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Guillermo Soto Rosa por Orlando Oberto Urbina

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Guillermo Soto Rosa por Orlando Oberto Urbina


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En la ciudad de Ejido nació un caballero de nombre Guillermo Soto Rosa, quien hizo sus estudios en el meritorio Colegio San José de Mérida. Este colegio fue fundado por los jesuitas y le dio a la capital del estado Mérida un prestigio por su honradez y servicio al prójimo. Hay que destacar que la formación intelectual y deportiva de Soto Rosa transcurrió precisamente allí. Era ingeniero  de profesión y fue egresado de las aulas universitarias de la ilustre Universidad de los Andes. Fue hijo del coronel José María Soto Rosa, un llanero del estado Barinas, y su progenitora merideña era Ana Emilia Monsant.

 El ilustre Guillermo Soto Rosa, nació en  Ejido un 14 de abril de 1928. Algunos biógrafos señalan que este merideño ejemplar se destacó en el fútbol como un gran delantero, y que  jugó en los equipos de San José, Universidad de los Andes, Liceo Libertador y San Ignacio de Loyola, en la que sobresalió como un gran goleador. El historiador y crónista honorario de Mérida, Adelmo Peña Vega, es autor de un libro acucioso sobre la historia del equipo Estudiantes de Mérida y su fundador: Guillermo Soto Rosa. Él era un hombre que se esmeraba en ayudar; trabajaba y colaboraba con la formación de los semilleros del futbol merideño. A muchos deportistas jóvenes vistió de glorias. Era sencillo y lleno de humildad, venía de una  formación amplia en virtudes, y se hizo gran futbolista y dirigente gremial de deportes y técnico, así como fundador del equipo rojo y blanco junto a otros compañeros.

A sus 20 años, ya en 1948, se desempeñó como comisionado de deportes. Dependía de la gobernación del Estado, ya para 1956 se hace directivo del club de fútbol San José, y fue ingeniero en las dependencias del Ministerio de Obras públicas (MOP) en la ciudad de Caracas.  Es en Barquisimeto donde se realizó el primer Campeonato Occidental de Fútbol, y este ilustre jugador se destacó por una calidad futbolística que vistió de gloria aquella época de oro, y logró una inmensa popularidad como goleador merideño.

Queremos homenajear a uno de los grandes del balompié que ha dado esta tierra de cañas y panelas, de las flores y de la miel, Ejido, de donde era oriundo Guillermo Soto Rosa, y que gracias a la tríada deportiva del Colegio San José, la Universidad de los Andes y el liceo Libertador, fundó la primera Asociación de Fútbol Merideño que dio sus primeros pasos para la organización de las competencias locales desde el año 1936. Todo esto se hizo por iniciativa de muchos ilustres hombres de instituciones respetables y de grandes hazañas deportivas en Mérida.

A partir de esta iniciativa se constituyó después la Federación Occidental de Fútbol en 1949. Más adelante esta federación se vinculó con la Asociación Nacional del Distrito Federal y estado Miranda, lo que vino a determinar el nacimiento de la Federación Venezolana de Fútbol. Es importante señalar que esa época fue característica de hombres probos, de una estatura moral que presidían instituciones de gran fortaleza. En esa dimensión, Soto Rosa se hizo grande, y se destacó en aquellos años llenos de entusiasmo y de años irrepetibles para el fútbol venezolano.

 En 1962, sin fortuna y sin padrinos, se disputó la presidencia de la Federación Venezolana de Fútbol. Era la oportunidad de la provincia y de los hombres que habían demostrado saber del balompié, y conocer la problemática que vivía el día a día este deporte. El 5 de septiembre de 1969 se inauguró el Estadio Olímpico de la ciudad de Mérida, y dos años más tarde, un 12 de octubre de 1971, se realizó el primer partido oficial de Estudiantes de Mérida, llamado también el equipo del pueblo merideño. A Guillermo Soto Rosa le correspondió hacer el saque inicial para aquel juego, que al final ganó con el marcador 2 goles por 1 al deportivo portugués de la ciudad de Caracas.

Desde que se fundó el equipo Estudiantes de Mérida, Guillermo  Soto Rosa siempre estuvo al lado del equipo del pueblo. Llegó a ser parte de su directiva, fue vocal, asesor, presidente honorario, vicepresidente y presidente de dicha  organización. Por eso, para reconocer su trayectoria futbolística y los méritos ganados a través de su incansable labor por el futbol nacional y regional, se le nombró presidente honorario vitalicio del equipo rojo y blanco, y aquella tarde del 12 de Octubre de 1971, con la presencia de unos 10 mil espectadores en el estadio que hoy lleva su nombre, allí donde  el  equipo rojo y blanco le ganó 2 a 1 al Portugués de Caracas, este insigne jugador el pueblo de Mérida en conjunto con sus instituciones honró al pueblo emeritense al ponerle su nombre al Estadio Olímpico de la ciudad.

En 1970, tanto el Vasco José Arano y Luis Ghersi conjuntamente con Guillermo Soto Rosa, van a fundar la semilla del equipo Estudiantes de Mérida, el cual se hizo realidad en 1971. Otro de los crónista del Estudiantes, Pedro Quintero, ha señalado en algunas de sus crónicas gráficas que Guillermo Soto Rosa -por más de cuatro décadas- ha sido padre y mentor del equipo, aunque mucho de los males que padeció el equipo después se debió a la ausencia de personas como Guillermo Soto Rosa, que tenían claridad, y sabían a dónde guiar dicho club de Estudiantes; lo que significaba vestir su camiseta. Seguramente a Soto Rosa no le agradaría si estuviese vivo lo que otros han hecho con el equipo del pueblo que además es patrimonio del soberano merideño.

En esta pequeña crónica buscamos homenajear a gente sencilla que dio grandes pasos en favor del pueblo de Mérida y de Venezuela, como Guillermo Soto Rosa, Luis Ghersi, José Arano… y que dirá también el jugador Mono Rivas de tantas anécdotas y que siempre estuvo en el equipo, pues a éste no se le ha hecho ningún homenaje. Lo mismo sucede con muchos seres que llenaron de hazañas al pueblo que los vio nacer, crecer y dar esos triunfos, como los que hoy necesita este pueblo sufrido y maltratado para que alegren su victoria los hijos de historia y leyendas deportivas como esos muchachos del barrio a los que se les hace cuesta arriba adquirir un balón de futbol, por decir lo menos.

Guillermo  Soto Rosa, el patriarca del fútbol, falleció en la ciudad de Caracas el 12 de marzo de 2010 a la edad de 81 años, y en su paso por esta tierra demostró siempre ser amable, demostró su gentilicio merideño y su incansable lucha por ver siempre a su equipo en lo más alto del pódium rojo y blanco.

 

En Mérida se acostumbraba los días domingo ir a la casa de Dios, y después de escuchar la Santa Misa. Luego la gente iba al estadio Soto Rosa apoyar al equipo del pueblo. Ya en muchas familias se hacía esta tradición. Al celebrar sus cincuenta años el equipo de fútbol bajo el esplendor de las montañas sobre la Ciudad de Mérida, cristiana y académica, surgió la unión de la Universidad de los Andes, que aquel 29 de Marzo  de 1785 había fundado el Fray Juan Ramos de Lora en la sede del Colegio Seminario de san Buenaventura de Mérida, lo que luego le dio paso a lo que es hoy La ULA.

 En un modesto apartamento de la Av. 16 de septiembre, se reunieron los fundadores del equipo estudiantes de Mérida. Se cuenta que en los años 20, los jesuitas traían en su equipaje algunos balones de fútbol, además de sus biblias, crucifijos, catecismos y otras cosas de su servicio a Dios. La pasión de los  sacerdotes jesuitas por el balompié la habían labrado en su natal Bilbao (Vizcaya, España), lo cual aupó al Atlético club de Bilbao, según señala el cronista e historiador Adelmo Peña Vega. Este Atlético es uno de los clubes más antiguos de la nación ibérica fundada en 1898.

En 1927 la Compañía de Jesús sembró en Mérida su proyecto educativo fundando el Colegio San José, y es cuando se hicieron sentir los balones, así como los colores de franja rojo y blanco de la camiseta de Estudiantes. Estos habían sido los colores del Atlético de Bilbao y del Colegio San José de Mérida, como una demostración de amor de los padres jesuitas por el legendario Club de Bilbao.





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