Mérida, Marzo Sábado 15, 2025, 07:15 am
La decisión del gobierno de Donald Trump de suspender durante 90 días a los trabajadores de Usaid y congelar la mayor parte de su trabajo de ayuda internacional ha sacudido los cimientos del sistema de cooperación global. La noticia, que ha generado una profunda preocupación en la comunidad internacional, amenaza con desestabilizar regiones vulnerables y frenar décadas de progreso en desarrollo, salud y derechos humanos.
Desde su creación, en 1961, Usaid ha sido el pilar fundamental de la asistencia humanitaria estadounidense. Opera en aproximadamente 130 países, proporciona apoyo esencial en crisis humanitarias y emergencias sanitarias y brinda ayuda al desarrollo económico de las regiones más vulnerables.
Su posible retirada plantea una pregunta crucial: ¿quién llenará el vacío dejado por una de las mayores agencias de cooperación internacional del mundo?
El cumplimiento de esta medida supondrá una disminución de alrededor de 40.000 millones de dólares en ayuda internacional, lo que tendrá graves consecuencias en algunas áreas clave:
Según datos de la ONU, el gobierno de Estados Unidos financió en 2024 cerca de 47% de los recursos humanitarios a nivel global. La suspensión de Usaid deja un vacío enorme en la ayuda humanitaria.
La comunidad internacional ha reaccionado con preocupación al anuncio del nuevo gobierno estadounidense. Abby Maxman, CEO y presidenta de Oxfam América, ha descrito esta crisis como “una maniobra política cruel y destructiva que tendrá consecuencias mortales para millones de personas que sobreviven en medio de graves emergencias humanitarias y en extrema pobreza”.
La agencia estadounidense para la ayuda internacional no se ha destacado por adoptar plenamente los criterios de eficacia establecidos en la Declaración de París (2005):
En la mayoría de los casos, Usaid ha funcionado como un instrumento de asistencia alineado con los intereses estratégicos de Estados Unidos. Sin embargo, dado que el volumen de fondos que gestiona es enorme, será difícil encontrar donantes que ocupen su lugar.
Además, la retirada de Usaid reconfigura el mapa geopolítico de la cooperación internacional. Con Estados Unidos replegándose, otros actores globales podrían ocupar su espacio.
La Unión Europa podría ser uno de los actores clave para mitigar el impacto de la retirada de Usaid. Sin embargo, la comisión reconvirtió su enfoque de ayuda al desarrollo a otro de alianzas globales.
A través de Global Gateway, ha prometido 300.000 millones de euros en inversiones en sectores clave como salud, infraestructura y sostenibilidad entre 2021 y 2027. La UE tiene ahora la oportunidad geoestratégica de mostrarse como una alternativa fiable en momentos críticos.
China ha emergido en las últimas décadas como una alternativa en ascenso en cooperación internacional. A través de la iniciativa de La Franja y La Ruta, ha aumentado significativamente su inversión y presencia en África y Latinoamérica. Su excesivo financiamiento se ha criticado en algunos casos como “la diplomacia de la trampa de la deuda”.
Con la retirada de Usaid, China tiene la oportunidad de expandir aún más su poder blando en países emergentes y de bajos ingresos, ofreciendo financiamiento y asistencia a países que antes dependían de Estados Unidos.
También los bancos de desarrollo (entidades como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o la Corporación Andina de Fomento) podrían asumir un papel más activo para compensar el vacío dejado por Usaid, canalizando financiamiento hacia proyectos críticos en salud, educación e infraestructura. Aunque está por ver si se verá afectada la participación estadounidense en algunas de estas organizaciones y cómo será su influencia en ellas.
Al mismo tiempo, el sector privado podría ser pieza clave en amortiguar la crisis con más financiamiento y filantropía.
Más allá del debate sobre la eficacia de la ayuda externa, la retirada de Usaid es un reflejo de los cambios en la política global. Estados Unidos parece dar la espalda a su legado de liderazgo en desarrollo y asistencia humanitaria.
Este nuevo escenario exige una respuesta coordinada. Si la comunidad internacional no actúa con rapidez, los retrocesos en salud, educación, seguridad alimentaria y derechos humanos en los países en desarrollo serán devastadores.
La pregunta ya no es solo quién llenará el vacío dejado por Usaid, sino si el mundo está preparado para asumir colectivamente la responsabilidad de la cooperación global. En un contexto de crecientes nacionalismos y debilitamiento del multilateralismo, los valores que sustentan la cooperación internacional están en riesgo, al igual que el futuro de millones de personas.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.