Mérida, Enero Domingo 29, 2023, 06:56 pm

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Conocer a un autor por Ricardo Gil Otaiza

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Conocer a un autor por Ricardo Gil Otaiza



A raíz de la publicación de mi artículo Marías íntimo de la semana pasada, diversas fueron las reacciones de los lectores por lo que allí expresé. Sin embargo, considero que el aspecto del conocimiento de la vida del autor como complemento del de su obra, fue lo que más llamó la atención en algunos, y creo que es importante que me detenga un poco en el asunto. Por experiencia propia ha sido generalmente la obra de muchos autores la que me ha llevado a la larga a intentar conocer su vida. Claro, también me ha sucedido que he llegado primero a sus biografías, y ellas han sido magníficos puentes para acceder a sus textos. De los cuentos, las novelas, los artículos y los ensayos (para no mencionar a todos los géneros) he dado el salto a la interioridad de los creadores, y ni qué decirlo: la complementariedad ha sido enriquecedora.

   Con mucho tino una colega historiadora me dijo que era importante conocer la vida de los autores para comprender su obra, porque generalmente quienes publicamos (ficción y no ficción) mostramos en nuestros textos parte de la interioridad (nos desnudamos, sin más), y en los mismos podemos hallar claves que nos permitan tener una visión más amplia de su alcance y significación. Y esto es relevante no solo en la literatura, para asombro de todos, sino también en muchos otros campos y disciplinas: la filosofía, la historiografía, las mal llamadas ciencias duras, la teología, y paremos de contar. Suena taxativo, pero podría ser una realidad: conocer al autor es conocer su obra. Aunque…

   Ahora bien, veamos otra arista importante. La visión que yo pueda tener como autor acerca de mi obra, podría estar sujeta a muchas variables que no respondan necesariamente al método científico (es decir: ser demostrable y replicable). Desde mi propia perspectiva, la validez, calidad, importancia e impacto de mi obra están sujetos, entre otras cuestiones, al ego y a mi historia personal. Lo que para mí implica una recepción formidable de mis textos, para otros esto no tendría posiblemente ningún peso ni valor. Es más, hasta sería risible. En contraposición: un autor desprevenido podrá tener el peor de los conceptos de sus libros, contraviniendo de manera alarmante la noción que los otros (la crítica y el público) tienen de los mismos; incluso: hasta las propias estadísticas. No hay allí correspondencia posible.

   Si bien es cierto que la vida del autor y su obra se conjuntan en una suerte de amalgama, como queda dicho, que hace de ellas “una misma pieza”, la historia y la visión personal del autor no siempre van de la mano con la obra que han podido alcanzar. Muchos autores han denostado de su propia obra, y la han abandonado a su suerte, mientras otros la han aplaudido a rabiar. Hay autores que aun siendo geniales y que han roto de un tajo con el canon, sus vidas son (o han sido) auténticos desastres, rayanos en el desvarío y la tragedia, y todo esto no solemos hallarlo en sus páginas. Muchos genios han sido unos pérfidos, misóginos, asesinos y malas personas, y cuando nos acercamos a sus obras quedamos maravillados ante su magnificencia. Cuando vemos el impacto de la obra de Albert Einstein en la física teórica y en la ciencia en general, por ejemplo, no podemos sino alabarlo y afirmar en coro: ¡fue un genio! Pero cuando leemos acerca de su vida, de sus relaciones familiares, de su papel como esposo y como padre (intentando desentrañar la clave de sus portentosos hallazgos científicos), nos quedamos pegados en el asiento, y no podemos evitar una mueca cercana a la perplejidad y a la náusea.

   Como podemos observar, no siempre vida y obra van de la mano. No es una regla que lo que leamos retrate el corazón y el alma de quienes lo crearon. Hay casos que sí. Veamos someramente algunos de ellos. Leemos a Pablo Neruda y nos conmueven muchos de sus poemas, otros crispan la piel y nos causan desazón, pero el hombre que se asoma en ellos es en esencia el que vemos retratado en su obra. Cuando estudiamos Confieso que he vivido (su autobiografía) y cotejamos todo lo que allí afirma con lo mejor de su poesía, llegamos necesariamente a la conclusión de que esos textos poéticos no podían nacer de un espíritu sosegado y tranquilo, o de un ser indiferente al mundo y a sus placeres. Fue Neruda, qué duda cabe, un hombre que exprimió a su vida hasta la última gota de placer orgiástico, y su poesía contaminada de ideología está en correspondencia con su manera de entender la política y la vida. Si analizamos Así habló Zarathustra de Nietzsche y leemos su vida, comprendemos de inmediato que se trata de la obra mayor de un ser atormentado (desquiciado) por sus demonios. Casi la totalidad de la obra del autor húngaro Sándor Márai es la clave perfecta para conocer, no solo la tragedia de su país y de buena parte de Europa, sino de su propia vida. La guerra, la destrucción y la muerte son variables presentes en su vida y en su obra. Leer de su trasiego es comprender su obra, y viceversa. Cuando nos adentramos en sus Diarios1984-1989 asumimos a cabalidad el horror narrado en sus novelas.

   No hay una ecuación perfecta que nos muestre a cabalidad la relación entre una obra y la vida de su artífice. Sin embargo, ambas suelen estar conectadas en una especie de simbiosis, que nos da pistas para conocerlas mejor y abrir el espectro de una mirada que se hace así más certera y humana.

rigilo99@gmail.com





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