Mérida, Mayo Sábado 02, 2026, 02:21 pm
En un contexto de creciente rivalidad entre países que se disputan el liderazgo mundial, junto con una evidente desintegración del orden multilateral, las llamadas naciones no alineadas enfrentan una disyuntiva. Es decir, los Estados que no participan de manera directa en la confrontación geopolítica, pero sufren las consecuencias de las decisiones que toman las grandes potencias, tradicionalmente son vistos como actores pasivos dentro del orden internacional, pero estas economías tienen en la actualidad la oportunidad de adoptar estrategias proactivas para mitigar los choques externos y avanzar hacia una diplomacia económica estratégica.
En particular, son naciones que deben elegir entre tres
opciones: alineamiento, aquiescencia y mitigación. El alineamiento implica participar
en una lógica binaria entre potencias rivales, ya sea mediante adhesión
explícita o estrategias intermedias como el equilibrio o la cobertura (hedging),
decidiendo por un único frente de batalla. Sin embargo, este enfoque reduce la
autonomía al vincular múltiples dimensiones (comercio, tecnología, seguridad,
entre otras), a una sola postura geopolítica, lo que resulta subóptimo en un
mundo no estrictamente de suma cero. Por su parte, la aquiescencia consiste en
gestos simbólicos de complacencia hacia una potencia dominante, sin compromisos
estratégicos duraderos; es una táctica de corto plazo útil frente a liderazgos
impredecibles, pero insuficiente para construir resiliencia estructural. Y la
tercera opción, la mitigación, representa un enfoque innovador donde se evita
adaptación pasiva de los países a las perturbaciones, y en su lugar busca
transformar sus causas mediante la construcción de nuevos marcos
institucionales basados en coaliciones voluntarias.
Este último enfoque de también se conoce como
multilateralismo pionero (pathfinder multilateralism). Y en este orden la
Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) es un ejemplo notorio, ya
que mediante la centralidad ASEAN ha defendido la autonomía regional frente a
la hegemonía externa. De manera similar, el Acuerdo Integral y Progresista de
Asociación Transpacífico (en inglés CPTPP), reconstruido tras la retirada de
los Estados Unidos en 2017, demuestra que los acuerdos comerciales de alto
nivel pueden prosperar sin liderazgo hegemónico. Incluso la Asociación
Económica Integral Regional (en inglés RCEP), aunque con estándares menos
ambiciosos, muestra cómo la cooperación flexible entre economías diversas (incluidas
China, Japón y Corea del Sur), puede generar bloques comercialmente atractivos
bajo liderazgo regional. Estas iniciativas comparten un rasgo en común, se
basan en reglas mutuamente aceptadas, incentivos compatibles y gobernanza
descentralizada, no en jerarquías de poder.
La mitigación implica un sistema internacional que opera
con menor dependencia de una potencia hegemónica no cooperativa, esto no
implica necesariamente el declive del multilateralismo, sino su
reconfiguración. Aunque la economía global sería más pobre sin la participación
plena de Estados Unidos, China, Rusia o la Unión Europea, la expansión de redes
comerciales y de seguridad entre naciones diferentes puede sostener el
crecimiento económico mundial. La clave reside en priorizar la compatibilidad
de incentivos sobre la lealtad geopolítica, permitiendo que nuevas coaliciones
se formen alrededor de intereses compartidos, no de alianzas forzadas.
Para América Latina, este enfoque ofrece una hoja de ruta
estratégica. La región ha oscilado históricamente entre la dependencia de
potencias extrarregionales y el aislamiento retórico, sin consolidar mecanismos
institucionales propios que le permitan actuar colectivamente. Frente a la competencia
entre EE.UU. y China, la región latinoamericana no debe limitarse a elegir
bando ni a emitir declaraciones simbólicas; debe impulsar formas de mitigación
mediante la reactivación de sus procesos de integración, orientándolos hacia
acuerdos concretos en comercio digital, transición energética y gobernanza
financiera. La integración regional no puede seguir siendo un ideal abstracto,
sino un instrumento práctico de soberanía económica de los países
latinoamericanos.
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