Mérida, Marzo Jueves 05, 2026, 06:45 am
El partido entre dos equipos argentinos que los argentinos no pudieron
organizar, y para el que solo encontraron la solución de que no se jugara en su
territorio, aterrizó este jueves por la tarde en Madrid, cuando el presidente
del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció a través de su cuenta de Twitter, mientras
volaba a Buenos Aires a la cumbre del G20: “España está dispuesta a organizar
la final de la Copa Libertadores entre Boca y River”. Apenas una hora después,
Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, organizadora del torneo,
oficializó que el encuentro se disputará el próximo domingo 9 de diciembre en
el Santiago Bernabéu a las 20.30.
Los dos primeros intentos de disputar la vuelta de la final de la Copa
Libertadores entre River y Boca en el Monumental de Buenos Aires, el sábado y
el domingo pasados, fracasaron por los disturbios, y las partes comenzaron el
martes negociaciones para buscar un sitio donde jugar. Después de descartar
varias ciudades, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), la FIFA,
la UEFA, la Federación Española de Fútbol (FEF) y el Real Madrid se habían
puesto este jueves por la mañana de acuerdo en que se disputara en el Bernabéu.
A mediodía de este jueves, los servicios de seguridad del club blanco
avisaron de las intenciones del grupo a la Delegación del Gobierno, que los
citaron para las 17.00 en sus instalaciones de la calle Miguel Ángel de la
capital para reunirse con ellos y con la Policía Nacional. Allí se presentó una
delegación con enviados de la Conmebol, la FIFA y el Real Madrid, a los que,
según una fuente oficial, se requirió “que formalizaran una petición”, algo que
aún no habían hecho y que cumplimentaron en ese momento. Cumplido el trámite,
la policía podía comenzar a estudiar las implicaciones para la seguridad de la
ciudad de un evento del que hasta entonces no había tenido noticia.
Si la premura de los organizadores para encontrar una ubicación al
partido era grande (el ganador de la Libertadores se estrena en el Mundial de
Clubes el 18 de diciembre), la de las fuerzas de seguridad era máxima. Según
fuentes conocedoras de los operativos, el estudio de las necesidades de eventos
deportivos de alto riesgo requiere de entre cuatro y seis semanas, y los
preparativos posteriores pueden extenderse durante ocho meses. Esos plazos se
convirtieron este jueves en horas y en días.
Problemas de calendario
Los técnicos que se pusieron este jueves a trabajar sobre el asunto
preveían hacerlo durante toda la noche, condicionados por la voluntad del
Gobierno de que el partido se disputara en el Bernabéu y con la complejidad del
calendario. El domingo 9 de diciembre es el último día del puente de la
Constitución, las fechas en las que Madrid recibe más visitantes en todo el
año, unos 600.000 en 2017, cuando se registró una ocupación hotelera superior
al 80%.
Además de la final de la Libertadores, Madrid sería sede ese puente de un
derbi Leganés-Getafe el viernes 7 a las 21.00 y de un Atlético de Madrid-Alavés
el sábado 8 a las 13.00.
En el tuit en el que anunció la disposición de España a acoger el
partido, Pedro Sánchez hizo referencia al trabajo de estudio que todavía en
esos momentos estaba llevando a cabo la policía: “Las FCSE y los servicios
implicados, con amplia experiencia en dispositivos de este tipo, trabajan ya en
el despliegue necesario para garantizar la seguridad del evento”.
La organización del controvertido encuentro se ha trabajado con varias
líneas en paralelo. Mientras se cerraba la sede, aún estaba pendiente una
reclamación de Boca, que pretendía que se le adjudicara el título sin disputar
el partido de vuelta, después del ataque sufrido por el autobús que llevaba a
sus jugadores al estadio el pasado sábado 24. Para entonces, ya se había jugado
la ida, en La Bombonera, que había concluido con un 2-2, sin que los goles
anotados fuera de casa tengan valor doble. Horas después del ofrecimiento de
Sánchez, la Unidad Disciplinaria de la Conmebol dictaminó que no había lugar a
la petición de Boca e impuso una sanción y una multa a River: en 2019 tendrá
que jugar los próximos dos partidos como local de competiciones de la
confederación sudamericana a puerta cerrada, y deberá pagar una multa de
400.000 dólares.
Este jueves por la tarde aún quedaban en el aire numerosos detalles sobre
la final, como quién se encargará de la venta de las entradas y a través de qué
sistema, o a quién se venderán esos billetes. En Argentina, las aficiones
visitantes tienen prohibida la presencia en los estadios. En la ida de la final
de la Libertadores solo había hinchas de Boca en el campo. En los dos
frustrados intentos de la vuelta, en las gradas del Monumental solo se
encontraban aficionados de River.
La búsqueda de un hogar para la final había comenzado el martes en
Asunción, capital de Paraguay, donde se reunieron representantes de los clubes
y de la Conmebol. Se tantearon Doha, en Qatar, sede del próximo Mundial de
2022, y que ofrecía sustanciosas compensaciones económicas, y también Miami,
descartada por la propia federación estadounidense.
El sí de Florentino
Las exploraciones concluyeron en un destino típicamente argentino.
Argentina al margen, España es el país del mundo en el que viven más personas
nacidas en aquel país, 261.121, según los datos del Instituto Nacional de
Estadística actualizados en enero de este año. El siguiente destino más elegido
para emigrar es Estados Unidos, donde, según datos de un informe de la
Organización Internacional para las Migraciones de 2012, vivían unos 220.000.
En las negociaciones todo ha sido extremadamente rápido. El Real Madrid
se mostró favorable desde el principio, al contrario que en ocasiones
anteriores en las que se le solicitó el uso del estadio para disputar otras
finales. En 2012, cuando el Athletic de Bilbao y el Barcelona se habían
clasificado para jugarse la Copa del Rey mostraron su deseo de que el partido
se disputara en el Santiago Bernabéu, el estadio con mayor capacidad de España,
solo por detrás del Camp Nou. En aquel momento el Real Madrid aseguró que debía
realizar obras en los baños y en algunas localidades del estadio y que los
trabajos tenían que comenzar cuanto antes. El partido se jugó en el Vicente
Calderón, también en Madrid. Como también las finales de Copa de 2016 y 2017.
La de 2018 se disputó ya en el recién estrenado Wanda Metropolitano, que
el próximo 1 de junio acogerá además la final de la Champions League.
El presidente de la RFEF, Luis Rubiales, se felicitó por la decisión:
“Sin duda, estamos preparados. Es una gran noticia que hayamos recibido la
confianza para acoger la celebración de este histórico partido", dijo en
un comunicado.
EL PAÍS