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Mérida Cumpleañera por Carlos Guillermo Cárdenas D.

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Mérida Cumpleañera por Carlos Guillermo Cárdenas D.


Mérida, la ciudad más hermosa y bucólica. Si repasamos cada uno de los tesoros que acumula la ciudad serrana, el clima acogedor, ni frio de páramo ni cálido de la tierra baja, el paisaje por el que las almas ascienden a los empinados riskos, los montes que la abrazan de soberbio colorido que el escritor merideño Julio César Sardi magistralmente llamó Sinfonía del Verde por la variedad de colores que engendra.

El árbol florido

“porque después de todo he comprendido,

que lo que el árbol tiene de florido,

viene de lo que tiene en lo mas profundo de sus raices, sus entrañas”.


Mérida, cuna de ilustres escritores que elevaron a lo más alto las letras merideñas.

Mérida, cuna de la primera universidad republicana de la América Hispana. La segunda arquidiócesis y el segundo seminario, que acogió a los niños pobres de las aldeas y parajes más recónditos de la geografía regional.

Mérida cumpleañera, con el sistema teleférico más largo, se erige majestuosamente a nuestras espaldas.

Mérida, con los cinco picos cual cinco águilas blancas de la leyenda de Don Tulio Febres Cordero.

Mérida, la única con tierras frías de neblina y nieve, de tierras templadas de la meseta de Tatuy y tierras calentanas de la zona baja.

Mérida, productora de agua por excelencia.

Mérida, aquella ciudad pequeña y provincial que le otorgó al brigadier Simón Bolívar el título de Libertador, que erigió el primer monumento en su honor, La Columna, que se levanta majestuosamente frente a la Sierra Nevada. Una de las siete provincias que en 1810 sumaron el grito de libertad.

Mérida, con la primera Academia Multidisciplinaria del país, cumpleañera de 30 años de su fundación el próximo 12 de octubre. Su Pdte el académico Luís Alfonso Sandia presente en ente multitudinario acto.

Mérida estudiantil, colmada las calles y avenidas de colorido juvenil.

Mérida, la ciudad que uno se enamoró como la muchacha hermosa, que el joven enamora. Así es Mérida.

Mérida, en sus cuatrocientos sesenta y cuatro años de fundada. Cuatricentenaria sexagésima cuarta en edad.

Mérida, de los ríos cantarinos que aprendieron los versos de poeta Garcilaso.

El rugir de sus piedras, el bramido de su voluptuosa agua que desciende de los picachos con fuerza indoblegable.

Mérida, la única con 7 avenidas longitudinales que discurren de sur a norte y 43 calles que la atraviesan. Con la plaza Bolívar más hermosa, el Bolívar ecuestre. El aeropuerto en el alma de la ciudad, que mi profesor Robert Lechman, exclamó único en el mundo.

La catedral más imponente ahora basílica menor. El palacio de gobierno, obra del arquitecto Mujica y el Rectorado del mismo arquitecto.

Esa es Mérida y mucho más.

Impetuosa como su temperamento es la palabra de Mérida cuando exclama a los cuatro vientos.

Ustedes son Mérida, juventud que se levanta victoriosa y desafiante ante la majestuosidad del gran macizo de la cordillera andina.

Muchos hombres y mujeres aportaron en la gran obra que es Mérida. Porqué no mencionar a Juan Milla, venido de tierras neogranadinas, una combinación de maestro de obra y arquitecto. Planificó el norte de la ciudad. El primer plano de la futura ciudad. Honor a quien lo merece. Frai Juan Ramos de Lora, el obispo visionario advenido de lejanas tierras, colocó las primeras piedras de lo más tarde sería la Universidad de Los Andes. Antonio Ignacio Rodríguez Picón que defendió la causa patriótica y en un gesto único de la guerra de la independencia, entregó sus cuatro hijos al Brigadier Bolívar en su paso de la Campaña Admirable. Gabriel Picón el niño héroe de los Horcones, cuando se creía muerto, Bolívar le escribió a su padre el único soneto que se le conoció: “Y tu padre que exhalas suspiros, al perder el objeto más tierno, recuerda que el deber a la patria es primero”.

Juan de Dios Picón González que sentó las bases reglamentarias de futura Universidad de Los Andes. Parra y Olmedo que la rescató de las ruinas. El sencillo y recordado arzobispo Chacón que construyó la hermosísima Catedral de Mérida. Y hombres y mujeres sencillos, del común, que aportaron su fuerza muscular y aliento espiritual para hacer de Mérida, la mas bonita y la mas esbelta.

La ciudad que está asentada en una colina nunca podrá estar oculta. Mérida se levantó cuál águila que alza vuelo, para mostrar sus encantos y tesoros al mundo.

Esta es la Mérida cumpleañera, con sus 464 años. La ciudad que se construyó sobre una meseta, frente a la imponente Sierra Nevada, adornada por jazmines y bucares, el araguaney de amarillas flores, dando colorido para inspirar a poetas y escritores.

Invocando al poeta romano Virgilio:

“Madre fecunda en mieses y en ínclitos varones. Sus mieses dieron trigo para la comunión de esperanzas y sus varones dieron sangre y dieron hijos, para la muerte por la Libertad”.
A manera de colofón, como olvidar el bellísimo soneto que Régulo Burelli le ofrendó al páramo merideño:

“Este páramo adusto que dialoga con Dios como Moises

Este sombrío ventísquero de rocas y de frio

Esfinge a la que en vano se interroga

Pensativo monarca del desierto, en tu mudez se ahoga todo alarde de humano desafío

Y aunque te yergue como el de Cristo,
Tiene el pecho abierto".

De donde emerge y fluye un río”.
 
En Mérida, vi la primera luz, crecí en la calle 25, bailé trompo y elevé papagayo. Estudié en la Escuela Nacional Picón, en la escuelita de doña Dolores Calderón y la señorita josefina de gratísimo recuerdo, estudié en la Escuela Infantil Mérida, en el Colegio San José, en el memorable Liceo Libertador y obtuve el título de Médico en la Universidad de Los Andes. Aquí formé mi familia. Me hice profesor de la Universidad y especialista del Hospital Universitario de Los Andes.

Aquí bajaré al sepulcro para acompañar en la vida eterna a mis padres y a los padres de mis padres.


El Alcalde:

Usted es el depositario de la confianza popular. Le corresponde responder a la gigantezca demanda de una comunidad ansiosa de respuestas y resultados.

La providencia le ha sido generosa. Los merideños miran en usted un nuevo político que demanda más que promesas respuestas. La ciudad, agobiada por cualquier grado de inseguridad, insalubridad, anarquía, mira en usted esa esperanza.

Es el gran reto y desafío que usted tiene por delante.

En reciente visita del alcalde al Centro Clínico, un paciente le exclamó: Joven alcalde, no ofrezca mucho pero cumpla lo que ofrece. Ese es el sentimiento que priva en el común de la gente.

Los problemas se repiten y agigantan. El país y la ciudad no están mirando ni color ni credo, sino la capacidad de resolverlo.

Un nuevo fracaso de la gestión municipal sería doloroso para la esperanza popular.

Como médico especialista recorrido por la vida hospitalaria, le digo a usted:

Vaya a las comunidades, escúchelas, atiéndalas, tienda la mano, allí está un pueblo noble y honesto a la espera soluciones, que cuando quedan insolutos, se agigantan para la esperanza popular.

09 de octubre de 2022




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