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La mujer en el Pontificado de Juan Pablo II por Padre Edduar Molina Escalona

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La mujer en el Pontificado de Juan Pablo II por Padre Edduar Molina Escalona


Con motivo de la conmemoración por el Día internacional de la Mujer, el pasado miércoles ocho de marzo, queremos dar una mirada sobre el rico magisterio de San Juan Pablo II y su defensa y promoción al rol protagónico femenino en la construcción de una nueva sociedad.

 

San Juan Pablo II ha sido el Papa que ha dedicado mayor espacio en sus escritos al tema de la mujer, es quien más ha abordado distintas dimensiones de la dignidad, misión y vocación de la mujer en la sociedad y en la Iglesia de hoy. Además de haber tenido palabras significativas para mujeres en situaciones diversas, iluminando la realidad antropológica a la luz de la Palabra de Dios.

 

Los tres grandes documentos, con una misma línea teológico-pastoral, sobre la mujer son Mulieris dignitatem, sobre la dignidad de la mujer, escrita a propósito del cierre del año mariano de 1988 Allí asienta que el modelo para la mujer no puede encontrarse en base solo a definiciones conceptuales de carácter filosófico o teológico, sino dirigiendo la mirada sobre todo a la "Mujer" de la Escritura, a María, que gracias a su excepcional unión con Dios, constituye la expresión más perfecta de la dignidad y de la vocación humana. El acontecimiento central de la historia de la salvación está inseparablemente unido a una extraordinaria elevación de la mujer (MD, 3).

 

También es importante resaltar la complementariedad entre el hombre y la mujer. Apunta el Papa polaco que el ser persona a imagen y semejanza de Dios, significa existir "en relación" a otro y encontrar en ello un nuevo yo en la comunicación del amor. Ser hombre quiere decir comunión interpersonal. Ya que el hombre no fue creado solo, sino como varón y mujer desde el principio. En la unidad de los dos, el varón y la mujer son llamados desde el principio no solo a existir uno al lado de la otra o también juntos; sino que son también llamados a existir recíprocamente el uno para el otro (MD, 7).

 

Otro de sus escritos salió a la luz pública el 25 de marzo de1987, bajo el nombre de Redemptoris mater “la Madre del Redentor”. Centra la reflexión sobre el modelo del discipulado de Cristo, al estilo de María, la mujer de la escucha y cumplimiento de la Palabra de Dios: “María es digna de bendición por haber sido para Jesús Madre según la carne, pero también y sobre todo, porque ya en el instante de la Anunciación ha acogido la Palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente, porque ´guardaba´ la palabra y la ´conservaba cuidadosamente en su corazón´ y la cumplía totalmente en su vida” (RM 3).

 

En tiempos de sinodalidad la Iglesia coloca el enorme desafío a las mujeres de vivir la experiencia de fe de una manera única y encarnada, en sus realidades concretas como la familia, el trabajo, el mundo cultural, político y económico donde participan, de modo que puedan dar testimonio de auténticos valores femeninos y de una feminidad esponsal-maternal, olvidando las diferencias culturales y ajenas a toda ideología de género, que rompe con la comunión de amor y unidad en el mundo. Para asumir la tarea de “cuidar de los frágiles y volver a poner la dignidad de la persona en el centro de cada decisión”, como lo apunta el Papa Francisco.

 

La tercera exhortación apostólica de Juan Pablo II del 30 de diciembre de 1988, Christifidelis laici, sobre la importancia de la vida laical en el desempeño de la misión de la Iglesia en el mundo. Resaltó sobre todo la nueva visión social de la Iglesia, en la que la mujer tiene un papel preponderante. Lo que significa un paso decisivo en el sentido de promover cierta “desclerificación” de muchas de las actividades de la acción pastoral de la Iglesia.

 

En dicho documento magisterial, se sitúa al fiel laico desde el primer momento “en misión”, “siendo”, “participando”, “viviendo”: como el obrero de la Viña (n. 1). Con ello el Papa Wojtila pretende evitar la separación entre fe y vida. Tanto el hombre como la mujer se encuentran en un mundo secularizado, pero con hambre de Dios. De aquí la necesidad de reafirmar su vocación cristiana de defensores de la dignidad de la persona, dando respuestas de fe a un mundo que necesita a Cristo para ver contestados sus problemas e interrogantes. En relación a las mujeres se afirma que se debe promover su dignidad y su igualdad con relación al varón, tanto en la sociedad como en la Iglesia: hay que hacer realidad las posibilidades que le otorga el derecho, su participación en los consejos pastorales, en la consulta y elaboración de decisiones, en la preparación de documentos, etc. En particular hay que promover su responsabilidad en la transmisión de la fe y en su saber dar plena dignidad a la vida matrimonial y a la maternidad. (n. 7).

 

Nos unimos a Juan Pablo II en su acción de gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de la mujer en el mundo:

 

“Te doy gracias Señor por cada, mujer-madre, que se convierte en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual la hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y es camino de la vida.

 

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

 

Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del misterio a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas”.

 

Mérida, 12 de marzo de 2023





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