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FERIA DE SAN ISIDRO – DECIMOTERCER FESTEJO

Roca Rey, de la lúcida autoridad a la ofuscación en una tarde rara y accidentada en Las Ventas

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Roca Rey, de la lúcida autoridad a la ofuscación en una tarde rara y accidentada en Las Ventas


El astro peruano pasa de la oreja que le robaron a la que perdió y terminó cambiando por tres avisos y bronca; Cayetano sufre un violento percance con la indefinible y muy armada corrida del Conde de Mayalde

ZABALA DE LA SERNA

Diario EL MUNDO de Madrid

 

El eje de la corrida era Roca Rey por todos los flancos, la piedra angular. Y en verdad lo fue: primero como cabía esperar de la máxima figura y después con una rara progresión hacia lo obtuso. De la luz a la sombra. De la lucidez a la ofuscación. De la oreja que le robaron a la que perdió motu proprio y terminó cambiando por tres avisos, ridículo y reglamentista el tercero con el toro cayendo ante la inhibición. La tarde fue rara y accidentada, alterada en el orden de lidias y complicada de ordenar. De por medio una indefinible corrida del Conde de Mayalde elegida por sus despampanantes caras a modo de tapabocas, correosa a ratos, fundida en otros, noble a veces y alguna otra predadora. Más basta que hechurada, baja pero no fina.

En el minuto 13 de la tarde número 13 de la feria, la décimo tercera, o sea, Estafador ya se había llevado por delante a Jorge Martínez y a Cayetano Rivera, literalmente. Un atropello. El toro salió suelto de los dos encuentros con el caballo, derribando en el primero, y arrolló de mala manera al confirmante y de peor modo aún a su padrino, cruzados los dos en la vía del tren. A Martínez al menos su propio capote le sirvió de parapeto en la voltereta, pero a Rivera lo arrastró cogido como la pechera como si fuera Mesala, ahí abajo, entre las patas y los pitones, hasta la boca de riego. Escapó de auténtico milagro con la chaquetilla destrozada, dolorido y, finalmente, íntegro.

La ceremonia de la confirmación era un cuadro con Cayetano en chaleco y, por tanto, en mangas de camisa. Estafador, el toro de la ceremonia, hacía honor a su nombre, pues era un buey. Derrotó desde que salió, con su cabeza tronante y su basto cuerpo sin cuello; arreó en banderillas de lejos; y mintió todo y más en la muleta: nunca fue de verdad, escondiéndose siempre algo, pasando en falso, sin entrega. Es cierto que a JM le enganchó mucho, pero no lo es menos que resultaba muy difícil torear limpio. Cuando no derrotaba, se aflojaba y quedaba por debajo. El toricantano resolvió a últimas con una estocada baja. Y todavía hubo quienes aplaudieron el arrastre del buey del Conde de Mayalde.

Cayetano volvió a escapar de la cornada en a las 19.37. No se le ocurrió otra cosa que clavarse de rodillas con un toro que por el pitón derecho se venía como un depredador. Allí, en los terrenos del sol, bajo el Tendido 5, sintió el torero como si se revolviera un escualo a sacarle el corazón. Los reflejos le asistieron para reaccionar a tiempo y tirarse de cabeza al callejón. La imagen se hacía terrorífica pero también peripatética: el confirmante por momentos parecía Cayetano después de 20 años de alternativa. El toro de amplia cabeza tuvo su trato al natural pero sin darse nunca en serio. Rivera se dobló con él como debía haber hecho en un principio y sacó raza, eso es así, e incluso volvió a proponerle la mano derecha. Un espadazo en su estilo sirvió de tapabocas. Pero la sensación de haber estado permanentemente a merced no varió. Cuando volvió de la enfermería en el voluminoso sexto -la alteración de turnos llevó a esto-, lo hizo aún sin la destrozada chaquetilla. No pudo la buena condición del toro con su tonelaje (610 kilos), y Cayetano lo volvió a despenar con contundencia. Jorge Martínez pudo esbozar algo de su clase con un cuarto burraco sueltecito de carnes, noblón pero sin decir nada. Dijo más el buen trazo del torero que se perdió en un extenso metraje.

El diestro Cayetano tras lidiar a su primero en el decimotercer festejo de la Feria de San Isidro, hoy viernes en la Monumental de Las Ventas, donde comparte cartel con el peruano Roca Rey y con Jorge Martínez, que confirma alternativa, con toros del Conde Mayalde.

La autoridad de Roca Rey abrió un abismo sideral, no sólo por contraste -ya presentido en el cartel-, sino el gobierno propio del toro, el asiento, el mando, ya digo. Toda la carne en el asador desde la aparición en escena con una gavilla de delantales que, por su ajuste, pusieron a bullir Las Ventas El castaño ejemplar de Mayalde, montado, la leña por bandera -corrida elegida por su amplitud de caras, pero no fina-, cuatreño como todos -menos el quinto-, mejoró en sus manos. O fue a mejor, si le quieren restar protagonismo a Roca como le quitó a últimas de la faena la plaza. Desde la apertura por alto explotaron los cambiados por la espalda y entró la gente del tirón en la faena. Eso cuenta. Y luego con su derecha metió en la muleta al toro, obediente y agradecido. Mano baja, atalonamiento y ligazón.

Faena fundamentalmente diestra -ese era el pitón-, medida de efectos pero con ellos, medida también de tiempo y reventada al final por apretadas bernadinas. Exacto de cabeza el astro peruano entonces, preciso con la espada. Un estoconazo. Pero se amorcilló el bicho y RR, guiado por la presión -el 7 machacón-, se precipitó con un inocuo golpe de descabello. Ya ves tú para quitarle le oreja por esto. Cayó un aviso antes que el toro, y otro cuando caía. La pañolada se enfrío, siendo mayoritaria. No lo entiendí. Ni tampoco que la figura en su enfado, ni siquiera saludara la ovación.

De aquella lucidez ninguneada y el posterior cabreo pasó Roca Rey a un nublado progresivo con el único toro con los cinco años cumplidos, de tipo silleto, mucha cara y escasa culata, manso pregonado en tercios previos pero haciendo cosas secretas cada vez que tocaba los capotes. La lidia fue un sindios. El toro podía ser de lío. De esos toros tapados hasta la muleta. Se lo advertí a Mario Manso.

Luego no lo fue tanto, pero pudo serlo. Según inició la faena. Repetía, humillaba, había esperanzas cuando le dejó la muleta en la cara en el tercio; lo cambió de terrenos y el toro empezó a reponer y agarrarse y Roca Rey a no estar cómodo -mucho mejor sin duda en el anterior- sin que su poderío lograse despegar al toro. Esa incomodidad se tradujo en tres pinchazos de mal modo, un bajonazo, una agonía larguísima -el toro muerto en pie ante la inhibición del matador y la cuadrilla- y los avisos cayendo entre la bronca desatada. Hasta el ridículo tercero, enviado en el preciso momento de la muerte.

 

FICHA DEL FESTEJO

 

Toros de CONDE DE MAYALDE, todos cuatreños menos el 4º; de mucha cara, diferentes remates y hechuras y diverso comportamiento.

 

CAYETANO, de nazareno y oro. Estocada pasada y descabello (silencio). En el sexto, estocada (silencio).

ROCA REY, de azafata y oro. Estocada y descabello. Dos avisos (petición y ovación). En el quinto, tres pinchazos y bajonazo. Tres avisos (bronca).

JORGE MARTÍNEZ, de blanco y oro. Estocada baja (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada. Aviso (silencio).

 

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Viernes, 24 de mayo de 2024. Décimo tercera de feria. Lleno de «no hay billetes».

 

PARTE: Cayetano sufre contusiones y erosiones superficiales. Contusión cervical pendiente de estudio radiológico. Erosión con hematoma en escroto, región parietal derecha y cara anterior muslo izquierdo. Pronóstico reservado que no le impide continuar la lidia.





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