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El Madrid del gol cooperativo vuelve a ser líder

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REAL MADRID LIDER SOLITARIO


Cuando el mundo se enteraba de la muerte de Kobe Bryant, empezaba el partido en Valladolid. A veces ocurre. Suceden cosas conmocionantes a la hora en que juega el Madrid, que adopta entonces la forma de la continuidad forzosa de la vida. Era natural que la atención de todos se desviara un instante hacia Kobe, incluso el partido pareció guardar un luto sorprendido, convertido en un lapso respetuoso en el que nada pasaba.

Aunque tampoco es exactamente así. Un aficionado del Valladolid señalaría que su equipo estuvo bien ahí. El equipo de Sergio González presionó con eficacia y fue ambicioso en su planteamiento.

Zidane había salido con cuatro medios. La concentración es variable: tres, cuatro o hasta cinco. El Madrid no sufría en defensa, en su línea reciente de seguridad, pero tampoco atacaba. Era un fútbol que se ha visto estas últimas semanas entre relámpagos de brillantez: un centrocampismo denso, forcejeante. La única ocasión era un remate a balón parado de Casemiro que acabó en gol revisado por el VAR. No hubo más, luego un chut lejanísimo suyo superada la media hora del partido.

Al Madrid le faltaba velocidad, el desborde interior de Valverde, y el desborde exterior. Sin Vinicius, los laterales eran Mendy y Nacho. Después de minutos de congestión, el Madrid quiso apretar un poco antes del descanso y se notó, precisamente, en la mayor velocidad alcanzada por la pelota. Fueron apenas dos o tres minutos que anunciaban otro ritmo posible.

Había sido el Madrid rumiante y avejentado de los primeros meses de temporada y subió algo la intensidad tras el descanso. El arrastre de Casemiro, gran baza ofensiva por simple fuerza y verticalidad, permitió ya una buena ocasión de Rodrygo.

Era la media, absolutamente previsible hasta entonces, la que debía asumir el empuje de otros días. Y Kroos y Modric elevaron su nivel, aunque seguía faltando la profundidad y dinamismo de Valverde, el que da al mediocampo blanco la dimensión nueva. Pero ese Madrid mejorado de la segunda parte ya llegaba, ya parecía suficiente. Benzema pudo marcar en la disyuntiva entre el deber de remate y la invención del pase.

Llegado el minuto 60, el de las decisiones, el Madrid había mejorado lo suficiente para que Zidane se lo pensara. La salida ya era fluida, y la posesión continua. Se iba imponiendo su nuevo autoritarismo defensivo, la mejor defensa del campeonato y una de las mejores de Europa. El Valladolid, así era, no hacía ni cosquillas. En esa línea hay que interpretar también la cesión de Odrizola; en su lugar, Nacho da otro tono al equipo.

El Valladolid ya se iba inclinando obediente «como el paciente anestesiado sobre la mesa» de operaciones, pero al Madrid le faltaba el bisturí. Zidane, más Zizou que nunca, lo que vio en el partido fue la necesidad de Lucas Vázquez.

La mayor presión del Madrid se iba convirtiendo en una forma reconocible de juego: cuando los medios van subiendo hasta el minarete de Benzema, que a la vez baja también a su encuentro. Al juntarse, en un lugar del borde del área, se concitaban todas las posibilidades de pared, enhebramiento y chisporroteo. Esa zona, que había quedado sin pisar en la primera parte, era ahora la sala de baile de Benzema.

Los centros iban mejorando, cogían otro vuelo, y Kroos calculó desde la derecha uno de esos pases que mejoran incluso los de Míchel (aceptar esto es un dolor generacional). Nacho remató ese pase que surgía como segunda jugada tras un córner. Era un gol derivado del balón parado y marcado por un central. No son los primeros puntos fuera de casa que debe el Madrid a sus defensas. Es el gol solidario, el gol coral, el gol cooperativo del Madrid que quiere ganar la Liga reeditando, por la vía distinta del toque ma non troppo zidanesco, aspectos de las inolvidables ligas de Capello y Mourinho. Una fértil racanería, el gol por goteo, una fraternidad olvidada. El factor baraka estaba ahí de nuevo: apostó por Nacho, gol de Nacho.

El Valladolid, cumplidor, reaccionó y Plano tuvo la primera ocasión real de su equipo. El partido se animó, el público hizo ruido, pero el Madrid actual resulta un equipo difícil de sacar del campo. Sus centrales y medios parecen ahora el inicio de una megaestructura.

Aunque marcar le cuesta al Madrid. Debe hacer carburar un motor algo viejo en la media, en primer lugar, y encontrar luego al delantero centro, pero no como alivio o resolución, sino como apoyo y habilitación del resto. El gol es una gran obra colectiva de acercamiento. Este Madrid es un Madrid llegador al que Benzema, con dotes de director, pone en situación de marcar, le va atrayendo al área para que se extienda allí como hace el clavillo de un abanico.

Lo intentó el Valladolid, pero el Madrid salió airoso con oficio y aún pudo Rodrygo obtener un penalti que De Burgos, de reojo recalcitrante, no quiso ver. El Madrid vuelve a ser líder, pero ahora convertido en un equipo fiable y reconocible.

ABC







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