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Por Arinda Engelke

Frontera Literaria por Arinda Engelke



Frontera Literaria por Arinda Engelke

La palabra como refugio y abrazo solidario

No hay palabras suficientes para contener el dolor que me habita como venezolana ante el sufrimiento que ha caído sobre nuestro pueblo. El terremoto destructivo de este 24 de junio no solo sacudió la tierra; nos ha quebrado el alma. Desde la distancia de Mérida, contemplo con el corazón desgarrado las imágenes de Caracas y La Guaira, pensando en tantos hermanos que hoy amanecen a la intemperie, habiendo perdido en un instante sus techos, sus recuerdos y enfrentando el frío rostro de la muerte. ¡Qué inmensa y sobrecogedora tragedia!

Ante el peso de este silencio, recuerdo una idea fundamental de Albert Camus, quien nos enseñó que ante el dolor colectivo y las grietas del mundo, la única actitud digna es la de la comunión y el rechazo a la indiferencia. Él afirmaba que el esfuerzo del escritor debe centrarse en no ponerse nunca del lado de los que añaden sufrimiento al mundo, sino en consagrar su voz para aliviar, aunque sea un poco, el desamparo de los seres humanos. Su literatura nos recuerda que la verdadera grandeza surge cuando el dolor del otro se convierte en el dolor propio.

Es precisamente por eso que, en momentos de pérdida total, cuando faltan las cosas materiales, la palabra se despoja de cualquier pretensión intelectual. No venimos aquí a hacer literatura como un lujo o un ejercicio estético; venimos a buscarla como un acto de acompañamiento y consuelo mutuo. La palabra se convierte hoy en el único techo que nos queda para resguardar el alma y darnos calor.

La empatía que hoy nos estremece desde los Andes, multiplicada por los corazones de miles de venezolanos, es la fuerza invisible pero indestructible que sostendrá y levantará a quienes hoy lo han perdido todo en la capital y el litoral.

La literatura nos enseña que la palabra que consuela es también la palabra que reconstruye. Cuando el tiempo haya pasado y las heridas comiencen a sanar, la vida volverá a florecer sobre las ruinas. Poco a poco, con el esfuerzo de todos, volveremos a ser felices dentro de cada circunstancia, redescubriendo la alegría en los detalles más sencillos. En ese camino de reconstrucción, los libros volverán a ser nuestro refugio seguro contra la adversidad. Como bien se ha dicho, en los momentos de prueba lo que realmente cuenta es "el valor para continuar", y las páginas de la gran literatura están ahí para recordarnos que la historia humana es, por encima de todo, la historia de nuestra capacidad de persistir y levantarnos.

Que estas líneas sirvan hoy como un abrazo apretado y un testimonio de que, aun en medio del duelo, no están solos.

Gracias a Librería Temas por facilitarnos el material necesario para hacer estas reseñas,