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Charles Páez por Carlos Guillermo Cárdenas

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Charles Páez por Carlos Guillermo Cárdenas


Cuando aún el alba despuntaba su esplendor, la noticia corrió. Charles había fallecido en horas de la madrugada del martes 10 de enero.

La noticia nos dolió en lo más más profundo. Aunque la temíamos.

Una implacable enfermedad había socavado su entera corpulencia. Aunque teníamos la esperanza que no fuera tan letal.

Pocas semanas antes, nos cruzamos en mensajería de voz, para expresarle nuestro afecto, hacia el amigo desde los años estudiantiles.

Lo admiré por su natural talento y recia personalidad.

Una inteligencia magníficamente dotada. De pensamiento sólido y profundo.

Indagó y esculcó en profundidad las incógnitas que nos afectan como seres humanos.

Buscó la raíz de los fundamentos, la razón de nuestra existencia y la búsqueda incesante de la verdad. 

Charles fue el más aventajado de nuestra generación universitaria.

Estudió los clásicos de la filosofía cristiana. Los asimiló y los exponía con propiedad y sapiencia.

Él era el verbo mismo y como tal, su vida giró en el entorno universitario.

Los aciertos y los errores de Charles nacían de su corazón. Como pocos, comprendió la tumultuosa vida universitaria, que nos ha afectado, en el desempeño como profesores y académicos.

Intercambiamos sobre la física cuántica en oportunidad pretérita. La conversación quedó inconclusa, como inconclusa es nuestra vida. Vidas nunca terminadas ni acabadas. Así somos los seres humanos.

Regresa a la tierra que le sirvió de asiento a su ciclo vital.

Desde niño, cuando llegó de tierras zulianas, hasta hoy, que retorna a tierras de montañas y de riscos, aquí quedará sembrado su talento, del que tanto esperaba la universidad.   

Mi generación, nuestra generación pierde a uno de sus valores más nobles y trasparentes.

Para la numerosa parentela, para Bedita, sus hijos Tatiana y Carlos Guillermo, sus hermanos con afecto especial a John William, once hermanos, y sus sobrinos, nuestro abrazo de condolencia y solidaridad en esta hora de despedida.

La Universidad de Los Andes está a media asta.

Ha perdido un valor incomensurable.

Paz a su alma.


Mérida, 11 de Enero de 2023




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