Mérida, Enero Domingo 29, 2023, 11:51 am

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Madurez humana en la política por Edgar Márquez C.

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Madurez humana en la política por Edgar Márquez C.


La deshonra de la actividad política, concebida como la dirección de los asuntos del Estado, desde varios niveles territoriales, todos enlazados, en Venezuela ha tenido unas manifestaciones percibidas no solo en las encuestas de opinión pública, sino también en las propias elecciones y en el hecho de que millones de compatriotas se han ausentado del territorio por no percibir garantías para asegurar el futuro.

Esa ausencia de garantías o no avizorar un porvenir venturoso es algo que compromete (y cuestiona) el desempeño tanto del gobierno, del régimen gobernante, como de la propia oposición. Término este último que se debería reformular, porque es más aplicable a la incidencia parlamentaria clásica (y aquí no la hay), donde unos se oponen a otros, cuestionan y votan en contra.

En los meses recientes se han venido dando a conocer los resultados de revisiones de la opinión de los venezolanos sobre el desempeño de los políticos. De un modo general, sin precisar estratos, ciudades o lugares, los números revelan que en un ochenta por ciento los encuestados (y eso es aproximado con la realidad global) no están de acuerdo ni con unos ni con otros.

Es decir, hay un inmenso espacio poblacional donde no han calado los mensajes, tanto de los gobernantes, con su inmensa capacidad mediática (advirtiendo que cada día más venezolanos ven la televisión extranjera), ni tampoco los de los factores que adversan y sus famosas redes sociales, tan distorsionantes como generadoras de confusión y desaliento. Tanto que hay un sector importante que ahora solo usa su teléfono para acceder a chistes, música y mensajes preelaborados.

En ese eslabón poblacional, donde hay desaliento, desconfianza y a la vez esperanzada observación, ha incidido también el hecho de que hace varios años se desplegó una estrategia para suplantar el viejo liderazgo partidista adeco – copeyano – masista por una nueva generación de estudiantes universitarios y de políticos de nuevo cuño (Capriles. López, Borges, etc.).

Esa tarea tuvo como soporte el canal de televisión Globovisión, en manos privadas, cuando aquella señal superaba por horas (diarias) u horarios al recio proyecto comunicacional de Gustavo Cisneros (Venevisión). La imagen, propiedad de Machado y Ravell, dominaba la escena nacional y cualquier dirigente que no fuera joven aparecía con rareza. Los entonces productores de los programas de opinión y sus conductores eran de invitaciones, agasajos y se consideraban figuras, que, en la realidad de los hechos, no eran.

Pues bien, esa generación joven despertó las emociones y ahí quedó, en medio de un recuerdo, y ahora aparece altamente cuestionada por su vinculación con hechos no perfectamente aclarados pública y judicialmente, lo cual es otro de los factores, y en estos meses el más importante, para el descrédito de la política, como acción en favor del bien común general.

En razón de todo ello, creo que los políticos con figuración importante deben ser personas con plena madurez, personal, profesional, familiar e intelectual (ideológica) para evitar los quiebres emocionales, morales, éticos y principistas, y las debilidades no solo derivadas de las ambiciones de dinero y figuración, sino también de creer que por ser jóvenes todo lo pueden y que, además, se puede engañar impunemente.





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