Mérida, Abril Domingo 26, 2026, 04:52 am
En la tradición cristiana los días santos siempre nos
convocan a la oración y a la reflexión, sobre nuestro destino personal y
colectivo, en la fe de quien murió en la cruz por todos, como suprema expresión
de amor.
De ese poderoso mensaje no debería distraernos nada, ni los
inhumanos cortes de electricidad, ni la falta de agua, ni ninguna de las muchas
necesidades materiales que enfrentamos o de las distracciones que encontremos. En
los días santos, el mensaje central es el de Dios.
Con eso en mente acudí a un pequeño tesoro obsequiado por
uno de los hombres más cultos que llegué a conocer en la Universidad de los
Andes: el “Poeta Paraima”. Se trata de un pequeño libro del Rabí Nachman de
Breslau (1772-1810), un maestro hasídico que nos legó una tradición de
sabiduría que sigue muy vigente.
Este opúsculo, que lleva por título “La Dulce Arma”, se
refiere al poder de la oración, al diálogo personal con Dios, en todas las
circunstancias. Esa es la dulce arma que todo lo puede. Para el rabí Nachman de
Breslau, “el secreto de la oración sincera reside en la capacidad de encontrar
momentos de quietud durante los cuales podemos dirigirnos a Dios en el lenguaje
del corazón, con nuestras palabras, lengua y expresiones propias”.
En la introducción se explica que las cinco secciones de la
obra abarcan los elementos básicos de la actividad humana en su conjunto, esos
mismos que los “cabalistas” identifican como la acción, la palabra, el
sentimiento, el pensamiento y la voluntad, siendo cada uno de ellos “un nivel
del alma humana, el cual corresponde a su vez a un nivel de la Creación”.
Comparto del tercer nivel, el de los sentimientos, la
oración del perdón, quizás una de las enseñanzas cristianas menos comprendida y
todavía menos practicada.
Oh Dios que perdonas,
Sólo Tú sabes con qué urgencia necesito aprender
A perdonar.
Ayúdame a extinguir la cólera
Que arde dentro de mí.
Líbrame del resentimiento
Contra los que me han perjudicado.
Ayúdame a abandonar
Toda la animosidad, toda la hostilidad
Que obstruye mi corazón.
Ayúdame a transformar mi cólera en amor
Y mi enemistad en compasión (LM 1:18).