Mérida, Enero Lunes 30, 2023, 01:52 pm

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Volver a la buena política por Edgar Márquez C.

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Volver a la buena política por Edgar Márquez C.


Una de las grandes necesidades de la democracia mundial es que el ejercicio de la política, soporte del propio sistema y despliegue de la capacidad social de una nación, constituya un ejemplo de fidelidad a los principios y de encauzamiento de las inquietudes o necesidades de la sociedad global.

No se concibe la existencia de la política sin base doctrinaria y principista. La ausencia de estos elementos equivale a que en el mercado comercial se expendan productos sin registro sanitario o técnico, sin sus propiedades y sus responsables. A un grupo político, trátese de partido, movimiento, agrupación, comité, liga o club, se le debe distinguir de otro, tanto por su base doctrinal y principista, como por su trayectoria de apego a ellos.

Además, el ciudadano los percibe en base a su desempeño, tanto desde la acera opositora, como en el ejercicio del mando o poder. En la democracia, todos deben coincidir en lo fundamental, pero deben existir diferencias perceptibles.

Hoy, en Venezuela el votante común no percibe diferencias entre el conglomerado opositor y frente al régimen asume que es distinto por el despliegue de un modelo económico fundamentado en el socialismo (hoy decreciente y más dudado al populismo) y en búsqueda afanosa del comunismo (del que se quieren zafar China Popular y la Federación Rusa).

En el pasado antiguo, en la Roma imperial la confrontación política era dura, fuerte, con atentados criminales y con seria confrontación. Frente al “pan y circo” de César, en una oportunidad el senado aprobó limitar el ingreso numérico de los gladiadores, por creer que las multitudes eran cada vez más adictas al espectáculo. No se pudo evitar la afición romana por la violencia deportiva.

En la Venezuela reciente, ante el evidente éxito de los juegos deportivos panamericanos (Gobierno de Luis Herrera) el partido opositor optó por sabotear el evento, sin lograrlo. Fue un inmenso éxito organizativo, que, por cierto, no sirvió para el triunfo del candidato presidencial que compartía las mismas ideas con el mandatario nacional (Caldera).

Esos estilos de despliegue político no siempre suelen ser los apropiados, pero sirven para diferenciar unos de otros. Y eso es bueno, porque ante un conglomerado nacional se deben mostrar grupos y acciones distintos, como para que ocurra el avance cultural político o democrático.

En Venezuela, mediando las buenas y rectas intenciones de los hoy dirigentes de partidos, se debe implementar un proceso de rescate de la política y especialmente de las agrupaciones con fines políticos.  Hay numerosas opciones.  Creo que se puede legislar sobre el sistema partidista. Imponer mayores requisitos para que existan los necesarios y no las conveniencias personales.  Pienso que, por ejemplo, todos los partidos deberían celebrar, bajo norma nacional, sus elecciones internas en un solo día, dejando que los electores asuman voluntariamente la militancia bajo registro, o que se proclamen independientes. Eso dejaría espacio para nuevos y auténticos liderazgos decretados por los votos.

Podríamos estar, entonces, ante un método útil para saber cuales agrupaciones pueden o no seguir vigentes, repito, bajo el imperio de la ley, y colocar en el olvido a tantas y tantas organizaciones, de las que solo se sabe cuando vemos el tarjetón electoral.

Son ideas para el debate.  





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