Mérida, Enero Domingo 29, 2023, 11:57 am

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CADA VEZ MAS ESCÉPTICOS por Luis Loaiza Rincón

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CADA VEZ MAS ESCÉPTICOS por Luis Loaiza Rincón


Desde que se inició el debate contemporáneo sobre la globalización, ha cobrado fuerza la opinión de los llamados “escépticos”, que siempre consideraron que el Estado seguiría siendo por mucho más tiempo el gran protagonista de la política. Muy optimistas resultaron las previsiones de los que pensaron que un mundo mejor era posible a partir del aumento de la transnacionalización y regionalización de la gobernanza, gracias a la cual, cada vez más actividades gubernamentales quedaban enmarcadas o integradas por acuerdos internacionales e instituciones transnacionales.

 Se llegó a pensar, incluso, que la revolución de la tecnología de la información; la interacción transfronteriza de los flujos de capital, conocimiento, información, productos de consumo y población y algunos cambios de la política y lo político; bastaban para crear un nuevo marco de relacionamiento mundial.

 La verdad es que el notable crecimiento de la interconexión económica dentro de las regiones y entre ellas; el aumento de la competencia política y económica que desafía las viejas jerarquías y genera nuevas desigualdades; los problemas transnacionales y transfronterizos, como la destrucción del medio ambiente, el crimen organizado y el terrorismo internacional, que amenazan a todos los gobiernos, no han sido suficientes para construir respuestas supraestatales eficaces.

 Las rutinas cotidianas en el mundo siguen dominadas por las circunstancias nacionales y locales, la lógica estatal está consolidada y cada vez es más urgente colocar en su centro al ser humano y el pleno cumplimiento de sus derechos fundamentales.

 De los Estados sigue dependiendo el acceso universal a la educación y a la sanidad; la ratificación y aplicación de los distintos protocolos medioambientales; terminar con prácticas como el dumping en el comercio internacional; reformar el actual sistema de patentes para que productos como los medicamentos sean accesibles a todas las personas; erradicar el abuso laboral y la explotación infantil; prevenir y resolver los conflictos bélicos y controlar efectivamente el comercio de armas. Hasta la Organización de las Naciones Unidas, experta en estos temas, está en franco declive, atada de pie y manos frente a las tensiones que generan China, EEUU y Rusia.

 Lo que si crece es la conciencia sobre los peligros que corre la vida misma del planeta, a causa de un capitalismo depredador sustentado en el excesivo productivismo y en la sobreexplotación que amenazan el medio natural y perjudican las especies animales, las tierras, las aguas, la atmósfera y la supervivencia del hombre mismo. Este aniquilamiento de la vida se paga, además, con el sacrificio de millones que enfrentan las consecuencias del hambre, la exclusión social, la degradación ecológica, la violencia y la muerte.

 El mundo de hoy, aunque lo percibamos como más pequeño, está fuertemente ligado al Estado-Nación, los nacionalismos resurgen una y otra vez y persisten los conflictos políticos entre los Estados. Cada vez son más escépticos los que alguna vez pensaron que la globalización haría del mundo un lugar más seguro, solidario y pacífico.





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