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Héctor Rodríguez Dugarte: El país debe definir muy bien su inmediato futuro para no perder la primera década del Tercer Milenio

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Héctor Rodríguez Dugarte: El país debe definir muy bien su inmediato futuro para no perder la primera década del Tercer Milenio


Ángel Ciro Guerrero/ Frontera/11.10.1999


La delgada línea que en el país nos marca esta crucial decisión tiende a desvanecerse y se corre el riesgo de no verla como límite en los momentos precisos. De allí lo grave de la disyuntiva en que se encuentran los venezolanos que, creyentes de buena fe, y ante el fracaso de los demócratas en resolverles sus problemas, continúan apostando a que será la taumaturgia, y no la inteligencia, el esfuerzo y la unión de voluntades, quien terminará venciendo a la hidra de mil cabezas: la gran crisis nacional. Pero si todavía confían en que la solución reside en el nuevo texto constitucional que regirá nuestros destinos en el siglo XXI, seguirán equivocados. Lo que interesadamente se buscó aprobar, con escasa discusión y apabullante mayoría, no es ni siquiera una copia mejorada de la moribunda que enterraremos en diciembre. Tampoco se distinguirá por ser reflejo de un país con fuerza de futuro. Será una Constitución hecha a la medida de un propósito muy bien definido: imponer un gobierno que, en doce años, tiene la esperanza de encontrar la varita mágica que lo arregle todo. El peligro reside en que, buscándola, se enrede más de lo que ya demuestra estar enredado; que la varita no aparezca; que termine aislado en un inmenso laberinto y los venezolanos por igual perdiendo la primera y crucial década del venidero milenio. Si regresara al estrado, de seguro su contraparte en cualquier juicio, se vería en apuros para derrumbarle estrategias y, claro está, vencerle. No sólo porque sabe de Derecho sino porque se le cuenta entre quienes, por lo menos aquí en Mérida, han continuado una tradición que, lamentablemente extinguiéndose, hizo del nuestro un Estado de oradores. Y Héctor Rodríguez Dugarte, como lo fuesen en su tiempo y en sus circunstancias Roberto Picón Lares y José Humberto Cardenal Quintero, es de los pocos que aún quedan y tienen a su favor el don de la palabra. Si decidiera reingresar a la política, en estos nuevos tiempos donde hacerlo realmente implica inteligencia, los de ayer y los de hoy le tendrían cuidado porque todavía conserva su pasta de líder. Observador, agudo, destaca entre quienes advierten las cosas tal como van a suceder, pero aconsejando cómo poder mejor enfrentarlas. Nada de Nostradamus, se aclara. Menos de Casandra en cuanto a su caso corresponde. Simplemente porque, analista en potencia, con la experiencia que otorga el haber estado durante años en la cresta de la ola, que es la política nacional; por ser un estudioso de la cuestión social y a estas alturas de su vida y de su retiro de toda actividad pública, casi convertido en consejero de nuevos y viejos actuantes en la realidad nacional de ahora, sus respuestas a las grandes interrogantes nacionales siguen siendo tan crudas como ciertas.

-Los productores agrícolas, con usted, lograron por primera vez tribuna en Venezuela.

-Sí. Fue producto de mis inquietudes sociales. Recuerde usted que desde el liceo vengo luchando en defensa de los menos favorecidos.

-¿En que se concretó ese espaldarazo?

-Constituimos una escuela permanente, en el ámbito de la región andina, que inició con buen pie el hasta entonces inexistente proceso de dirección gerencial. Esa escuela, que lo fue la Asociación de Productores Agrícolas de Bailadores, formó a los hombres que debían dirigir el desarrollo de su campo. A esas aulas, por así llamarlas, asistieron desde el campesino más olvidado de los páramos hasta el pequeño y mediano productor. Allí se prepararon, y muy bien, por cierto, una buena pléyade de gerentes capaces como lo han sido de enfrentar, sortear y vencer muchas dificultades frente al centralismo y la eterna desidia gubernamental, con voz propia que resonó, y duro, en toda Venezuela. Tanto que nuestra asociación fue la semilla. De ella surgieron organizaciones similares en las restantes zonas del país, llegando con el tiempo a ser expresión cabal de las necesidades y reivindicaciones del hombre y del campo.

-Desde el comienzo, enfrentándose al gobierno, a la sociedad.

-Tuvimos que vencer costumbres, muy bien enquistadas en el cuerpo social y en el cuerpo político. Para ese tiempo, la voz cantante del empresariado y del campesinado venezolano, por una de las tantas desviaciones entonces presentes, llegó a ser asumida por Fedecámaras, en cuyo seno, bien se sabe, privaban los grandes intereses de la agroindustria, entre ellos su voracidad por hacer suyos los escasos recursos públicos dirigidos a la agricultura. Muchas de nuestras luchas de la época se libraron contra quienes mantenían, por ejemplo, el criterio de la agricultura de puertos y consideraban exclusivamente importante para el progreso del país invertir y desarrollar tan sólo la industria petrolera y la minería:

-Lineamiento que aún persiste, no importa que el actual gobierno busque acabar con todo lo que huela a política puntofijista.

-Correcto, pero en tiempos de Carlos Andrés Pérez logramos derrotar la tesis, promovida por Gumersindo Rodríguez y Miguel Rodríguez, de importar lo que no se producía en el país y dedicar todos los recursos a un incipiente desarrollo industrial que para el Estado entonces le era fundamental. Lamentablemente, los gobiernos que le sucedieron, tanto el de Ramón J. Velázquez como el de Rafael Caldera y el actual de Chávez, pese a sus más grandes afirmaciones en contrario, nuevamente impusieron tan perniciosa fórmula económica.

-¿En que se traduce tamaña afirmación?

-Ninguno de los ministros de agricultura han sabido interpretar la necesidad de hacer de Venezuela un emporio agrícola. Grandes teóricos universitarios han conducido ese despacho sin que se hayan imbuido de las necesidades sociales que el campo amerita. Nunca se había visto en nuestro pueblo una descomposición en el campo económico agrícola como la que se está viviendo en los últimos tiempos. Los páramos andinos, con su agricultura tradicional, por primera vez se ven devastados ante la incertidumbre que se le presenta al campesinos de poder no colocar sus cosechas. Comunidades enteras que vivían de la agricultura, que tenían vida propia como Pueblo Llano, Mucuchíes y Bailadores por citar algunas, atraviesan en los actuales momentos la más crítica de sus situaciones. -

¿Qué propone para conjurar esta crisis?

-Iniciándose este gobierno hablé con algunos influyentes asesores de quienes tienen en sus manos adelantar una política de transformación del campo. En concreto, propuse que Fedecámaras, en reunión con un presidente que los tiene acorralados, recomendara a los empresarios no aumentar los salarios pero sí bajar el costo de los productos necesarios para la dieta del venezolano en un veinte o treinta por ciento de esa ganancia exorbitante, que a veces oscila entre el 200 y el 300 por ciento. Esta propuesta buscó impedir la quiebra de los pequeños y medianos empresarios agrícolas que veían llegar la espiral inflacionaria: No se nos escuchó. La espiral llegó y' los atrapó finalmente.

-¿Resultados?

-A mayores sueldos, mayor costo de insumos, por tanto mayor pobreza. En síntesis, reclamarle a este gobierno hacerle honor, por lo menos, a una de sus promesas: revolucionar el campo. -¿Lo cree posible, cuando el gobierno anda de tumbo al tambo no sólo en cuestiones ideológicas? -Este no es un proceso doctrinario de transformación en Venezuela. Este es un hecho circunstancial en la vida de los pueblos que, en nuestro caso, se dio como consecuencia de la frustración del venezolano. El pueblo cansado de vivir de ilusiones, ha puesto ahora su esperanza en los líderes del tiempo actual. Creyendo de buena fe que sí podrían satisfacerle sus necesidades, a ciegas se fue, se dejó ir en busca de quien pueda concretarle sus reivindicaciones.

-Circunstancial o no, Chávez está apareciéndose como conductor de ese tan esperanzador objetivo para una determinante mayoría.

-No lo niego. Pero si bien en Chávez el pueblo ha cifrado sus anhelos de redención, a un año las marchas y contramarchas de la clase dirigente de su gobierno no nos definen ni nos clarifican posiciones ideológicas o doctrinarias. Por el contrario nos sumergen cada vez más en una perversa incertidumbre. Las contradicciones entre el Jefe del Estado y su gabinete muestran más confusión que coherencia. Otro tanto sucede entre el gobierno y los representantes de los grandes sectores nacionales. En fin, lo que sí se aprecia sólida es la aspiración del MVR de caída y mesa limpia en cualquier escenario: desde una junta de vecinos hasta el jurado de la reina del barrio. Analice usted si el asunto aquél de la reelección y aumento del mandato fue asunto de honor o no para los constituyentes chavistas, más que otros temas fundamentales, como por ejemplo si la información debe o no ser veraz o si se aprueba o no el aborto. Por tanto enredo, amigo mío, es que estamos frente a la gran alternativa: El país debe definir muy bien su inmediato futuro para no perder la primera década del tercer milenio.

-¿Qué recomienda usted para que no ocurra tan perjudicial posibilidad?

-La implementación de leyes que hagan posible la realización de la justicia en todos los segmentos de nuestra sociedad. De no hacerlo, el presidente aunque ejerza por doce largos años el gobierno, jamás encontrará salidas a la crisis. Y esa crisis proseguirá profundizándose hasta extremos insondables. Pero por sobre todas las cosas darle cumplimiento a cada uno de los compromisos contraídos con el pueblo durante su campaña electoral. Sin olvidar castigos ejemplares para los culpables de corrupción, que ya están apareciendo, y muchos, en su gestión. -Algunos analistas coinciden en que todo se concretó en un simple quitar unos para poner otros. -Hasta el momento, las señales que parten del gobierno apuntan hacia ese objetivo, dado el excesivo pragmatismo del líder y de sus principales seguidores. Recuerde que el pragmatismo también caracterizó, hasta dañarlo, el largo ciclo puntofijista. Lo que estamos presenciando, impávidos y también frustrados, es un simple cambio de administradores, pero no de costumbres. Por ello advierto que se debe estar alerta para que en la carrera por hacer ahora lo que no pudieron en el pasado, los que hoy están mandando no caigan en perversiones, una de ellas la de un enriquecimiento violento. No debemos olvidar que el proceso de descomposición en Venezuela lamentablemente está muy enraizado en todos los estamentos de nuestra vida republicana: desde el mundo político al mundo empresarial y desde la propia Iglesia y las Fuerzas Armadas hasta toda clase de organizaciones, sin excluir, claro, nuestras universidades.

-Hay que apostar, entonces, a que se logre, de una vez por todas, un cambio profundo en la Venezuela y el venezolano actual.

-Se precisa un cambio de mentalidad, fundamentalmente en nuestras nuevas generaciones que; si no hay egoísmo por parte de los encargados de formarlas, deben ser preparadas con la amplitud necesaria para vislumbrar dónde y cuál el mejor camino que el país deba transitar en lo adelante. Y con una coraza moral y ética tan fuerte que al corrupto le resulte imposible horadar y dañar la conciencia del nuevo venezolano.

-¿Cree usted que en el país de hoy día habrá voluntad cierta para que se alcance ese nivel en todos y cada uno de los estratos de nuestra sociedad?

-Es un problema de supervivencia: O se impone la moral, se rescata la ética y nos disponemos todos a pensar más en los grandes intereses nacionales, o dejarnos que las cosas prosigan como están y nos hundamos. Hay que evitar la castración de los muchachos que desde el liceo o la universidad se avizoran como dirigentes y dedicar mayores esfuerzos en su formación moral, intelectual y social. Si este proceso vital para la nueva Venezuela no ocurre cuanto antes, la excesiva riqueza petrolera de nuevo conducirá el Estado a ser manirroto y paternalista; y su dirigencia actual terminará mañana arrastrada por la plutocracia que por igual pervirtió ayer la clase política y dirigencial venezolana.

-Eso hay que evitarlo, está bien. Pero se avizora como tarea difícil.

-El país no admite más debilidades. Tiene tantas fracturas en su cuerpo social, político y económico que ya no aguanta dilaciones. Enfrentar la crisis es cuestión de honor y compromiso insoslayable. Estoy conteste que en tan primordial tarea no debemos dejar solo al gobierno; que a la mejor formación de nuestra juventud se sume la Iglesia ejerciendo su verdadero papel en la conducción moralizante; que se presione por todas las vías que nos otorga la democracia, para que ese proceso se consolide en paz sin traumas de cualquier naturaleza.

-En ese proceso, ¿qué papel le asigna usted a las Fuerzas Armadas?

-Deben regresar a sus cuarteles para continuar preservando la soberanía nacional, fundamento esencial de su creación .No activar en la calle, porque al desviar su verdadero propósito constitucional podría resquebrajarse y minimizarse el ejercicio fundamental y la realización misma del enorme papel que el Estado les tiene encomendado. Recuerde usted que detrás de todo mandatario giran factores extraños que siempre los desvían de sus más caros objetivos. Y detrás de las FFAA, como lo dijo Francisco Arias Cárdenas, si Chávez continúa con su política de militarizar la administración pública, podría enquistarse una inmensa corrupción ante el manejo abusivo de la actual riqueza nacional.

-¿Habrá moral y voluntad suficiente para prevenir esa avalancha?

-El día que perdamos la fe en nuestro pueblo habremos liquidado el futuro del país. Yo creo en las nuevas generaciones. Tengo esperanza en que los hijos de esta gran patria de Bolívar, serán valientes para enfrentar las desviaciones que puedan presentarse en este o cualquier otro gobierno.

-Pero la mesa está servida para que el presidido por Chávez dure doce años.

-No olvide usted que si el pueblo se equivoca, también es capaz de rectificar y reclamar, por la fuerza, cualquier error o cualquier olvido. Si Chávez fue producto del descontento, nada de extraño tiene entonces la, aparición de un contendor que, electoralmente y en una nueva circunstancia, sea para el pueblo quien mejor pueda izarle las banderas de la reivindicación popular.

-Por lo pronto, nadie apuesta a esa posibilidad. La crisis de los partidos no permite avizorar la inmediata aparición de una sólida contraparte.

-El proceso de descomposición interna los ha hecho reducir a su más mínima expresión. Y sólo la reconstrucción de una clase dirigente que nazca de las cenizas de estos partidos, podrá alumbrarles un futuro mejor. A los políticos de reciente data habría que advertirles se miren en el espejo de los políticos de viejo cuño. Por sus reiterados errores de toda clase, los desplazados no podrán salvarse del juicio de la historia, pero los recién llegados parecieran no haber aprendido la lección. Están Incurriendo precisamente en lo mismo que fue causa del hundimiento de sus antecesores.

-¿No hay diferencia, pregunto, entre el chavismo y puntofijismo?

-Entre el polo que junta, como un arroz con mango a todos los grupos y partidos que apoyan al presidente, no se observa demostración alguna de democracia interna; tampoco claridad ideológica. Es un polo donde convergen muchos intereses y donde actúan distintas voluntades. Ya la voz del líder no se acata como al principio que, para escucharlo, todo el mundo se paraba firme. Por más que traten de esconderlas, se vislumbran severas fracturas y hay quienes hablan hasta de posibles divisiones. Por eso el desesperado intento de ir hacia el partido único. En suma, lo que ayer hacían las fuerzas puntofijistas, hoy lo clonan las fuerzas chavistas. Lamentablemente sin detenerse a pensar que tantas manos terminan poniendo el caldo morado.

-¿Y en su partido, AD?

-La situación continúa terrible. No se vislumbra un propósito cierto de enmienda. Las pugnas por mantener privilegios, antes que desaparecer, están ahondándose. Resulta lamentable que en aras del personalismo, ese viejo y noble partido esté ahora acorralado cuando, como en otras ocasiones vividas, por ejemplo en dictadura, debería estar encabezando una oposición frontalmente dura pero democrática.

-A todas estas, ¿qué país anhela usted?

-Un país renovado en todas sus instituciones. Un país capaz de enfrentar los problemas de las grandes masas desposeídas. Un país que ponga en práctica la justicia, el respeto, la igualdad, lo plural y las posibilidades que, dadas a sus hombres, puedan conducirlo a la conquista de ese futuro mejor que todos anhelamos. Quiero un país fortalecido en lo moral, donde la ética sea bandera, donde la solidaridad se patentice en cualquier rincón del alma social. Anhelo un país que sea gobernado por sus mejores hijos, por gente que de verdad quiera a Venezuela.

11.10.99





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