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Rememoración por Eleazar Ontiveros Paolini

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ELEAZAR ONTIVEROS P.


El pasado 12 de febrero se celebró en Venezuela el Día de la Juventud. Ese día fue decretado así por la Constituyente de 1947, presidida por Andrés Eloy Blanco. Las razones que determinaron tal decreto fueron más que validas, dado el hecho de que el 12 de febrero de 1814, en el arduo camino de la independencia, se produce uno de los actos más heroicos de nuestra historia en la batalla de la Victoria, en la cual el caraqueño José Félix Ribas, para poder enfrentar a una tropa realista comandada por Francisco Tomás Morales, no tuvo otra alternativa que incluir en la lucha a 800 muchachos entre seminaristas y estudiantes de la Universidad de Caracas, cuyas edades oscilaban entre 12 y 20 años. Y Ribas, con el apoyo que en plena batalla le dio Vicente Campo Elías, español que luchaba por la independencia como si de un venezolano más se tratara, que con sus 600 hombres  ayudó a obtener el triunfo. Con tal victoria los planes de Boves, consistentes en evitar que Bolívar, quien estaba en Valencia, pudiera entrar a Caracas, fueron neutralizados,


Y no podía ser mejor la celebración de los  205 años de la batalla, que ver a la juventud venezolana, acompañada de hombres de todas las edades, manifestar enérgicamente y de manera masiva, como nunca antes, exigiendo libertad; exigiendo la desaparición de un régimen despótico que lo único que ha hecho es deteriorar al  país y la vida de los venezolanos, sometidos como nunca a deficiencias indignantes en su alimentación, en la adquisición de medicinas y  en general de todo lo necesario para tener una calidad de vida aceptable. Todo en nombre de concepciones ideológicas obsoletas, pero con una enfermiza morbosidad para poder creer lo que son, saber a ciencia cierta lo que están haciendo y  discriminadamente, los jerarcas, vivir lo que se ofrece a la sociedad a manos llenas, pero que no se cumple,


La manifestación masiva y contundente de la juventud, ha hecho que todas las fuerzas políticas y el pueblo en general, tenga un objetivo común y proceda sin las deplorables divisiones que lo único que habían logrado era darle facilidades políticas al gobierno para sostenerse en el poder. Hizo, a la vez, que las conducciones de políticos desgastados, sumidos en la búsqueda de intereses personales  y en mantener por nimiedades una separación y  una indeseable lucha por el “poder”, quedaran de lado, sin posibilidades de decidir cosa alguna. También logró que todo el pueblo opositor, sin  distinciones, aceptara el liderazgo fresco, joven, renovador de Juan Guaidó, quien  a diferencia de los políticos de tribuna y de lenguaje tremebundo, con voz pausada, sin alardes de ninguna naturaleza, con un discurso diáfano, sincero y carente de cualquier tono demagógico, fuera aceptado masivamente, obviando cualquier tipo de descalificación, tan común entre los líderes de los ya desgastados partidos políticos.


Nos parece importante, para concluir, dar  a conocer un segmento de la homilía del Papa en la misa de clausura del Encuentro Mundial de la Juventud, recientemente celebrado en Panamá: ”Ustedes queridos jóvenes, no son el futuro. No. Son el presente, ustedes son el ahora de Dios. El los convoca y los llama  en sus ciudades para ir en la búsqueda de sus abuelos; de sus mayores;  a ponerse de pié y junto a ellos tomar la palabra y poner en acto el sueño que el Señor soñó.


No mañana, ahora, porque allí, ahora donde esté su tesoro también está su corazón y aquello que les enamore conquistará no solo vuestra imaginación, sino que lo afectará todo. Será lo que los haga levantarse por la mañana y los impulse en las horas de cansancio, lo que les rompa el corazón y los haga llenarse de asombro, de alegría y gratitud. Sientan que tienen una misión y enamorarse, que eso lo decidirá todo. Podemos tener todo, pero queridos jóvenes, si falta la pasión del amor, faltará todo”.






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