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Una despedida por Ricardo Gil Otaiza

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Una despedida por Ricardo Gil Otaiza


A menos de tres meses del fallecimiento del escritor español Javier Marías (Madrid 1951 – 2022), termino de leer su más reciente libro titulado ¿Será buena persona el cocinero? (Alfaguara, 2022), gracias a la bondad de un buen amigo que me lo trajo recientemente de España. Este nuevo tomo conjunta los noventa y cinco artículos publicados por el autor en el suplemento dominical de El País Semanal. Tengo en mi biblioteca varios de los tomos anteriores que compendian sus columnas, y puedo afirmar que es éste el que más incluye aspectos de la política, así como crítica acerva a los gobernantes de turno. Fue Marías un articulista incisivo, agudo al extremo, quien no tuvo rubor a la hora de cantárselas sin remilgos a un político que no estuviera dando la talla en su posición o cargo, o que implicara una rémora en la democracia española o de otros países europeos o americanos.

Estaba Marías lo suficientemente advertido acerca de la urticaria que sus descarnadas posturas intelectuales producía en muchos, ya que en varios de los artículos deja entrever la posibilidad (ya cercana) de no continuar con su labor de opinión de más de dieciséis años de esfuerzo semanal. Para nadie es un secreto las circunstancias de inaudita sensibilidad de una sociedad enferma e intolerante como la nuestra, que poco acepta que se diga lo que no es políticamente correcto, y que por todo hace alarde de ofensa y de agravio, cuando en realidad lo que desea es acallar y ocultar la inconveniencia de que alguien con suficiente autoridad moral y ascendencia mediática, deje al descubierto las trapacerías de muchos quienes ostentan el poder. Es de advertirse que los artículos incluidos en el tomo van desde el 3 de febrero de 2019 al 24 de enero de 2021, lo que incluye el largo tiempo de reclusión por la pandemia del Covid-19, cuestión por demás detonante en el autor para arremeter contra las políticas erráticas de las autoridades de España y de muchos otros países (Inglaterra, Brasil y los Estados Unidos) en el manejo de la emergencia sanitaria.

Por supuesto, dedicó el columnista páginas a su pasión por el fútbol, a los libros y a los autores, a sus recuerdos familiares y a todo aquello que llamara su atención ciudadana. Esto hay que subrayarlo: sin ánimos de moralejas (las detestaba) fue Marías un permanente vigilante de los desvíos de parte de quienes ostentan cargos públicos y cuyas actuaciones pudieran traer daños al colectivo. Sin más, fue un defensor a ultranza de los derechos de los ciudadanos y un observador y vigilante permanente e incisivo de su tiempo histórico, lo que lo llevó a asumir posturas (aparentemente intransigentes) frente a cambios que pusieran en peligro la gobernabilidad y que se tradujeran en el socavamiento de las libertades y la democracia.

En Marías tenía el hombre y la mujer de a pie a un interlocutor inteligente y válido, quien no cesó en un solo momento de gritar a los cuatro vientos aquello que contradecía y vulneraba el espíritu de lo humano, para denunciarlo, para dejarlo al descubierto, para echar por tierra las coartadas que esgrimen quienes se esconden tras una apariencia “noble” para acechar y delinquir. Fue el columnista la voz de quienes no la tienen y bajo su égida de hombre letrado y culto, no escatimó recursos lingüísticos desde la palabra (su principal herramienta) para “construir” un mundo a la medida de sus propios sueños. Me imagino que tales posturas intelectuales y políticas le ganaron innumerables desafectos y enemigos, pero esto no lo arredró, todo lo contrario: levantó con más fuerza su voz y con ello dejó sentada una fortaleza de espíritu que fue el eje alrededor del cual construyó su imagen pública, y un prestigio que ya hubieran querido tener sus detractores.

En lo literario, y con respecto a su obra, hay un artículo titulado Una despedida (del 15-XI-20), y que llama poderosamente la atención, ya que en él cuenta que acababa de concluir una nueva novela, cuya extensión era superior a la hasta entonces más extensa de su obra: el tercer volumen de Tu rostro mañana, titulado Veneno, sombra y adiós de 2007, con 656 páginas. Se trata de su última novela titulada Tomás Nevinson (aparecida en el 2021) con 705 páginas, y que escribió entre enero de 2018 y el 25 de octubre de 2020. El artículo comienza así: “Hoy me van a permitir una despedida, espero”. Se refería obviamente al largo proceso de escritura de este inmenso tomo, pero habida cuenta de las circunstancias posteriores (acaecidas el 11 de septiembre de este año con su muerte), era en sí una frase premonitoria al erigirse en su despedida como novelista. Es más, si me apuran, puedo expresar que hay artículos en este volumen que dejan en el lector el sabor a cierre de procesos, pero lo que menos él se podía imaginar, y sus lectores, es que se acercaba el fin de su ciclo vital (en realidad nadie lo sabe ni desea saberlo).

Finaliza Marías esta columna con un inusual párrafo que ensombrece al más pintado, juzguen ustedes: “Así, no me queda sino despedirme de las 705 (se refiere a las páginas) que ahora he completado… y decir: Adiós, Tomás Nevinson y adiós Celia Bayo, Inés Marzán y María Viana, adiós Bertram Tupra y adiós Berta Isla, que dio título a mi novela anterior. Adiós a 1997 y 1998 –otra vez–, y a la ciudad que existe y no existe… Adiós a su mundo fabulado… que es justamente el de la ficción”.

rigilo99@gmail.com





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