Oscar Meza ha alertado en reiteradas ocasiones que las familias venezolanas sobreviven gracias a bonos gubernamentales, remesas del exterior y múltiples trabajos informales, ante la ausencia de una política salarial que responda al costo real de la vida.
“Las familias dependen cada vez más de bonos, remesas y trabajos adicionales para poder subsistir”, ha enfatizado Meza en sus declaraciones.
A pesar de anuncios de ajustes en el “ingreso mínimo integral” (que incluyen solo bonificaciones), el salario mínimo base se mantiene inalterado desde hace más de cuatro años, lo que representa uno de los períodos más prolongados de estancamiento salarial en la historia reciente del país.
La Canasta Alimentaria del CENDAS-FVM mide el costo de 60 productos de primera necesidad (cereales, carnes, leche, huevos, frutas, verduras, etc.) para una familia de cinco personas. No incluye transporte, salud, educación ni vivienda, por lo que el gasto real mensual de un hogar supera ampliamente los $785 reportados.
Expertos y organizaciones coinciden en que esta brecha extrema empuja a una parte significativa de la población hacia la pobreza extrema y la inseguridad alimentaria, a pesar de la relativa estabilidad macroeconómica que se pregona desde algunos sectores oficiales.
Mientras las autoridades guardan silencio sobre un ajuste salarial estructural, las familias venezolanas siguen improvisando estrategias de supervivencia en un escenario donde un salario mínimo no alcanza ni para comprar un kilo de carne.
Con información de Efecto Cocuyo

