Mérida, Enero Sábado 28, 2023, 05:13 am

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ADVERSARIOS, NO ENEMIGOS por Luis Loaiza Rincón

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ADVERSARIOS, NO ENEMIGOS por Luis Loaiza Rincón


En algunos países, los partidos políticos en lugar de convertirse en herramientas fundamentales de profundización democrática, constituyen su principal obstáculo, aunque en su naturaleza persista la vocación de organizar la política, fundar identidades ideológicas y representar los diferentes intereses sociales. Está claro que la acumulación de poder atrofia la voluntad democrática y pervierte institucionalmente unos medios que terminan convertidos en fines.

 El marco institucional en el cual coexisten, interactúan y compiten los partidos, constituye lo que se conoce como Sistema de Partidos. Tal sistema implica el número de partidos, las magnitudes relativas de cada uno de ellos y, sobre todo, las relaciones que establecen entre sí.

 Los sistemas de partidos pueden ser de distinto tipo, según el criterio que se use para clasificarlos. Si se utiliza el criterio del número de partidos, encontraremos sistema de partido único, bipartidista y multipartidista. Si se consideran las características de la competencia política, la distancia ideológica y el grado de fragmentación de los componentes del sistema, podríamos distinguir entre sistemas de partido único, partido hegemónico, partido predominante, sistemas bipartidistas, los de partidos de pluralismo limitado o moderado y los sistemas de partidos de pluralismo polarizado o extremo.

 Los sistemas de partidos también se entienden como los modelos históricos de resolución de los conflictos sociales que predominan en una determinada sociedad. En consecuencia, los partidos y sistemas de partidos expresan las complejidades sociales en un momento determinado, organizan y encauzan las diferencias con el propósito de buscarle salidas y para ello establecen relaciones interpartidistas que van desde la cooperación hasta el conflicto.

 

En democracia, generalmente, las relaciones entre los partidos son de cooperación o de conflicto agonal, no existencial. La vigencia y éxito de un partido no implica el aniquilamiento del otro. En situaciones de conflicto agonal, si bien se aspira a superar o vencer al oponente, no se pretende eliminarlo ni suprimir el conflicto, sino resolverlo. Esto implica reglas del juego aceptadas por todos, porque no hay enemigos sino adversarios. Allí donde existan relaciones mixtas, de cooperación y conflicto, comúnmente se realizan “transacciones”, es decir, negociaciones y regateos, en los que los actores buscan sacar el “mejor provecho político”. Valga destacar que las relaciones de conflicto existencial se expresan en situaciones de guerra civil latente o manifiesta.

 

El sistema de partidos, por tanto, constituye una realidad dinámica y su “fisonomía” depende en gran medida del carácter de las relaciones que, en un momento histórico determinado, se establezcan entre los actores político partidistas. De manera que en las relaciones entre los partidos también cuenta la madurez del liderazgo y su capacidad de encontrar soluciones, sin llegar a la guerra civil.





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