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Por si no lo sabías: José Montecano por Orlando Oberto Urbina

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Por si no lo sabías: José Montecano por Orlando Oberto Urbina


José Montecano es un lucero de cantos. Si nuestro país fuera un barco, Paraguaná sería la proa que desafía las aguas del mar Caribe, y avanza hacia el Norte. La punta de esa proa sería el cabo San Román, y así mismo la cabeza de Venezuela, porque es el punto más septentrional de la tierra salobre y dulce, como el cardón que nos da su agüita para calmar esa sed que tenemos en esta tierra de gracia. Desde cualquier punto que miremos, la península siempre va a semejar una cabeza inclinada al occidente; aunque llevemos golpes duros de los vientos alisos, nos sostenemos en su cuello delgadísimo desde el ismo arenoso de los médanos de Coro.

El falconiano lleva una fuerza interior en su alma que canta como la fuerza del medanal, porque somos arenas que danzan la esperanza de un pueblo que ha sido historia en la tierra firme de América, llena de paisajes de hermosos mosaicos, y de contrastes bendecidos por la mano de nuestro universo maravilloso. Así es el canto del hombre que anda en el paisaje, será más que el pájaro cantando su alegría y tristeza en el canto de la tierra del viento, del barro, el adobe y la tapia que construyen allí su propia existencia.

Escribir sobre José Montecano, amigo y paisano, es tarea muy comprometedora; además, si hemos compartido caminos como los paraguaneros que nos secan los pies de tanto andar en busca de los sueños. Cómo no acordarme de nuestra travesía a El Vínculo de Curaidebo para llegar hasta El Cardonal, a mi casa en Santa María, con nuestro entrañable amigo Heberto León. Montecano encantó a todos rememorando otros tiempos con sus canciones, con un cuatro prestado de apenas tres cuerdas.

Nuestro cantautor es Esmil Padilla Rossell, quien  nació en la Ciudad de Punto Fijo, en el año de 1955, y es mejor conocido como José Montecano en honor al cerro que está ubicado en San José de Cocodite, municipio Falcón. Allí está ubicado el cerro Montecano, donde quedan las cuevas del Guánamo que es un reservorio natural mucho más visitado, y de mayor accesibilidad en otras épocas. Sus padres son de origen paraguanero: Carmen Adela Rossell y Esmil  Rafael Padilla.

Su primera producción discográfica fue en el año 1977, un acetato de 45 rpm el cual se tituló “Sentir Coriano” y “Canción del Mar”, canciones escritas por su hermano Alí Primera Rosell.

En este cantor hay una toda una trayectoria musical que lleva más de cincuenta años de vida musical. Montecano merece un homenaje por su trayectoria y trabajo en el canto venezolano. José Montecano es un cantor que lleva por dentro su venezolanidad con un corazón paraguanero hecho como el guayacán que siempre esta verdecito así haya mucho verano. En aquel entonces, su hermano Alí Primera le escribió en aquel longplay: “Querido José: como bienvenida quisiera ofrecerte algunas de mis reflexiones por si te sirven de algo; aunque las enseñanzas que vayas recogiendo en el camino y tu propia conciencia serán tu mejor guía”.

José Montecano es un cantor que logra comunicarse con su pueblo, que se ha convertido en alma y corazón de un pueblo que sufre y se expresa en la sensibilidad expresada en el canto, porque el cantor se forja en el calor de la lucha del pueblo. Y como Alí decía: sin capacidad de aprender, no se puede llegar a enseñar. Porque el nuevo canto que se hace tan necesario hoy en día  no precisa de ídolos, sino de voces sinceras que no perfumen la hienda, sino todo lo contrario. Hoy se ha confundido el compromiso cantor con el culto a las personalidades que olvidan quienes los llevaron al poder. Desde esta trinchera José Montecano, hermano cantor, nunca ha perdido la inmensa fe en el compromiso con lo humano, y en la vida plena de ese canto.

Montecano nos ha respondido como cantautor por haber encontrado el camino de los que abren brecha en la inquebrantable perseverancia de un pueblo amoroso y digno que espera de ese nuevo canto un himno a la lucha contra esos indignos que han puesto a pasar hambre al venezolano, y ha sometido la esperanza de un bravo pueblo envejecido por la espera de promesas incumplidas y decretadas en el limbo del desengaño y la estafa. Pero ese canto lo llevamos en la sangre, y nuestro cantor nos refresca en el paisaje desértico. Paraguaná es la mujer más hermosa que con su luna llena nos enamora, y su vendaval nos alegra el alma y cuerpo en toda esa línea azul índigo en su ecosistema enclavado en el Wai-Jai, hábitat de enanos guardianes de tesoros, donde sólo el ave falcónida llega.

Ese es el canto que nos regala el cantor de hombre y paisaje. Montecano es lucero que alumbra nuestra Paraguaná, olvidada y víctima de grandes silencios. A veces, aunque el viento sea muy delgadito, nos grita en toda esa ventolina o barullo de su propia esperanza hecha paisaje. El poeta Andrés Castillo escribió sobre Montecano en su disco “Hombre y Paisaje” que su canto es un homenaje a su tierra amada, a la tierra falconiana y a sus compositores que han sabido ponerle corazón a los acordes, la querencia que todos sentimos por la falconía amorosa, fértil, generosa de este pueblo grandioso y que lleva sus huellas impregnadas en las luchas del  pasado y del presente por su porvenir.

Nos cuenta su compadre y poeta Simón Petit que José Montecano es un cantor  que recorrió escuelas llevando su canto y el de otros compositores y poetas de la tierra que cuenta y canta un canto. En cada pizarrón de cada salón hay una lectura enseñando la conciencia de nuestra cultura falconiana, y la promoción de nuestros géneros musicales. Los inicios de Montecano fueron con el “Grupo Araguaney”, y con el canto bravío de la sierra falconiana con temas como “El receloso”, y el merengue de Ramón Blanchart y su tema “El Mero Cabezón”. Montecano ha llevado a la canción necesaria algunos de nuestros cultores musicales y poetas como Guillermo de León Calles, Charles Arapé, Héctor Hidalgo Quero, Simón Petit, Rider Diaz, el “papa” Meneses, Yasmil Marrufo, entre otros. Por otro lado, ha rendido tributo a la Paraguaná hermosa y cantada en las palabras de Alí Brett Martínez, como “Aquel Alí Brett”. La fuerza de su canto es como el viento bravo de la península y la fuerza del medanal que trajina en su cuatro y guitarra apegado al abrazo firme de su San José de Cocodite, o mejor dicho, la Guacuira de agua fresca y de muchachas bonitas que  florecen como las trinitarias.

Montecano ha estado presente en la canción latinoamericana, ha sido un militante de compromiso social. Desde su juventud militante comunista, lo recuerdo en aquellas batidas de Tribuna Popular, nunca soltó su cuatro, y siempre estuvo de la mano de aquellos maestros como el hermoso gordo “Guarecuco”, el poeta y maestro Héctor Mujica, así como el gran faro de luz Luis Beltrán Prieto Figueroa. Participó en festivales de la voz revolucionaria dentro y fuera del país. José Montecano ha cantado junto a Silvio Rodríguez, Carlos Varela, Amaury Pérez y también junto a los venezolanos: Simón Díaz, Gualberto Ibarreto, Reynaldo Armas, Toña Granados, Cecilia Todd, Lilia Vera, Francisco Pacheco, entre otros.

Su canción sencilla y a la vez melodiosa ha transitado el más hermoso camino del despecho y la alegría en su repertorio musical latinoamericano y del Caribe, con temas de Alfredo Sadel, José Alfredo Jiménez, Rafael Rodríguez, Henrique Hidalgo, Miguel Ordoñez, Ilan Chester, Julio Jaramillo, Roberto Carlos, entre otros. Sus canciones son las lefarias (variedad del cardón) donde el dulce dato (fruta del cardón) de nuestro origen nace en cada camino paraguanero. Cómo no escribir sobre esos poetas que han llevado en alto nuestro sentir como en ese trabajo emprendido y difundido en el repertorio musical de Montecano, donde recobra sentido el cancionero falconiano de los paisanos Rafael Sánchez López, Tino Rodríguez, Alexander Sierralta, Daniel Reyes, Simón Petit, Hugo Fernández Oviol y otros venezolanos de gran interés musical como Antonio Acosta Márquez, Iván Pérez Rossi y Miguel Ordoñez.

Alí  decía: ”Montecano mi hermano, es la voz que me ayuda desde mi familia, cuando se me van los gallos él los agarra, se los mete en el pecho, y sigue cantando”. Esmil Padilla Rossell es un paraguanero que ha hecho de nuestra tierra un terrón de canto y amor por el azul cielo y mar, en el que hemos creído desde que conocí a aquel hombre y guía en las luchas vecinales con el gran Aciclo Primera.

Dios bendiga tu canto y tu grito por la sed de tu pueblo que algún día será lluvía bendecida, por el amor de una navegante leyenda de mujer que ha entregado su querer al vendaval. Así es Paraguaná Por si no lo sabías, así como el título del álbum musical en el que Montecano se sumó a finalizar el disco póstumo de Alí Primera.





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