Mérida, Septiembre Lunes 27, 2021, 04:05 pm

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EL MAL DEL PERSONALISMO POLITICO por Luis Loaiza Rincón

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LUIS LOAIZA RINCÓN


El personalismo político suele relacionarse con el atraso cultural que, en lugar de las instituciones, resalta la preeminencia de los liderazgos carismáticos junto a un militarismo no apoyado necesariamente en fuerzas militares regulares. El personalismo crece allí donde las instituciones, y fundamentalmente el Estado, o están ausentes o son muy débiles.

Después de la guerra de independencia, nuestros países enfrentaron el desafío de construir un orden político que terminó estructurándose sobre la base de múltiples focos de poder apoyados por el uso de las armas y la violencia. En ocasiones, desde estos focos se estructuraron alianzas y compromisos que permitieron conformar regímenes en los que sólo sobresalían caudillos. Cada caudillo se ubica en el vértice de una pirámide cuya base está constituida por su clientela personal y esa clientela obedece a un solo jefe, dado que las relaciones de poder son intransitivas.

En América Latina el personalismo político, además del caudillo, también se expresa a través del “cacique”, fenómeno social y político que si bien comparte algunos rasgos con el primero, es la expresión de una circunstancia distinta. El caudillo es el producto del vacío institucional posterior al proceso de independencia. El segundo encuentra su razón de ser en el proceso de consolidación del Estado Moderno.

El “cacique” se ocupa de los arreglos informales de intermediación más allá del mundo rural y lo encontramos en ámbitos sindicales, empresariales, académicos y culturales, propios del medio urbano. Cada “cacique” hace de su posición una alcabala y aunque pueda llegar a usar la violencia, rara vez es un militar de importancia y esa violencia es sobre todo de baja intensidad, esporádica e incluso quirúrgica. El cacique no necesariamente debe ocupar cargos oficiales para ejercer su poder gracias al cual recompensa a sus amigos y castiga a sus enemigos (pan o palo).

Los caudillos y caciques son la expresión de un personalismo político que se asienta en la debilidad institucional y en la persistencia de vínculos sociales tradicionales y arcaicos. Además, cada uno en su momento ha sido útil para asegurar un particular orden sociopolítico marcado, no por las leyes, sino por la arbitrariedad de los hombres fuertes. No obstante, el personalismo, la debilidad institucional y la indisciplina social hoy siguen articulándose en la política hasta el punto de seguir encontrando estos personajes en todo tipo de espacios.






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