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Por Héctor Alonso López

Tres terremotos marcan mi vida por Héctor Alonso López



Tres terremotos marcan mi vida por Héctor Alonso López

En 1967, estando de gira política por Valle de la Pascua, en el estado Guárico, y acompañando al Dr. Gonzalo Barrios —entonces candidato a la presidencia de la República—, conocí por primera vez lo que significaba un terremoto de magnitud 6,5. Al llegar las noticias desde Caracas, supimos que lo que creíamos un simple movimiento sísmico había causado verdaderos estragos.
Viajaba con nosotros el profesor Rubén Carpio Castillo, a quien le informaron que el edificio donde habitaba con su familia, en Los Palos Grandes, se había derrumbado. Lo acompañó la suerte: su esposa, al saber que él estaría tres días fuera de la capital, había decidido irse por cuenta propia con sus hijos a las playas del litoral.
Por mi parte, yo había dejado a mi tía Delia, con quien vivía, en el apartamento del edificio Galerías, frente a la Basílica de Santa Teresa. Al entrar a la ciudad y ver a todo el mundo durmiendo en las calles, pensé con angustia en cómo la encontraría. Llegué a buscarla y no estaba. En aquel entonces no existían los teléfonos celulares y las redes de la CANTV colapsaron, dejándonos a todos incomunicados. A mi tía la vine a encontrar tres días después, perfectamente resguardada por su mejor amiga.
Hoy vuelvo a vivir otra dramática y triste historia con los recientes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5; movimientos mucho mayores que el de 1967. Me encontraba compartiendo un almuerzo con mi hermano Germán y su familia. Al terminar de comer, justo cuando nos disponíamos a ver el Mundial de Fútbol, repicó en mi teléfono móvil un mensaje con un sonido desconocido que provenía de la alerta de Google. Coincidencialmente, el mismo aviso llegó al teléfono de mi hermano. Ante la duda, nos preguntamos: *¿Es tu teléfono o el mío el que suena?* Al mirarlos simultáneamente, exclamamos: *¡Es un terremoto!*
Bajó toda la familia y nos reencontramos en la calle con los vecinos del edificio Caoba. La historia de 1967 se hizo presente de inmediato en mis recuerdos. Ahora comienza una nueva crónica con dos temblores, uno tras otro, que jamás pensé que me tocaría vivir.
Sé que hoy he sumado tres terremotos en mi memoria. Me pregunto: ¿hasta cuándo tantas tragedias y sufrimientos para mi pueblo? Una nación que, teniendo tantas riquezas materiales, parece condenada a vivir de infelicidad en infelicidad. Ojalá estos sismos nos sirvan para entender que la búsqueda de la felicidad y la unión es la única manera de demostrarnos nuestro verdadero amor por la vida.

Caracas, 25 de junio de 2026.