Mérida, Junio Domingo 16, 2024, 11:55 am

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Ciudad intranquila por Giovanni Cegarra

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Ciudad intranquila por Giovanni Cegarra


Para los merideños y los que no lo son,  este mes de diciembre, a la fecha, vislumbra un ambiente toda una ciudad intranquila, en la que estamos sumidos todos, sin distingos de clase y posición, en un mar de vicisitudes, penurias, necesidades, dificultades, que hacen pensar que la festividad navideña y de fin de año, con todo y crisis pandémica, no será muy grato que digamos, por mucho que se quiera, una realidad palpable que algunos ilusos, quieren negarla.

 

Ciudad intranquila. No hay duda de ello. Los habitantes de esta urbe andina que tildan de turística, inician el día, ligando que no llueva más, con la incomodidad de no contar con agua potable para lavarse, bañarse, preparar el alimento del día y cuando  llega el preciado líquido, su color da coraje, mientras que en algunos sectores citadinos y del interior del Estado, llevan tres o cuatro días, semanas enteras, sin agua y los cisternas que paliarían la contingencia, no aparecen.

 

A la intranquilidad citadina diaria, se suma los sucesivos bajones y cortes intempestivos de la energía eléctrica, salir a la calle a exponer su humanidad ante la falta de eficiente patrullaje, a ser víctima de un arrebatón o ser atracados; no contar con eficiente transporte público y en algunos casos, calarse la grosería del busetero; sufrir los embates de la elevada especulación al intentar adquirir un artículo de higiene personal o alimento que le cobran a dólar paralelo, ni de disfrutar en casa del servicio de telefonía fija, de internet y hasta de la tv cable, paremos de contar.

 

Con las emergencias generadas por los derrumbes de cerros sobre las vías nacionales de acceso a Mérida pese al esfuerzo que hace el gobierno regional para rehabilitarlas, la intranquilidad se agudiza, pues muchos esperaban aumentar sus ya menguados ingresos, con lo que implicaría la temporada tradicional decembrina pero es soñar con la Isla de La Fantasía, caerse a mentiras y mejor no seguir, porque no faltará uno que me recuerde a mi difunta madre, desee lo peor para mi humanidad, me tilden de profeta del desastre, demás hierbas aromáticas.

 

Crudo decirlo, escribirlo, describirlo, es la verdad, sin ser dueño de ella, es lo que se vive y convive, se sufre y se aguanta, en esta ciudad serrana, toda una ciudad intranquila, algo que resulta imposible negar y pretender hacerlo.





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