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Japón y equilibrio de género por Sadcidi Zerpa de Hurtado

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Sadcidi Zerpa de Hurtado


Después de crecer a tasas cercanas a cero durante la década del 2000, la población de Japón ha disminuido durante la segunda década del siglo XXI y mantiene una tendencia decreciente en los últimos años. Entre las razones detrás de esta reducción se encuentran: la baja fertilidad persistente —la tasa de fertilidad japonesa ha disminuido desde la década de 1970—; la menor tasa de matrimonios; y la baja maternidad fuera del matrimonio.

Los jóvenes japoneses son cada vez más reacios a casarse y tener hijos, en parte debido a la rápida mejora de sus oportunidades económicas. Por otra parte, el descenso de la tasa de nupcialidad en Japón es atribuible a la persistencia de los roles de género domésticos tradicionales, que hacen recaer sobre las mujeres una pesada carga en la gestión de las tareas domésticas y el cuidado de los niños. Además, la contribución de los hombres japoneses a las tareas domésticas sigue siendo muy baja y el desequilibrio de género en el trabajo doméstico es todavía importante. Esta desigualdad de roles de género en el hogar, frente a la ampliación de las oportunidades económicas para las mujeres, ha hecho que para las mujeres casadas sea cada día más difícil equilibrar la vida laboral con la familiar; situación que minimiza cualquier interés por el matrimonio.

El gobierno japonés, preocupado por las consecuencias sociales y económicas que puede traer la baja fertilidad y el rápido envejecimiento de la población, puso en marcha una serie de programas para abordar la shoushika-taisaku a mediados de los años noventa. El objetivo inicial fue proporcionar ayuda a la crianza de los hijos mediante el aumento de la oferta de servicios de guardería y la defensa de un mejor equilibrio entre la vida laboral y la personal.

Ante la ausencia de resultados convincentes y el inicio del actual declive demográfico —desde finales de la década del 2000—, los esfuerzos políticos de Japón se han incrementado. Los gobiernos japoneses han abogado por una política de ayuda a largo plazo desde el nacimiento hasta la juventud. En la década de 2010, la baja fertilidad se convirtió en una parte integral de las políticas públicas de Japón. Las políticas de baja fertilidad se incorporaron en la política macroeconómica del país, en la planificación territorial nacional, así como en las metas de desarrollo regional y local. A pesar de estos esfuerzos, las políticas japonesas no han logrado aumentar la fertilidad que permitiría reducir los efectos sociales y económicos del descenso-envejecimiento de la población.

La experiencia de Japón demuestra lo difícil que es restablecer la fecundidad una vez ha disminuido, esto debido a que las condiciones que desincentivan tener hijos predominan. En este sentido, un aumento inmediato y drástico de la migración internacional o la liberalización planificada de las políticas migratorias de un país no serán suficiente para superar una crisis demográfica como la japonesa. Para lograr resultados diferentes, el esfuerzo gubernamental se dirige al apoyo a las parejas, al desarrollo de incentivos para que las empresas contribuyan en el esfuerzo de los trabajadores para equilibrar sus funciones laborales y familiares, así como en la disminución de los costos sociales y económicos de las actividades en el hogar.

Así, con roles de género en el hogar Japón espera ser menos tradicional para que el mercado laboral avance en favorecer las realidades laborales y familiares de mujeres y hombres. De esta manera, el esfuerzo público y privado se concentra en hacer del lugar de trabajo y el hogar un espacio más favorable a la familia en el que lo inevitable de la desigualdad de género no afecte el sano crecimiento del hogar y del país.   

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