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Por Juan José Cañas

El Dolor que nos une y el luto eterno de una Nación por Juan José Cañas



El Dolor que nos une y el luto eterno de una Nación por Juan José Cañas

El suelo se movió, y con él, se fracturó el alma de todo un país. Hablar de la tragedia de Vargas no es solo rememorar un desastre natural, es evocar una herida abierta en el corazón de miles de familias venezolanas que, de la noche a la mañana, vieron desaparecer su mundo entero.

Hoy, el luto nacional no es un decreto oficial en un papel, es un sentimiento silencioso que se respira en cada rincón de nuestra tierra.

​La desaparición física de un ser querido deja un vacío imposible de llenar. En este trágico suceso, Venezuela ha perdido a padres, madres, hijos y amigos. Pero también hemos despedido a ciudadanos ejemplares, personas que de una u otra manera eran pilares fundamentales para sus comunidades y para el país.

Su ausencia se siente en las calles que construyeron, en las aulas donde enseñaron y en los hogares que con tanto amor levantaron. Perderlos es perder un pedazo de nuestra propia identidad.

​En medio de la devastación, la realidad nos ha golpeado con una dualidad desgarradora. Por un lado, la inmensa tristeza por las vidas que lastimosamente se apagaron bajo el barro y las rocas; por el otro, la luz de la esperanza encendida por aquellos que fueron rescatados de entre los escombros.

Esos rescates, logrados gracias al heroísmo de los cuerpos de auxilio y de ciudadanos comunes que se vistieron de héroes, nos recuerdan la resiliencia de nuestro pueblo. Cada vida salvada fue un milagro que nos dio fuerzas para seguir respirando en medio de la asfixia del dolor.

​El luto que hoy albergamos los venezolanos no debe ser sinónimo de olvido o de resignación. Debe ser un espacio para la memoria, el respeto y la solidaridad. Acompañar a las familias que hoy lloran a sus ausentes es un deber moral de toda la nación.

Que este dolor compartido nos sirva para abrazarnos más fuerte como sociedad, para exigir mayor prevención y, sobre todo, para asegurarnos de que la memoria de cada persona que perdió la vida en Vargas permanezca viva en el esfuerzo diario por reconstruir nuestro país.