Mérida, Junio Jueves 18, 2026, 02:37 pm
"Desde mediados del siglo XVII, la teoría del Mare liberum quedó en solo eso, en teoría."
Manuel L. Salmorai.
En 1893, en el archipiélago de Hawái se dio una inusual revolución. Desde entonces, esto originó la pelea de Estados Unidos contra China, a quien siempre ha visto como un rival competidor. Alfred T. Mahan hablaba de la relación de estas islas con aquella incipiente China; hoy, el número de ciudadanos chinos en Hawái es impresionante.
Pero Hawái es el único estado insular y extracontinental de Norteamérica. Admitido el 21 de agosto de 1959, desde entonces órbita a favor de Washington. Su población alcanza un millón y medio de habitantes. Su importancia radica en su ubicación sobre el Pacífico Central, hacia el suroeste de Norteamérica. Comprende ocho islas principales: Niʻihau, Kauaʻi, Oʻahu, Molokaʻi, Lanaʻi, Kahoʻolawe, Maui y Hawáiʻi. Su extensión es de 28.311 km2 (comparable con Armenia, Albania, Israel y El Salvador) y se ubica en Oceanía, ruta entre América y Asia. Su cultura proviene de la raíz polinesia, con influencias de EE. UU., México, Japón, Filipinas y China.
Estados Unidos se vio a sí mismo como el país-guardián para ejercer su influencia geográfica sobre aquellos territorios. Toda la geografía de la periferia comenzó a trabajar a su favor. Mahan advertía que el espíritu político permanecía fiel a Inglaterra, una asimilación imperfecta. Se requería el nacimiento de un Estados Unidos fuerte, sólido e independiente, capaz de conquistar y declarar la guerra a quien quisiese. Todo estaba en los mapas: nuevas áreas de influencia por su navegación.
"Ramón Gutiérrez relaciona a los ingenieros militares que trabajaron en Hispanoamérica durante la segunda mitad del siglo XVIII: 39 en Nueva España, 19 en las Antillas, 8 en América Central, 4 en Panamá, 26 en Venezuela, 10 en Colombia, 7 en Perú-Ecuador, 25 en Chile y 42 en el Virreinato del Río de la Plata." (Juan Bautista, La estrategia española en América durante el siglo de las luces).
Seguir así como lo hizo Roma cuando incorporó la Península completa: eso debían hacer los fueros imperialistas de su gobierno. Las primeras tesis de su libertad se expandieron en principios fundamentales a través de una nueva trayectoria.
El tema del Norte y del Sur en Norteamérica quedó claro como polos opuestos. El Sur: un alboroto de enemistades, grupos separados en formas, maneras e idiosincrasia, una vorágine a la hora de establecer ganancias nacionales. El Norte: la configuración de los Estados de la Unión, concentrando a quienes se parecían en las trayectorias de usanzas afines. Pero con el Norte se podía llegar a la invasión del mar.
Como un joven que se desarrolla, aquel territorio comenzó con linderos en el Atlántico; en su pubertad llegó al Golfo de México; ahora, en su madurez, se instala sobre toda la influencia del Pacífico. Hombres con un régimen político de océanos: la Talasocracia, allí estaba la partida para el control de amplios territorios y la instauración de sus influencias, el mar. Nada podía ser más peligroso que esperarse a no tener una inmensa influencia. Hoy el peligro es mayor; Estados Unidos está abierto a controlar bajo su influencia todas las áreas del mundo.
Pero primeramente todas estas apetencias se materializaron en el control sobre Hawái. La base fueron los términos que hasta hoy se consideran: intereses, política y derechos. Ese pensamiento futuro de bases imperiales se convirtió en presente. Encontramos un mundo no entrenado para una filosofía tan apremiante.
Alfred T. Mahan señalaba la cadena geopolítica de seis naciones: Gibraltar, Malta, Chipre, Egipto, Adén e India. Una cadena desde el Mediterráneo hasta Asia, abierta a la fuerza o a negociaciones políticas. Esa era la prueba de la fuerza en la naturaleza norteamericana.
Rumores como tumores, imprecisos, movidos por la posesión de dos puntos extremos (India y Gibraltar), luego Malta, Adén, Chipre y Egipto, cada paso fue tomado a pesar de las furias de los rivales. Esto enseña que las cadenas geopolíticas son interminables: el control británico sobre el Atlántico con Halifax en Canadá, Bermudas, Santa Lucía, Jamaica era la fortaleza británica sobre el Caribe. Pero lo más importante, lo que no permitirían dejar de lado, era atravesar el Istmo y el lugar escogido fue Panamá.
Por eso la estrategia geopolítica sobre Halifax, capital y ciudad más grande de Nueva Escocia, y el puerto más grandioso de Canadá en la costa atlántica, esto se convirtió en el nacimiento del Caribe Oriental.
Pero ya la aventura europea retrasaba el desarrollo del Pacífico oriental. Su comercio era menor, insatisfactorio, tardío. En sus orillas occidentales, cuando fueron controladas por episodios europeos, ya eran el vértice de economías antiguas como China y Japón, donde los comerciantes exhiben mercancías lujosas y suvenires curiosos con grandes ganancias.
España, tras el control del oro y la plata de México y el incanato de Perú, fue considerada una nación no apta para el comercio, todo por su prolongado reinado en tierras americanas.
Era la América Pacífica la referida a su Océano. De ella se esperaban ganancias, pero no sucedió. Entonces, ejecutaron acciones de colonizar y anexar, estableciendo rutas, mercados y mercadeo de mercaderías. Así como existieron rutas de especies, sal, café y esencias, estas andaban bajo las mismas aspiraciones.
Con esto estaba claro que las costas occidentales comenzaron a ser significativas porque proyectaban los peligros que podrían advertirse y poder navegar por sitios distintos a las rutas establecidas (como el Cabo de Hornos).
Los hombres blancos no podían quedarse con otras rutas peligrosas, pero eran tierras buenas para las siembras. Por eso Hawái tenía una fuerte consideración marítima y militar. No existían razones para que el mismo pueblo no usufructúa sus dominios, igual que lo había hecho la América Británica, la Columbia Británica en el Pacífico nororiental, y Australia y Nueva Zelanda en el suroccidente. Todo comenzaba a ser controlado por Estados Unidos de Norteamérica.
Hasta más pronto…