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Ahora le toca al bolsillo de los ciudadanos por Alex Vallenilla

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Alex Vallenilla


Los ciclos económicos suelen gestarse primero en las cuentas macroeconómicas. Luego, los efectos pasan a las empresas y a los indicadores bursátiles y finalmente al bolsillo de los ciudadanos comunes. Sean estos de crecimiento y/o expansión, o de caída y/o crisis. Al menos así ocurrió la caída de la economía venezolana desde 2014.

En marzo de 2014, la Reserva Federal de Estados Unidos puso fin a la emisión de dinero a la que recurrió en 2008, tras la crisis hipotecaria. Después de inyectar al sistema financiero mundial 800 mil millones de dólares para reflotar a la banca de inversión, para el año mencionado se detuvo. Los especuladores en los mercados de materias primas comenzaron a liquidar sus posiciones en oro y petróleo, debido a que la fiesta se había terminado.

Venezuela disfrutó desde 2008 un barril de petróleo en más de 100 dólares, gracias a esa inyección de dinero y a la bajada de tasas de interés, para evitar una pavorosa recesión mundial. El sector más favorecido fue el petrolero en ese entonces. En octubre de 2014 se confirma la debacle. El petróleo se desploma a 32 dólares. La caída del precio se combina al derrumbe de la producción petrolera. La industria petrolera venezolana estaba ya en condiciones de crisis por la falta de mantenimiento, inversiones y falta de personal capacitado.

Esa debacle impactó directamente a las cuentas macroeconómicas. Venezuela perdía paulatinamente su “gallina de los huevos de oro”. La caída de producción petrolera y de los precios, comenzó a mermar la capacidad que tenía el gobierno de mantener a la economía, artificialmente, funcionando.

 

La caída

La crisis en las cuentas macroeconómicas se trasladó en 2015 a las empresas. Al empezar ese año, los venezolanos se encontraron con los anaqueles de las empresas, con un desabastecimiento que alcanzó hasta 95 %. Esto produjo un cierre masivo de empresas, además de una quiebra sistematizada de estas. Muchas transnacionales separaron las operaciones en Venezuela, de sus negocios globales.

Para el año 2017, la crisis llegaba al bolsillo de los ciudadanos en forma de hiperinflación. En 2018 se alcanza una subida de precios de 825.000 %, llevando a la población a 80 % de pobreza general. Según algunos economistas, la caída del PIB alcanzó 65 % en 10 años y Venezuela se ubicó como el país 57° con hiperinflación en la historia moderna.

 

El nuevo ciclo

Finalizando 2018 se producen reformas económicas. Se libera el uso de las divisas y los precios controlados de bienes y servicios. Además de otras medidas como el aumento de la gasolina, tasas de interés indexadas a la variación relativa del dólar, entre otras. Estas medidas no producen un efecto inmediato debido a la crisis política y a la desconfianza en el gobierno por parte de inversores.

Sin embargo, en el tiempo, incluso en medio de las medidas de sanciones petroleras extranjeras, los indicadores macroeconómicos comienzan a mostrar algunos signos de estabilización. Aunque todavía muy frágil, porque las recuperaciones son más lentas que las caídas y más en un entorno hostil desde el punto de vista político y social.

Sin embargo, en 2024, se comienza a ver una mejora. Los establecimientos comerciales superaron la escasez de bienes y servicios, y se está multiplicando la actividad económica. Todavía de manera lenta debido a la aún alta desconfianza. Uno de los datos que permite mostrar que las empresas están gestionando mejor, es el crecimiento anualizado de la Bolsa de Valores de Caracas, en 85 %, contra una inflación en 68 %. Esto indica que el equilibrio que se empieza a ver en los indicadores macroeconómicos, ya llega a las empresas y al sector bursátil.

 

El turno de los ciudadanos

Pero todavía no llega a los ciudadanos comunes o a la economía real. Porque el ciclo no se ha completado y quedan desafíos. Sin embargo, la recuperación económica de Venezuela, independientemente de quién gane las elecciones presidenciales que se avecinan, por ahora se puede considerar un hecho, si no ocurren “cisnes negros”.

La recuperación económica actual tiene algunas variables. Si se produce una victoria de los factores de oposición, en el marco de una transición política en paz, con acuerdos y negociaciones para un cambio, en que existan “puentes de plata” y entendimientos, la curva ascendente podría ser más pronunciada, aunque persista la incertidumbre, el factor desconfianza en el actual gobierno desaparece.

Si se produce una victoria del actual gobierno, la recuperación económica, en el marco de las reformas, continuará, aunque con una curva más plana o de manera más lenta, porque al gobierno le toca restaurar la confianza, además de negociar la eliminación total de las sanciones petroleras y financieras.

Pero si la situación se sale de control y se cae en ambientes de confrontación y nuevas etapas de violencia, lo poco que se ha logrado recuperar, podría perderse nuevamente, aumentando el riesgo de una crisis de doble fondo. Esto último no es nada conveniente para los ciudadanos venezolanos, que en poco tiempo comenzarán a ver los efectos de una recuperación económica, ya sea de una manera u otra, a mayor velocidad o ralentizada, pero recuperación al fin.





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