Mérida, Marzo Domingo 15, 2026, 04:17 am
El
Madrid ha desarrollado un sistema de alertas y respuestas por el que,
en cuanto puede meterse en la Liga, el equipo falla sin misericordia. Lo
que ganó en el Metropolitano contra el Atleti lo perdió en el Bernabéu
contra el Girona. Su segunda parte contra el Girona fue un horror
futbolístico que debería quedar en la memoria. La mejoría del Madrid se ha venido explicando de dos formas. Una es el tono físico: Pintus. Otra
corriente lo simplifica y personaliza todo: el cambio fue Vinicius. Se
añadiría, quizás, el dúo Lucas-Reguilón, con los que Solari, como ya
hizo Zidane, añadió trabajo y velocidad. De hecho, es raro que renuncie a
los dos, y cuando lo hace, como contra el Girona, el Madrid vuelve a
ser el equipo sin vida que estuvo siendo durante meses. Si además falta a
Modric, se toca fondo. El curso deja la baja de Isco y habría que
añadir a Marcelo, superado por Portu en la segunda parte de un modo
dramático. Hubo muy buena entrada en el Brnabéu, sol y
ganas de fútbol. El Girona, que volvía al Bernabéu habiendo agravado su
condición de peor equipo del 2019, corrigió el sistema. Dejó la defensa
de tres y dobló la atención por las bandas en una especie de 4-1-4-1 muy
útil de inicio . El
Madrid salió concentrado, con la presión arriba, serio, y triangulando
en busca de un activo Asensio, que terminaba sus jugadas con centros. El
Madrid, sin querer, volvía a eso. El centro frente al desborde. Al
Madrid le faltaba una marcha, y una ruptura por fuera. Se volvía al
estatismo bien conocido, una monotonía de toque y posición que rompió
Lucas en el 17 entrando en el área con un curioso autopase por
elevación. Stuani respondió chutando a la contra. Pasaban
los minutos y Benzema no era el rompedor fenómeno de los últimos
tiempos. Se parecía más al Benzema de siempre. Quizás, y hay que
insistir, no es que Benzema haya enseñado y mejorado a Vinicius con su
magisterio, sino más bien que Vinicius ha mejorado a Benzema. El
Madrid estaba bien puesto, controlaba el juego pero no rompía, y su gol
tuvo que llegar a balón parado. El rechace de un córner lo volvió a
colocar con mimo Kroos para el remate poderoso y en escorzo de Casemiro,
libre entre centrales. El gol cambió poco. La defensa del Girona
se hizo un poco más permeable, sin llegar nunca al desbarajuste, y su
ataque fueron sobre todo resignadas subidas por la izquierda que
acababan en centros algo rifados para Stuani. El Madrid tuvo su
mejor ocasión en el 31, un pase de Odriozola que no llegó a rematar
Benzema. Fue la única fulguración por banda del Madrid, que centro a
Lucas y Asensio para ganar superioridad en la media generando, al final,
una acumulación algo confusa. Controlaba el partido, pero con un juego lento, más bien pesado, a ritmo de Kroos y Casemiro, los mejores del partido. Pero
todo era sólido. El Girona no provocaba peligro alguno y un cierto
tedio se apoderaba del ambiente a esa hora del vermú en que se nota más. Marceo
dio un solitario, melancólico y lejano derechazo al que respondió
Granell con más fuerza e intención, recordando a los presentes que el
partido estaba vivo y demostrado una inquietante libertad para llegar.
No hubo mucho más antes del descanso, y para colmo los últimos minutos
se tramitaron con consultas al VAR excesivamente burocráticas que
paralizaron el partido, a mitad de camino entre la NFL y una obra
abierta en plena calle que contemplasen setenta mil personas. Eusebio
hizo un doble cambio en el descanso. Pons y Porro fuera, Lozano y Aleix
García dentro. El esquema se acercaba a un 4-3-3 más ofensivo. Si en la
primera mitad intentó bloquear las bandas, en la segunda intentaba
poner en peligro a los ofensivos laterales del Madrid. Lo consiguió, sin
que Solari pudiera responder a ese cambio en ningún momento. El Madrid seguía en la misma línea. Sin Vinicius y Modric parecía un mitin. Algo previsible, anodino, planísimo. Quedaba claro que el Madrid último es un Frankenstein cuya electricidad se llama Vinicius. Benzema
falló un remate claro al segundo palo, en el 51, tras un buen pase de
Asensio. Debe decirse porque cuando pudo haber resuelto el partido
falló. Benzema volvió a ser el enemigo del gol. Entró Vinicius en
el 58, pero su efecto fue neutralizado porque inmediatamente marco el
Girona y porque el que se marchó fue Lucas, ahondando más la soledad y
los problemas de Odrizola. En el 59 ya hubo un aviso. Un centro de Portu
por la derecha lo remató Lozano sobre Odriozola, impotente por bajito.
Paró Courtois y remató solo A. García, perdonando. No solo era la ocasión. Granell ya aparecía mucho, controlaba el mediocampo. El Madrid empezaba a ser dominado. En
el 64 llegó el penalti que daría lugar al empate. De nuevo un centro
por la derecha, de nuevo un remate libre, que dio al palo, y también de
nuevo un rechace suelto que Ramos obstaculizó con manos. Vio una
generosa amarilla y Stuani marcó el penalti. Portu había creado
muchos problemas volcado en la derecha, y la tendencia se agravó.
Destrozó a Marcelo y además de a Modric y a Vinicius se echó
intensamente de menos a Reguilón. En el 70 disparó al palo y en el 75
marcó el 1-2: pérdida de Odriozola en el origen, otra parada escupida de
Courtois, y remate llegando de Portu sin el debido cierre de Marcelo. Solari
no respondió en esos minutos de naufragio del Madrid. Optó por la
ofensiva. Entró Bale y luego Mariano y el centro del campo se le
despedazó . A la espalda de Casemiro había auténticos happenings. Vinicius
entró en juego ya muy tarde, con dos jugadas en el 76 y 79, y quedó
solo la épica con envíos largos para Mariano. Pero ni siquiera ese
recurso salió bien y Ramos fue expulsado por una segunda amarilla en un
intento de chilena que casi decapita a Stuani. La más clara
ocasión del Madrid quizás fuera un remate de Courtois, que en el 95
subió a rematar un córner libre de marca. El único libre de marca de la
mañana. El Madrid no quiere la Liga. El Madrid no puede con la Liga. abcLos cambios de Eusebio, sin respuesta