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CRÓNICAS MEMORABLES

Un genio llamado Ibrahim López García por Orlando Oberto Urbina

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Las tortugas, las esporas e Ibrahim López García


Egresado de la ilustre Universidad de los Andes como ingeniero civil, en  el año 1954, se dedicó al estudio de las estructuras, y en su inventiva logró diseñar una forma giroscópica radicalmente distinta de las conocidas en el campo de las aeronáutica; con ayuda, lógicamente de las experiencias que obtuvo dentro del área de su especialidad, como eran las estructuras membranales. En su investigación concibió una diferencia dinámica estructural sumamente liviana, exigua, por lo que resultó un elemento impulsador excepcionalmente novedoso.

Para comprender su invención de cúpulas, trompos y vuelos, primero se debe recordar aquella carta que el 30 de Enero de 1847, enviara Don Simón Rodríguez a José Ignacio París, una carta que termina diciendo en palabras: “Ni me acuerdo de los muchachos con quienes jugué al trompo”. Lo cual vendría a colación en esta cita, porque era lo que más presente tenía Ibrahim en su pueblo, o lo que fue su inspiración, ya que uno de sus hermanos fabricaba trompos, y él mismo cuando muchacho jugaba y observaba el movimiento giratorio del trompo.

Ibrahim planteó el desarrollo de una tecnología al alcance del pueblo, de manera que fuera social, independientey humana. Adelantado a su tiempo como era, su genio fue discriminado, pero su obra fue reconocida por sus enemigos nefastos por considerarla sopechosa de conspiración; y tal vez no se equivocaban, porque era popular su ciencia y era humana, sensible. Provenía de la simple observación profunda de la naturaleza. El aprovechamiento de una nueva energía para la vida en la tierra era uno de esos proyectos al igual, que Trompos, Cúpulas y Vuelos. Y en Mérida, cerca de los años 80, donde se dio el primer Congreso de Tecnología Popular, allí se habían reunido un grupo de tecnólogos: entre ellos, Don Luís Zambrano. En dicho congreso Ibrahim presentó la cocina y el carro solar. Este congreso no se realizó más, por miedo a subvertir y conspirar contra el mercantilismo.

En la ciudad de Coro, con su nostalgia y pensamiento, está el mejor sol del Caribe, y es allí donde Ibrahim deseó emprender dichos proyectos, porque además de esta corianidad de habernos heredado un rincón de barro de arquitectura holandesa o española, pero impregnada de conocimientos, asentamiento de judíos y cobija del Caribe con trascendencia del ejercicio y del cultivo de la inteligencia de esa vieja urbe coriana donde existió el Colegio Federal de Coro. En esta ciudad, en 1891, los estudios universitarios, dictándose cursos de Medicina, Derecho e Ingeniería, experiencia ésta que duro hasta 1903, pero la simiente quedó y germinó en muchos sabios, entre los que que se encuentra el ingenioso y brillante científico invisibilizado del cual expresamos esta crónica de memorables personalidades.

Ibrahim se sumió en la investigación animado por la idea de que todo avance tecnológico de nuestro tiempo ( y que él señala como la” tecnología del fuego” basada en la “inventiva” norteamericana y rusa; y que parte, a su vez, de la remota máquina de Watts) sufre de un defecto sencillamente grave: que funciona a la inversa. Una vez se dijo que “Ciertamente, desde el momento en que asume una posición crítica frente a los motores tradicionales, Ibrahim López García llega a la conclusión de que la tecnología actual es, en este sentido, una tecnología pesada, absurda, responsable de la destrucción del medio ambiente y sin acceso a las grandes masas, por ser excesivamente costosas”.

Los ensayos de Ibrahim señalaban un motor que impulsaría la nave, compuesta por una cúpula superior y otra inferior y más achatada, así como  por un juego de masas alares dispuestos en la periferia del aparato. En consecuencia, la nave concebida en términos de una diferente dinámica estructural, sumamente liviana, exigía, por así decirlo, un elemento impulsador excepcionalmente novedoso. El motor electromagnético cuya operatividad dio un nuevo sentido a la fuerza de giro ahora aplicada en la periferia, y no en el eje de la masa rotatoria, tuvo en la máquina de Ibrahim efectos experimentales particularmente exitosos.

  Según señalaba el poeta Rafael José Álvarez, Ibrahim posteriormente había logrado “una corrección del motor eléctrico muy sencilla, óptima, rápida y ligerísima”, apreciación que fue º Enrique Campderá, han encontrado en el valioso trabajo de Ibrahim López García un eficaz protomodelo que sin duda va a causar impredecibles repercusiones en las ciencias del espacio y de la tecnología en general, pese al explicable silencio que ahora se cierne sobre este importante logro, y no obstante la “ingrata soledad creadora”.

Ejerció la docencia en la UCV, la LUZ y en el Tecnológico “Alonso Gamero” de Coro. Se dedicó al campo estructural y pasó a dirigir el laboratorio de estructuras y materiales de la Universidad del Zulia y luego en los años 80, pasó a ser el coordinador del departamento de investigación del Tecnológico de Coro. En la Universidad Central de Venezuela presentó un trabajo de ascenso sobre cúpulas, vuelos y trompos.

El poeta Eudes Navas Soto refirió en un escrito: ¿Cómo se puede hablar de un ser humano, del cual tanto se siente y tan poco se sabe? Se dice tanto de él, porque es inevitable conocerlo, amarlo, inclusive, para quienes creyeron detractarlo y, tan poco sabemos de él, porque Ibrahim López García, a quien nos referimos, se movía en unos espacios y en unos tiempos, que aún para los más cercanos y para los más acuciosos, le resultaba difícil, imposible tal vez, seguirle las pisadas. Nunca le pagaron sus prestaciones, se ensañaron contra él, lo persiguieron, le sabotearon sus proyectos, y esto sucedió ante el silencio al que fue sometido y la ingrata soledad creadora al que fue sometido por haber sido crítico.

El arquitecto Fruto Vivas envió una carta al Colegio de Ingenieros en 1991, como propuesta para que se otorgara el Premio Nacional de Ciencia mención ingeniería a este “hombre de ejemplo y perseverancia y humilde al servicio de la ciencia y un profeta de lo que será el futuro de la técnica”. Señalaba Fruto Vivas que Ibrahim López García era un maestro estudioso capaz de penetrar en la esencia misma de las cosas.

Decía Fruto Vivas: "Nos conocimos en 1957, cuando Ibrahim construía una membrana de gran luz laminar de concreto en San Cristóbal, yo al lado de la misma plaza concluía una Iglesia de ladrillos y techos de madera soportados por hilos de acero; ese día recibí una clase magistral de teoría de las membranas, al igual que Eduardo Torrova, Félix Candela y Onervi, dominaba a la perfección la teoría de los modelos y todas sus obras pasaban primero la fase experimental y por sobre todo, la observación que tenía Ibrahim sobre las estructuras naturales, de las hojas de las palmeras intuyó Ibrahim sus primeros modelos laminares.

 Es notorio el toro parabólico de un hangar del aeropuerto de la base militar de palo negro en Maracay, donde es llevado al máximo de su sencillez constructiva, es importante señalar que tres grandes estructuras laminares construidas por Ibrahim fueron saboteadas por problemas políticos y envidiologos, los cuales se comprobó dicho saboteo, el estadium de Maracay y un gran parabloide en San Carlos fue destruido y en el Colegio de Ingenieros del Estado Falcón, su estado natal, un parabloide laminar de concreto de 4 centímetros de espesor que soportó más de 10 años de viento y más de doscientos kilómetros por hora más que volaba y se movía con el viento."

Ibrahim nació un 18 de Noviembre de 1925 en la población de Cabure, en pleno corazón de la Sierra de Falcón. Era el décimo de los hijos de Salomón López Chirinos, agricultor, y Albertina García de López, ama de casa. Ambos eran personas muy cultas que llegaron a Cabure de Paraguaná, huyendo de la sequía de 1912. El Comandante Douglas Bravo contaba que era el más pequeño del grupo, cuyos integrantes, aunque parezca increíble, ya sabían lo que serían de adultos: “El primero en hablar era Ibrahim, como siempre y decía yo seré ingeniero y construiré muchas casas para todos".

Además, fue fundador del Movimiento Ecológico siglo XXI, impulsó la lucha por la defensa del Cerro Galicia, que está entre Curimagua y San Luis, donde surten de agua a la población de Coro, junto a otros luchadores como José María Gauna, Heberto González, Alì Primera, Eudes Navas, José Álvarez y otros. Falleció un 12 de mayo de 1994, en Coro, en una batalla contra el cáncer.





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