportan hacia los mercados de consumo, en una acción que bien podría ser catalogada como un robo impune, por parte de funcionarios cuyo deber es, brindar seguridad y protección en las vías regionales nacionales y no dedicarse, aunque no todos, pero por uno pagan todos, al atraco público.

 

Ni exagero, miento, denigro, ofendo, cometo perjurio, con los de la fuerza armada castrense, con lo que aquí escribo y describo, pero solo basta con conversar con los camioneros que transportan los productos agrícolas, que a duras penas consumimos, algunos con sobreprecio, que viene dado, producto de que la buena parte de la carga agrícola se queda en las prohibidas alcabalas móviles por las que tienen que pasar y bajarse de la mula, so pena de represalias, si no cumplen con el desangre ya inaguantable, del que son a diario víctima, ante la indiferencia total de las autoridades de seguridad competentes.

 

Realidad palpable, latente en esta entidad andina federal venezolana, penuria calvario, por el que atraviesan nuestros productores agrícolas, cuando transportan a los centros de consumo, el fruto de sus cosechas, se consiguen en su camino, una alcabala móvil y que prohibida, son víctimas del desangre ya inaguantable, ni para quejarse al cielo y punto.





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