Mérida, Abril Jueves 23, 2026, 10:09 am
MSc. Angel M.
Díaz Muñoz - Divulgador Científico – CIDATA
¿Alguna vez te has preguntado por qué Carnaval y Semana Santa cambian de fecha
cada año? La respuesta no está en los despachos públicos, sino en el cielo
profundo que oculta los secretos de nuestro quehacer diario.
La variación de fechas se
debe a un acuerdo que cumple casi 1.700 años. Se trata del Primer Concilio de
Nicea, convocado por el Emperador Romano Constantino el Grande, celebrado en el
año 325 d.C. En esa época la Iglesia Cristiana tenía un caos de calendarios:
unos celebraban la Pascua (la resurrección de Jesucristo al tercer día de ser
crucificado), siguiendo el calendario hebreo, mientras que otros lo hacían
siempre en domingo, y las fechas variaban drásticamente según la región (Roma,
Antioquia o Alejandría). Constantino, buscando la unidad de su imperio, reunió
a unos 300 obispos provenientes de todo el mundo romano en la ciudad de Nicea
(hoy Iznik, Turquía), para darle solución a esta disparidad.
El debate técnico,
científico y político fue intenso, ya que algunos grupos insistían en celebrar
la Pascua el día 14 del mes de Nisán, sin importar qué día de la semana cayera,
basándose estrictamente en el calendario lunar judío que señala que el Nisán es
el primer mes del año bíblico en el calendario hebreo. La mayoría, sin embargo,
quería que la celebración fuera siempre un domingo, por ser el día de la semana
asociado a la Resurrección. El problema era: ¿en qué domingo?
Finalmente, el Concilio fijó
tres condiciones fundamentales para llegar a un acuerdo:
·
La
Pascua debía celebrarse en domingo, en todo el mundo.
·
Ese
domingo nunca debía coincidir con la Pascua judía (para diferenciar las
festividades).
·
Se
debía utilizar una regla astronómica fija.
Para definir la fecha el
Concilio delegó el cálculo técnico a la Iglesia de Alejandría, porque en ese
siglo Alejandría (Egipto) era la capital científica del mundo y poseía los
mejores astrónomos y matemáticos, capaces de calcular con precisión los ciclos
lunares y el equinoccio. Estos astrónomos establecieron la fórmula que usamos
hoy: la Pascua es el primer domingo
después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera en el
hemisferio norte.
Para que este sistema fuera
relativamente "eterno" y no dependiera de observaciones visuales que
podían fallar por el clima, se desarrollaron tablas matemáticas llamadas
Cómputo Eclesiástico, que armonizaban el ciclo solar (365 días), con el ciclo
lunar (aproximadamente 29.5 días por mes), creando un calendario lunisolar que
permitía predecir las fechas con siglos de antelación.
Como la Luna tiene sus
propios ciclos, la fecha de esa "Luna Pascual" cambia, y con ella, se
mueven todas las fichas del dominó festivo. Una vez que la Luna fija el Domingo
de Resurrección, contamos 46 días hacia atrás y así llegamos al Miércoles de
Ceniza y, por supuesto, a los días de fiesta que lo preceden.
Esta relación astronómica es la que explica, por ejemplo, que el Carnaval de
este 2026 ocurriera entre el 16 y 17 de febrero. ¿Probamos los cálculos?
Equinoccio de Primavera 2026: viernes 20
de marzo (10:46 HLV)
Luna llena luego del Equinoccio:
miércoles 01 de abril (22:12 HLV)
Domingo de Pascua: domingo 05 de abril
Semana Santa: jueves 02 y viernes 03 de
abril
Primer día de Cuaresma: miércoles (de
Ceniza): 18 de febrero
Carnavales: lunes 16 y martes 17 de
febrero
Lo fascinante es que lo que
hoy vemos como una simple tradición de “días feriados” es en realidad la
supervivencia de un decreto imperial de hace 17 siglos que obligó a los
científicos de la época a sentar las bases de cómo medimos el paso del año. Es
la astronomía aplicada a la planificación de nuestras vacaciones y tradiciones.
Es un ejemplo perfecto de
cómo una necesidad organizativa social impulsó el desarrollo de la astronomía
aplicada, algo que desde instituciones como el CIDATA seguimos haciendo:
observar el cielo para darle orden y sentido a nuestra vida en la Tierra.
Créditos imagen referencial: https://www.meteored.com.ar/