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Día de la Alimentación: "No dejar a nadie atrás" por Padre Edduar Molina Escalona

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Día de la Alimentación: "No dejar a nadie atrás" por Padre Edduar Molina Escalona


Desde 1979, cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, una celebración dirigida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con el claro objetivo de disminuir el hambre en el mundo, dar a conocer los problemas relacionados con el hambre, así como sensibilizar a todos los pueblos del mundo para fortalecer la solidaridad, contra la desnutrición y contra los problemas asociados.

 

La FAO celebra cada año el Día Mundial de la Alimentación promoviendo diversas jornadas que promuevan la concienciación y la acción, en todo el mundo, en beneficio de los que padecen la lepra del hambre y no deja de recordarnos la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria, la búsqueda de soluciones a las controversias relacionadas con la producción, el procesamiento y la distribución de alimentos, existiendo grupos de consumidores y productores que cuestionan métodos como la cría de animales en granjas, los alimentos modificados genéticamente o el uso de pesticidas.

 

Una misión que nos corresponde a todos: “sembrar conciencia de alimentar el otro”, alimentar la humanidad con los valores de la familia, de cristianos que se nutren de Cristo “Pan de Vida Eterna”. (Jn 6,51-58). Por lo tanto, estamos llamados a reorientar nuestra mirada hacia lo esencial, hacia lo que nos ha sido dado gratuitamente, focalizando nuestra labor en el cuidado de los otros y de la creación (Laudato si, 216).

 

El tema de la Jornada de este año es: “No dejar a nadie atrás”. En su mensaje el Papa Francisco, con motivo de esta fecha, nos recuerda que no será posible hacer frente a las numerosas crisis que afectan a la humanidad si no trabajamos y caminamos juntos, sin dejar que nadie quede atrás. Para eso es necesario, ante todo, que veamos a los demás como nuestros hermanos y hermanas, como miembros que integran nuestra misma familia humana, y cuyos sufrimientos y necesidades nos afectan a todos, porque “si un miembro sufre, todos los demás sufren con él” (cf. 1 Co 12,26). Se ha avanzado mucho en construir un mundo mejor, pero hay mucha gente que se ha quedado atrás. Muchas familias no pueden permitirse tener una alimentación sana, y eso repercute directamente en su salud.

 

En mi recuerdo de niño de escuela en los lejanos pueblos del sur de Mérida, al lado de mi madre-maestra se mantiene viva la memoria del Día de la Alimentación, los escueleros preparábamos con gran pasión y alegría la poesía a la hortaliza, fruta o legumbre que nos correspondía representar, así como al concurso de carteleras como un modo de resaltar tan especial efeméride, además de preparar un rico “currunchete” para aprender la identidad cultural de nuestra gastronomía andina. Manera especial de mi maestra de ayudar a sembrar conciencia de cuidar los alimentos y valorar la riqueza de la tierra. Hoy más que nunca se necesita desde las escuelas volver a retomar estas fechas de concienciar y asumir el reto de un mundo más justo y solidario, de no solo preocuparnos sino ocuparnos de una solidaridad alimentaria y el apoyo al campesinado que hoy sufre tantos embates como la falta de combustible para trasladar los alimentos de la tierra desde los campos a las ciudades de nuestro país.

 

Sin dejar de pensar que el alimento que nos da la vida en plenitud, el alimento que sacia toda el hambre que anhela el corazón del hombre, sólo lo encontramos en Jesucristo, solo con Él podremos calmar nuestra sed, como lo expresa san Agustín: “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto y sin sosiego, mientras no descanse en Ti”.

 

Mérida, 16 de octubre de 2022





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