Mérida, Junio Jueves 04, 2026, 09:44 pm
En esta oportunidad, me propuse escribir sobre un personaje que vivió ciento cinco años y que tenía una memoria lúcida. Ese era el coronel Antonio Mora Mora, a quien tuve el honor de haberlo conocido y con quien compartí muchas anécdotas. Era un militar íntegro, con una formación envidiable: daba ejemplo en cada paso ya que su educación era tan especial. Su vida transcurrió durante un siglo lleno de luchas y de caudillos. Fue el militar más longevo del país.
El coronel era de Seboruco, la tierra que
lo vio nacer y cuya nobleza nunca olvidó. Fue muy apreciado entre sus seres
queridos y amistades. Se hizo sastre. Hacia hamacas militares, gorras; tenía
toda una destreza en cada punto de hilo. También sabía de electrónica: del sabía
cómo se construía un amplificador, un transmisor para radio. Era un
coleccionista y aficionado.
Antonio Mora Mora nos contaba cómo fue que
llegó a Caracas con su progenitora, y cuánto duraba ese viaje a la capital: nos
decía que más de una semana, pues las carreteras eran de tierra, y habían
llegado los andinos al poder. Decirle a alguien que era de los Andes o del Táchira
podía generar algún conflicto. Eso tal vez le dio oído y narrativas distintas
para abordar la gente; era muy correcto, y tenía un carácter recio que no se
veía en su figura sensata y dulce.
Se distinguía como ese modelo andino por
su educación adquirida en aquellas viejas escuelas con maestras y maestros que
tenían pasión de enseñar, y de ver a sus discípulos hechos profesionales con un
gran porvenir, y con esa formación nacionalista de sentir al país como a la
madre misma. La Venezuela de su tiempo logró forjar una generación a la que le
dolía la patria, y que reconocería el sacrificio de nuestros libertadores.
Estaba muy cerca de la generación del 28, aquellos estudiantes y mártires que
abrazaron la bandera para liberar al país de aquella dictadura que iba dejando
sombras ante tanta persecución, torturas y cárcel.
Cariñosamente, a Antonio Mora Mora sus
familiares más cercanos le decían “Papito”, un coronel que hizo que Seboruco se
sintiera orgulloso de tener el primer profesional de carrera militar. Se sentía
orgulloso de haber sido militar pues tenía un compromiso con la sociedad, y con
ese respeto que profesaba a los civiles. Antonio Mora Mora falleció hace unos
días en Caracas a la edad de ciento cinco años, y fue el militar más longevo. Su
complexión y su temple tachirense lo develaban en cada lugar que llegaba. Un día
recuerdo haber ido con él a la Chevrolet cercana a Las Tapias, “Mérida Motors”,
a preguntar por un vehículo que le gustaba; y al entrevistarse con el gerente, éste
le saludó. Recuerdo que el gerente de la agencia al verlo le dijo: “Usted es tachirense,
militar y hombre de palabra”. Qué manera de conocer a los clientes.
El coronel Antonio Mora Mora era bisabuelo
de mis hijos Arianna Carolina y Orlando Ernesto. Este bisabuelo había enviudado
hace años. Se había casado con Alicia Isabel Llaguno de Mora (Mamita), con
quien procreó seis hijos. Luego de unos años se internó en un asilo que hoy lleva
su nombre. Su madre era Juana Mora, y su padre era Emerenciano Medina de
Seboruco. Se lo trajeron a Caracas a estudiar, y luego de egresar como militar
se casó y estableció su residencia en san Bernardino.
Nació
el 24 de marzo de 1921 en Seboruco, hoy municipio del estado Táchira. Este
homenaje va para el hijo ilustre de esa tierra andina. “La sabiduría no solo se
escribe en libros, se lleva en la mirada de quien ha vivido 105 años”. Su
calidad humana y su rasgo de hombre servicial quedarán como ejemplo para
recordar al coronel de Seboruco Antonio Mora Mora, quien falleció el 29 de mayo
de 2026.
Escribo esto como recuerdo imborrable, por
haber tenido el honor de haberlo conocido.