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Los venezolanos viven un contexto que propicia los ataques de pánico

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No hay edad específica para experimentar estos trastornos de ansiedad. Suelen ser frecuentes en adultos, mayoritariamente mujeres. Ocurren casi siempre de manera repentina, como respuesta al cúmulo de situaciones que rebasan el límite emocional. Hoy, morir en las calles del país está entre las mayores angustias nacionales…


En Venezuela vivimos escenarios que desencadenan ataques de pánico”, dice Stefánia Aguzzi, psicóloga clínico de la UCV: “Vivimos en expectativas constantes ante lo que enfrentaremos cada día”.

Stefánia Aguzzi: «Un ataque de pánico es una respuesta fisiológica» Foto cortesía: Tairi Gamboa

Garantizarse la vida en el país constituye un desafío. Tan solo en 2016, el país cerró con más de 28 mil homicidios. Esto, según el Observatorio Venezolano de Violencia.


Existe, además, 85% de déficit de medicamentos. La estadística corresponde a Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica de Venezuela.


La psiquiatra Franca Caterina refiere que el estrés crónico, precisamente como vive el venezolano, aumenta los niveles de adrenalina, generando tensión: «Se precipitan las angustias».



«Ese perfil de vida provoca que los ciudadanos anticipen lo catastrófico. Lo peor de todo es que no hay posibilidades de reponer energías, lo cual hace que las personas sean más vulnerables a la crisis de pánico», explica Caterina.


En esto coincide la psicóloga Aguzzi. Sostiene que cuando la ciudadanía se ve sometida a viajes largos hacia la frontera con Colombia para adquirir alimentos experimenta incertidumbre de cara a un país que, casi nunca, puede interpretar. «Esa indefinición desata trastornos de ansiedad«, sostiene y especifica:


Durante las recientes protestas políticas de Venezuela, mucha gente tuvo episodios de pánico porque no sabía cómo responder a las agresiones de la calle. Esas reacciones colectivas de no saber qué hacer resultan más comunes en países en guerra como Siria”.


Aguzzi, con grado de magister en la universidad Simón Bolívar, calcula que al menos en su caso como terapeuta el incremento de afectados atendidos fue de hasta 30% con respecto al año anterior.


Morir en la calle es lo que más angustia a los venezolanos”.


Los pacientes verbalizan miedo a la muerte, pero en el fondo, de acuerdo con esta experta, el temor real es a ese proceso inédito de inseguridad que arrincona hoy al país.


La psiquiatra Franca Caterina recuerda que en Venezuela no hay cifras que certifiquen el número de ciudadanos afectados, aunque de acuerdo con la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) se calcula que solo en Estados Unidos, 3% de la población padece algún nivel del trastorno.


Ahora bien, los ataques de pánico también estallan por razones personales



Esta es la historia de «María Pérez» (identidad protegida), divorciada, dos hijos, emprendedora, 42 años. A los 35 años experimentó un ataque de pánico.


El incidente ocurrió en 2011 y su diagnóstico fue depresión con ataque de pánico. Tuvo una crisis explosiva.


Cuenta que un día discutió, por razones sentimentales, con una persona en un sitio público y aunque ese evento lo consideró de baja importancia fue lo que desencadenó su desborde emocional.


Tenía mucho estrés en el trabajo, atravesaba problemas con uno de mis hijos, eran realmente circunstancias difíciles que fueron acumulándose y un hecho menor provocó la crisis”.


Pasó seis meses en tratamiento de salud mental. Para hacerle comprender su caso, el especialista tratante comparó la resistencia humana con una mesa a la cual se le va colocando peso hasta que llega un momento de sobrecarga.


Durante semanas, «María Pérez» perdió la capacidad de hablar y su cuerpo estuvo inmóvil. Empezó un proceso de recuperación en el cual se comparó a sí misma con una computadora que debió resetear.


“No pude trabajar, pasé cuatro meses sin poder manejar, aprendí a delegar, a apoyarme en mis empleados. Antes yo asumía el trabajo de todo el mundo. El apoyo de mi familia resultó fundamental”.


En su casa no hay antecedentes del trastorno. Ella no sabía lo que era un ataque de pánico: “La persona que me rescató se dio cuenta de que mis temblores eran una crisis nerviosa y llamó a su psiquiatra y me llevaron de inmediato. Hoy estoy recuperada. Pero fueron seis meses duros”.


Ahora dice estar agradecida de esa crisis porque le permitió adquirir herramientas: «Yo era muy controladora y ansiosa. Siempre tomaba precauciones y asumí que hay circunstancias que no puedo cambiar”


“Hoy entiendo más claramente que hay problemas que no son míos. En el pasado vivía las circunstancias de los demás y ahora me pregunto de quiénes son realmente. Puedo apoyar y escuchar, pero no me dejo afectar. No asumo la realidad de otro”.


Aprender a reconocer el trastorno


“Un ataque de pánico es  una respuesta fisiológica y psicológica a una situación que te genera miedo no tangible”.


Aguzzi opina que se presentan “de repente” y que una persona podría experimentarlo, por ejemplo, mientras cruza una autopista tipo túnel.



La persona siente, en ese momento, “ahogo”, “taquicardia”, “dolor en el pecho”, “nudo en el estómago”. Y a pesar de no lograr explicarlo está ante un ataque de pánico. “Sienten que no entra el aire en los pulmones y la musculatura se tensa. Lo aconsejable es respirar pausado”.


“No todas las personas son propensas a padecer el trastorno. Tiene que ver con lo que estés viviendo y que no sabes cómo manejarlo”.


Las causas que producen los ataques de pánico son imprecisas. La ciencia no ubica una etiología única. Por eso se habla de un origen multifactorial.


La población adulta es más proclive a sufrirlo. “Mientras los niños verbalizan sus miedos y eso es confrontación, los adultos tienden a ocultarlos”.


Aguzzi dice que “en la medida en que sepas lo que te causa miedo ya tienes el primer paso en la resolución del conflicto. Que una persona admita tener miedo a un túnel es estar consciente de la realidad. Si una persona sabe que es claustrofóbica entonces manejará los espacios cerrados con más precaución”.


“Nunca le pida calma a alguien que atraviese un ataque de pánico. Eso no ayuda, porque la persona en dificultades lo que más quiere es calma, pero no sabe cómo tenerla”.


La especialista en salud mental precisa que a los afectados les resulta oportuno “el gesto amoroso”.


Dos muestras de apoyo serían recordar que no están solos y que la crisis pasará pronto. “Si la persona insiste en ir a un hospital no hay que negarse a hacerlo. Pero, lo primero es recomendarle que respire profundo y de manera lenta”.



María Sindoni tiene hoy 57 años y dejó atrás una vida laboral activa. Dedicada a su casa, es su familia la que le permite avanzar.


Empecé con una lloradera y no me calmaba nada, solo los ansiolíticos y antidepresivos, pero de manera momentánea. Jamás me había pasado, empecé a decaer, sentía intranquilidad en las piernas, nerviosismo, iba a cada rato al médico y no me conseguía nada, estaba perfecta, hasta que llegó un médico y me pidió que no me molestara por recomendarme que fuera a un psicólogo o psiquiatra. Así lo hice”.


Hoy se trata con un neuro psicólogo y su mejoría ha ido avanzando.


“Yo era una mujer que vivía en la playa, cantando y después de esa operación de tiroides decaí totalmente, me he recuperado de manera parcial. He cambiado mi actitud”.


Lo recomendable, según Sindoni, es no automedicarse y recurrir a un especialista para luego emprender cualquier tratamiento de salud.






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